Con la premisa de “devolverle a la sociedad lo que nos dio a través de la universidad pública”, un grupo de jóvenes mendocinos desarrolló un dispositivo que facilita la comunicación de personas con discapacidades motoras.

Cuando la tecnología se pone al servicio de las necesidades de quienes más lo necesitan, su calidad de vida mejora exponencialmente. Este camino es justamente el que emprendió un grupo de jóvenes mendocinos al crear Pupilink, una herramienta de comunicación para personas con discapacidad motora.

Foto: Pupilink
Pupilink

Francisco Oliva vive en la ciudad de San José, en Guaymallén (Mendoza), y estudió ingeniería en sistemas en la sede provincial de la Universidad Tecnológica Nacional. Al momento de pensar qué proponer para su tesis, decidió generar un proyecto con impacto social. “Con mis compañeros estábamos pensando en la tesis y veíamos que todos hacían sistemas de administración para empresas. Así que nos empezamos a mover sabiendo que estaba esta tecnología y encontramos que brindaría soluciones para mucha gente”, dice el inventor de Pupilink.

En concreto, se trata de una aplicación móvil para celulares y tabletas para personas que, por alguna discapacidad, tienen motricidad reducida y dificultades para comunicarse oralmente pero sí lo pueden hacer con el movimiento de sus ojos. Pupilink permite seguir con la cámara del dispositivo el desplazamiento de las pupilas para seleccionar pictogramas y armar secuencias de imágenes o frases que expresen ideas y deseos.

Cuando concluyó su carrera, cuenta Francisco, el proyecto continuó creciendo con pasantías dentro de la misma universidad hasta que consiguieron el financiamiento estatal a través del Fondo Fiduciario de Promoción de la Industria del Software (FONSOFT), del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación. “Eso nos permitió unirnos y asociarnos con un equipo multidisciplinario para desarrollar la aplicación. Contamos, por ejemplo, con un médico y una fonoaudióloga”.

Además de ofrecer una alternativa tecnológica de calidad para que muchas personas se comuniquen, Pupilink tiene un fin social y por eso la piensan como una aplicación gratuita: “El viaje motivador de todo esto es el impacto social y devolverle a la sociedad lo que me dio a través de la universidad pública”, admite Oliva.

Sebastián Arbona, el líder técnico de Pupulink, explica que el proyecto se basa en la filosofía de Empresas B, que nacen para hacer el bien y tienen valor por su fuerte compromiso social, ambiental y cultural. “Por eso, buscamos modelos de negocio sustentables y que el 90 por ciento del esfuerzo esté en hacer cada vez más mejoras y generar más impacto social. Este es el marco en el que trabajamos”.

Foto: Pupilink
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Según Alicia García Zamora, fonoaudióloga que además atiende en centros de rehabilitación con niños y adolescentes con discapacidad motora y necesidades complejas de comunicación, se acercó a Pupilinik porque “en Argentina hay tecnologías similares pero son difíciles de conseguir, son muy costosas y las obras sociales ponen trabas para financiarlas”.

Al conocer de cerca las dificultades y necesidades terapéuticas de la población con movilidad y habla reducida, Alicia concluye que el beneficio de la aplicación es enorme para garantizar derechos tan básicos como expresarse, jugar y leer. “Que un niño se pueda comunicar sin un facilitador y que pueda seleccionar lo que quiere con la mirada, le abre sus posibilidades comunicativas y de participación. Es algo inmenso”.

En base al plan de trabajo acordado al recibir el dinero del FONSOFT, los desarrolladores creen que en medio año tendrán lista una aplicación comercializable. Ahora, comenta Arbona, están investigando tecnologías de inteligencia artificial y redes neuronales para conseguir el principal desafío: un reconocimiento facial de calidad a través de la cámara incorporada al dispositivo electrónico.

“Los usuarios tienen movimientos involuntarios o condiciones adversas de luz y de cámaras que son variables y hay que tenerlas en cuenta para mejorar la tecnología y que ese reconocimiento sea de calidad”.

Una vez superada esta etapa, cuentan, habrá una evaluación con los expertos en salud para determinar si la herramienta funciona correctamente y logra suplir las dificultades de personas con discapacidad.

Oliva reconoce que la experiencia en el mundo de la discapacidad lo entusiasma para continuar en el mismo trayecto. “Le estoy escapando a caer en lo empresarial porque aunque se cobra alto, a uno no le queda nada. Por eso la idea es sacar adelante esta aplicación, para que Pupilink sea una realidad para mucha gente. Queremos que tenga impacto social y ayude a quienes más lo necesitan”.

Foto: Pupilink
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