Crónicas de quienes dan sin esperar

“Ser voluntario es sentir bronca, pero a la vez alegría y esperanza”

#SerVoluntario

Donar un poco de tiempo puede cambiar la vida de otra persona, o de miles. En organizaciones sociales, escuelas u hospitales, cada vez hay más jóvenes que deciden hacerse un rato para ayudar. ¿Qué los motiva?

Camila San Martín tenía quince años cuando decidió que quería ser voluntaria. No importaba dónde, todo lo que pensaba es que tenía tiempo y ganas, muchas, de ayudar a los demás. Fue entonces cuando se topó en la escuela con un programa de voluntariado para visitar pacientes y familiares del área de pediatría del Hospital Gutiérrez. “Pasar el rato con ellos, hacerlos reír, les podía cambiar el día y eso me encantaba, me hacía bien”, dice hoy.Voluntarios

Poco tiempo después se sumó también al equipo de voluntarios de Greenpeace. “Allí pude encontrar ese lugar donde conocí personas con las que comparto las ganas de querer ayudar a cuidar nuestro medio ambiente por medio de acciones concretas”, cuenta. Hace ya tres años que participa en este espacio. Todavía se emociona cada vez que sale con el equipo para hacer acciones en la vía pública, como juntar firmas, y las personas con las que hablan se suman y comprometen.

Belén Jantus dice que ya ni se acuerda cuándo se convirtió en voluntaria. “Desde muy chiquita en mi familia me inculcaron el dar, así que siempre que puedo estoy en una o más fundaciones aportando mi granito de arena”.

Hoy participa en dos espacios desde hace ya cuatro años. Una es una organización que con su familia fundaron cuando su hermana menor falleció de cáncer hace ya siete años. De la tragedia sacaron la fuerza para dar forma a Mi ángel rosita, institución que trabaja para ayudar a una escuela en Chaco. Pero Belén también colabora con Nexo solidario, organización que busca conectar hogares, hospitales y comedores con personas que quieren colaborar.

“Explicar lo que más me gusta de ser voluntaria es complicado, es una sensación de tener el alma llena de amor cada vez que terminamos una actividad o que enviamos al Chaco una caja llena de cosas para nuestros ahijados”, dice Belén.

“Ser justo es entender que todos somos diferentes, que todos necesitamos cosas diferentes y que siempre hay otro que necesita lo que yo tengo”.

Gastón Paquiri es publicista y decidió ser voluntario hace poco. Sentía que necesitaba hacer algo más por lo demás, algo que el trabajo no le permitía. Llenó formularios en sitios de ONG, buscó, esperó respuestas que no llegaban hasta que finalmente se sumó a Manos que ayudan. “Lo que más me gusta es la actitud y la energía que tienen las personas que participan de estas organizaciones, así como el hecho de conocer un poco las historias de la gente que está en una situación muy diferente a la nuestra, y su agradecimiento constante también es reconfortante”.

Paula Romero es voluntaria de TECHO y dice que nunca se va a olvidar de la primera construcción en la que participó. “Llovió y hacía frío y al terminar el fin de semana yo sabía que volvía a mi casa y podía darme una ducha voluntarios2calentita y dormir tranquila, pero que Ruth y sus hijos (con quienes construí en esa oportunidad) que habían trabajado a la par con nosotros, no iba a poder hacer lo mismo”, recuerda hoy. Ese momento la marcó para siempre y desde entonces no paró.

“Ser voluntaria es sentir bronca, injusticia, pero a la vez alegría y esperanza. Es bronca por ver a miles de familias viviendo con sus derechos vulnerados, pero que trabajan todo el tiempo para cambiar la situación en la que viven. Es alegría y esperanza porque sabemos que trabajando juntos, se puede cambiar esa situación”, dice. “Justo es que todos tengamos las mismas oportunidades, sin importar donde hayamos nacido”.