Una red de solidaridad con dos décadas de trabajo

Profesionales de distintas disciplinas intervienen en la realidad social de comunidades vulnerables del Chaco Salteño para asistirlos. Programa de alfabetización, informática y becas se intercalan en sus 20 años de historia.

Con la idea de tender un puente entre quienes más lo necesitan y quienes pueden ayudar, la fundación Redes Solidarias asiste desde 1996 a integrantes de comunidades del Chaco Salteño. Se trata de una red de profesionales de diferentes disciplinas sociales autoconvocados en la casa del sociólogo José Enrique Miguens. El objetivo entonces y ahora es aportar algo para mejorar las condiciones de los más vulnerables.

“Nació la idea de conformar una red de ayuda para atender diferentes problemáticas sociales”, recuerda Mercedes Avellaneda de Bocca, tesorera y coordinadora general de la fundación. 20 años después, lo que comenzó con un programa de radio que canalizaba necesidades se transformó en una red que ayuda a las comunidades aborígenes del chaco salteño.

Programa de alfabetización, informática y becas, son solo algunos de los aspectos en los que se plasma la suma de voluntades para hacer del mundo un lugar mejor.

En paralelo al programa de radio, empezaron los viajes a Misión La Paz, llevando donaciones a esta comunidad prácticamente aislada y castigada por los desbordes del Rio Pilcomayo. Año tras año, los viajes se repetían. A fines de la década de 1990 un grupo de 25 familias se separó de Misión Las Paz por grandes disidencias con el nuevo cacique.

“La Fundación colaboró desde un primer momento con la nueva comunidad La Estrella, que se construyó limpiando el monte unos pocos kilómetros antes de llegar a Misión La Paz”, explica Mercedes.

Entre la comunidad y Redes se empezó a construir el anexo escolar que pronto fue sumando más aulas y se transformó con el tiempo en una escuela primaria con todos los grados. Trabajaron en la perforación para abastecer de agua a todos primero y luego en otra más profunda para regar la huerta comunitaria. Apoyaron el cultivo y producción de pimentón ahumado y de harina de algarroba. Armaron un comedor y un galpón comunitario, la casa de las mujeres, el comedor escolar. Equiparon una biblioteca y la enfermería a cargo del agente sanitario.

Alfabetización y asistecia alimentaria, pilares de su labor social
Alfabetización y asistecia alimentaria, pilares de su labor social

En 2009 la creciente del Pilcomayo hizo que el terreno donde estaba la comunidad comenzara a desmoronarse. La gente se tuvo que evacuar. “El traslado a 4 kilómetros del río y habiéndolo perdido todo, fue muy traumático para todos los pobladores, asentados sobre el borde de la ruta en un nuevo lugar, sin agua, sin luz, sin escuela”, recuerda Mercedes. “Lo único que pudieron llevarse fue sus pertenencias y los postes con los cuales habían hecho sus casas”, relata. Ese año significó un “volver a empezar para todos”, resume.

Tras repetir los esfuerzos de los primeros tiempos dieron forma a la comunidad y con la llegada de la luz se llevaron las primeras computadoras. Actualmente “en alianza con el Ministerio de Educación de Salta se dan los programas en cinco escuelas, capacitando a maestros y acercando cuadernillos didácticos y computadores. El año pasado se formaron más de 700 chicos en nuestro programa que alcanza todos los niveles de la primaria”, cuenta orgullosa.

“Las comunidades nos enseñaron y nos fueron guiando. Pudimos mantener el compromiso en el tiempo y aprender de todos nuestros errores para mejorar en el día a día y ser más útiles a los demás”, concluye.

“Las comunidades nos enseñaron y nos fueron guiando.”

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