Será el partido de fútbol más alto jamás jugado, en el volcán africano que tiene casi seis mil metros de altura. Habrá 28 jugadoras de todo el mundo. Una de ellas es Josefina Martorell. El objetivo es promover la equidad en el deporte.

En 2011, después de volver de Barcelona, adonde había ido a hacer una maestría en Relaciones Internacionales, Josefina Martorell tuvo un clic: decidió que se alejaría de su trabajo como economista en la banca financiera para dedicarse al trabajo humanitario. “Quería trabajar en organizaciones que me llenaran de orgullo, y tuve la suerte de poder hacerlo por cinco años”, dice. Formó parte de Médicos Sin Frontera y luego en la Cruz Roja Internacional. Hoy el desafío es otro: mañana partirá hacia África a jugar un partido de fútbol, su otra pasión, en la cima del volcán Kilimanjaro, a casi seis mil metros de altura. No será la única: habrá mujeres de 28 países. El motivo: promover la equidad de género en el deporte, una iniciativa del movimiento “Equal Playing Field”.

“Me contactaron el año pasado para ser parte de este proyecto: subir al pico más alto de África ­-5895 metros- y jugar un partido de fútbol femenino”, cuenta Josefina, antes de partir. Decidió participar porque el objetivo es concientizar a la sociedad sobre la inequidad de género en el deporte, “pero también en muchos otros aspectos de nuestra vida”, agrega. Y dice que se busca además romper un record Guinness, porque será el partido de fútbol jugado a mayor altura en la historia.

El primer punto del viaje es Dar es Salam, capital de Tanzania, y de allí al aeropuerto del Kilimanjaro. El domingo 18 comenzarán los siete días de ascenso, que culminarán cuando lleguen a la cima y jueguen el partido: veintidós mujeres, 90 minutos de juego con arbitraje de la FIFA.

“Las dificultades que enfrentaremos vendrán del subir una montaña para cumplir nuestro objetivo. Falta de aire, el subir una pendiente empinada, el frío, el calor en otros momentos. Es un símbolo de todos los obstáculos a los que nos enfrentamos las mujeres todos los días: hay sociedades que aún creen que las mujeres tienen que quedarse en sus casas, con sus familias, maridos e hijos”, explica Josefina.

“En Argentina Ya no se ve tanto, pero hay chicas de Afganistán, Jordania, Emiratos Arabes o Líbano, donde las mujeres suelen ser relegadas al hogar y muchas veces no se las deja practicar ningún tipo de deporte, ni hablar del fútbol”.

martorell2Sobre las dificultades que viven muchas mujeres en muchos países, Josefina recuerda una anécdota sobre cuando estuvo trabajando en Afganistán, entre 2014 y 2015: “Jugaba al fútbol en un equipo femenino. Se nos reservaba dos horas a la semana en un gimnasio cerrado donde por ese tiempo no podían entrar hombres. Las que jugaban conmigo eran todas niñas menores de 18 años. Porque luego se casan y los maridos no les permiten seguir practicando deportes. Quiero poner mi granito de arena para cambiar eso.”

Una vida solidaria

Josefina tiene 34 años. Dice que no recuerda cuando nació su espíritu solidario. “Desde que soy muy chica, me producían un sabor amargo las injusticias y grandes inequidades sociales y económicas. Me dolía el pecho, no podía dejar de pensar en eso. Y me sigue pasando. Afortunadamente, no tuve que dejar mi carrera como economista, sino que pude enfocarla hacia otros lugares”, explica.

Los años en Médicos sin Frontera y la Cruz Roja fueron muy duros. “Fueron años de trabajo en condiciones muchas veces duras, lejos de la familia y amigos y viviendo situaciones sociales complicadas: emergencias humanitarias, hambrunas, epidemias y conflictos armados varios. Sin embargo, me quedaron los recuerdos más lindos de ese tiempo en el terreno y muchas veces extraño mucho ese tipo de vida”, dice.

equalfutbol3Militante del fútbol

La pasión por el fútbol no es nueva, lo practica desde los 4 o 5 años. Hoy juega varias veces por semana, de manera recreativa. Cuando era más chica jugó un tiempo en River y también en Excursionistas. “Juego desde que recuerdo, mi relación con el fútbol fue siempre bastante cercana, si bien en algún tiempo me costaba practicarlo porque me decían que no era un deporte para mujeres. En ese entonces me daba un poco de vergüenza jugarlo en público”, confiesa. Con el tiempo eso cambió: “Fui venciendo esa vergüenza, y por otro lado el fútbol femenino se fue popularizando, así que en la universidad volví a practicarlo de forma cada vez más habitual”.

También es parte de la agrupación Fútbol Militante. “Somos un grupo de mujeres a las que nos gusta mucho jugar al fútbol, y que ocupamos el espacio público de noche: entrenamos en Parque Los Andes todos los martes por la noche. Nos parece importantísimo que las mujeres que jugamos fútbol lo hagamos juntas.Queremos visibilizar a las mujeres practicando deportes en espacios públicos, que son lugares habitualmente ocupados por varones”, detalla.

A la vuelta, Josefina ya tiene planes. “Quiero hacer clínicas de fútbol con organizaciones de futbol femenino. Así que vamos a estar realizando esa actividad en la cancha 5 de la Villa 31 con chicas de la agrupación La Nuestra, que hacen un gran trabajo”.

Para ayudar

La organización Equal Playing Field se hace cargo de parte de los gastos a cada participante. Sin embargo, en la medida de sus posibilidades, se le pide hacer un aporte. Por eso se creó una web para los que quieran y puedan colaborar con el proyecto. A Josefina también le hacen falta elementos de montaña como bolsa de dormir, bastones, pantalones, etcétera. Se la puede contactar en martorell.josefina@gmail.com