El jurado está concebido como la voz de la ciudadanía en un proceso judicial. El primer juicio por jurados realizado en territorio bonaerense tuvo como presidente a Andrés. Su experiencia en primera persona.

El juicio por jurados tiene antecedentes en nueve países, y ya se realizaron casi juicios 400 en el país, pero rige sólo en tres provincias.

Patrick Haar
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Son doce personas repartidas en mitades entre varones y mujeres. En este estreno en la provincia de Buenos Aires hubo jubilados, científicos, un pedicuro, docentes y comerciantes como Andrés, el locuaz presidente elegido por sus pares por tener el valor de ponerle voz a la decisión de la ciudadanía.

El vidriero independiente, como él se define, vivió una experiencia que nunca olvidará. Fue la voz del pueblo en la causa sobre la muerte de Gabriel Armella.

Relata con detalles, como si hubiese hecho un esfuerzo por grabar cada uno en la memoria y resalta el momento de entrar al recinto a leer el veredicto del jurado. “Tenía una mochila enorme, había mucha expectativa para ver qué decía. Cuando terminé de leer, vi a la madre del acusado tirada en el piso llorando y al juez emocionado, no pude más. Me contuve hasta llegar a lo de mi mamá y, ahí sí, lloré media hora”.

Ser jurado es un proceso de preselección de 48 personas que son elegidas por sorteo para cada juicio. Es una carga pública remunerada y los elegidos deben dar su opinión sobre el caso tras valorar las pruebas mostradas en el debate oral.

“Al principio me generó incertidumbre la experiencia pero me gustó mucho”, explicó el hombre de 35 años.

Patrick Haar
Entrevista a Andres, vidriero y presidente del jurado del primer juicio por jurados en Buenos Aires. Tribunal Criminal N° 5 de San Martín. 12 ciudadanos comunes absolvieron a un joven acusado de haber asesinado a su ex cuñado en 2014.
Andrés en Tribunales de San Martín.

El hombre de José León Suárez  dijo que hubo una relación cordial con el juez de la causa, Francisco Pont Vergés. Señaló que “nos dio toda la libertad para que decidamos tranquilos. En ningún momento nos apuntó que decir, pero sí nos guió en lo estrictamente jurídico. La verdad es que yo no confiaba en la Justicia, pero en este caso fue todo muy limpio y cuidado”.

El fallo fue unánime.  Para todos los integrantes del pueblo representado en el sistema judicial, Guillermo Alberto Barros, acusado de matar de un balazo a Gabriel Armella en enero de 2014 en medio de una pelea, no era culpable.

Hubo dos detalles que le sorprendieron de las personas involucradas en la causa. Primero, que la familia de Armella no había aparecido nunca.  En tanto, sobre Barros, contó que lo vio resignado a ir a prisión, frío como un hielo y así se mostró ante el Tribunal Oral 5 de San Martín.

Patrick Haar

Andrés, que está obligado a preservar su apellido por la función que cumplió, confesó que conforme avanzó en su misión, cambió sus impresiones. Primero juzgó distinto al acusado, por “portación de cara”, pero que “el último día no tenía ninguna duda, no era culpable. Estoy seguro”.

Y Andrés explicó cómo llegó a esa conclusión: “Para los jurados no fue un asesinato como planteaba la fiscal. La opinión del perito balístico fue clave. Creemos que fue en defensa propia. Nos dimos cuenta de que la persona que estuvo un año presa esperando el juicio, era un laburante y no un violento. Tuve mucha presión por no fallar, siento que hicimos justicia”, afirma. Luego abandona los rasgos prestados de Sherlock Holmes y vuelve a los propios, acaso modificados por esta experiencia.