Con la premisa de “Un libro al precio de un kilo de pan” se creó la editorial para hacer accesible los libros para todos. Una muestra en la Biblioteca Nacional permite ver cómo funcionó esta “fábrica de cultura”, a cincuenta años de su creación.

Fue el más grande proyecto de promoción de la lectura que tuvo la Argentina. Se había presentado con el eslogan “Más libros para más”. Los números lo demuestran: en treinta años de existencia publicó 79 colecciones, unos cinco mil títulos, a razón de un libro por día en promedio. No hubiera existido el Centro Editor de América Latina (CEAL), del que se cumplen cincuenta años de su creación, sin el impulso y gerenciamiento de Boris Spivacow. El sello funcionó hasta 1995, un año después de la muerte de su gestor. “El Centro publicaba para vender y vendía para comer y, a la vez, producían libros porque los consideraban una necesidad alimentaria básica”, escribe la periodista Judith Gociol en una nota sobre el tema, publicada en la revista Cuaderno de la Biblioteca Nacional. Gociol además es biógrafa de Spivacow y curadora de la muestra “Una fábrica de cultura” que, hasta agosto, se puede ver en el Museo del Libro y de la Lengua.

A Spivacow le fascinaba la lectura desde chico. Era un asiduo visitante de las bibliotecas de la Casa del Pueblo y la del Maestro. Estudió la licenciatura en Matemáticas en la UBA. En la universidad ingresó en la “Fede”, la Federación Juvenil Comunista. Una vez recibido, se dedicó a dar clases de matemáticas, pero también de castellano. Tiempo después, ayudó a la fundación de la Editorial Abril. Se convirtió entonces en un referente en temas de idioma. Fue empleado de Abril hasta 1958: estuvo a cargo de la sección de libros infantiles. Ese mismo año se hizo cargo de Eudeba, la editorial de la UBA, donde estuvo hasta 1966, cuando creó el CEAL.

Durante el primer año de vida, el CEAL puso en circulación trece colecciones. “Abarcaban textos clásicos ilustrados; de escritores argentinos vivos y latinoamericanos contemporáneos; teoría y crítica literaria; arte, ciencia o la cultura de las diferentes regiones del país, así como dos series con las que probó la venta en quioscos: Capítulo. La historia de la literatura argentina, fascículos semanales complementados con un libro, y Cuentos de Polidoro, dirigida al público infantil, que resultaron un éxito inmediato”, contó Gociol.

BorisSpivacow_02Ediciones innovadoras

Las tiradas iniciales no bajaban de los 20 mil ejemplares. Muchas series estaban compuestas por 100 títulos y algunas superaron los 400. Gociol destaca que funcionó bajo el impulso de tres personas: de Spivacow, claro, como voz editorial; del gran conocedor de literatura Horacio Achával, que le aportó letra;  y del diseñador y jefe de arte Oscar Díaz, que dio cara y cuerpo al proyecto. También fueron parte, entre otros, Beatriz Sarlo, Aníbal Ford, Graciela Montes, Susana Zanetti y Jorge Lafforgue.

“El funcionamiento era más parecido al de una redacción periodística que al de un sello editorial convencional. Fijas, deben haber sido por lo menos cincuenta personas en los momentos de mayor esplendor. En general, todos hacían un poco de todo, bajo la estricta injerencia de Spivacow a quien no se le pasaba ni el más mínimo detalle”, dice Gociol.

Las ganancias de las colecciones que vendían mucho se usaban para financiar otras que no eran tan exitosas. Las temáticas de las colecciones era también novedosas para la época: la historia vista desde la vida cotidiana; la geografía pensada en su contexto social cultural y político; la teoría y crítica sobre temas por entonces considerados marginales como el humor, la historieta, el folletín; géneros como el policial, la ciencia ficción y el terror; la difusión de la fotografía y de las artes plásticas.

BorisSpivacow_01Contra las dictaduras

Sus libros, colecciones y escritores fueron sistemáticamente perseguidos por las dictaduras militares. En 1969 la dictadura de Juan Carlos Onganía prohibió la circulación de la serie Siglomundo. La historia documental del siglo XX, por considerar que tenía “contenido de propaganda comunista”. En 1974 la Triple A secuestró y asesinó a Daniel Luaces, trabajador del CEAL, luego de que votó en una asamblea estudiantil contra la gestión del que era entonces interventor de la UBA, Alberto Ottalagano. Ya a partir de 1976, con el golpe, era común que grupos comandos pusieran bombas en la editorial.

En 1978 el Ministerio de Educación publicó la lista de libros prohibidos para uso, tenencia y/o recomendación de los libros que se incluían en la lista. Entre ellos figuraba la colección Historia presente, del CEAL. A fin de ese año la policía allanó y clausuró los depósitos que alquilaban en Avellaneda. A Spivacow también le iniciaron un proceso judicial por “publicación y venta de material subversivo”. El epílogo de la persecución sucedió dos años después, en 1980, cuando un juez dictaminó que debía quemarse el “material cuestionable” de la editorial. Un millón y medio de ejemplares fueron incinerados en un baldío de la localidad de Sarandí. La orden judicial obligó a Spivacow a estar presente durante la quema.

La muestra

La exposición retoma un proyecto iniciado por la Biblioteca Nacional en 2006,  cuando se bautizó a una de las dos plazas que ladean su edificio con el nombre de José Boris Spivacow. Se intenta reconstruir los procesos de elaboración, redacción, diseño, corrección e impresión de los libros y fascículos del CEAL con la idea de dilucidar cómo se gestó cotidianamente esa añosa fábrica de cultura.

Gracias a la generosidad de los donantes, la Biblioteca incorporó a su patrimonio unos 6000 ejemplares de libros y fascículos, actualmente inventariados, catalogados y puestos a disposición de los lectores. Fueron tomadas más de sesenta entrevistas y se reunieron fotos, cartas, artículos periodísticos, afiches, posters, expedientes judiciales, catálogos y hasta chapas de impresión. Estos materiales –junto a varios que se sumaron para esta oportunidad– sirvieron de base para esta nueva muestra a medio siglo del primer año de vida del Centro.

 

Dato Útil:

Museo del Libro y de la Lengua, Las Heras 255. Horario: de 14 a 19. Hasta el 31 de agosto.