Otra testigo dijo que firmó actas bajo “presión”

Miriam Salinas tenía trato con la esposa de Telleldín. Declaró que casi un año después del atentado, el ex juez Galeano la presionó para presentarse en la causa como testigo reservada.

Con dos declaraciones testimoniales se llevó a cabo una nueva audiencia del juicio donde se persigue elucidar si trece imputados incurrieron en el delito de encubrimiento en el marco la investigación del atentado a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994.

Quien declaró primero -tras la controversia suscitada en torno a este testimonio la audiencia anterior- fue Miriam Salinas, allegada a la familia de Carlos Telleldín desde antes del atentado. Según contó, era amiga y confidente de Ana María Boragni, entonces pareja de Telleldín, imputada junto a él en este juicio. “Con Carlos perdimos amistad mucho antes del atentado porque quiso estafarnos pero seguí en contacto con Ana”, explicó.

El día del ataque a la mutual judía, recordó la testigo, se encontraba junto a Boragni: “Ella dijo que El Enano (por el reducidor de autos) estaba tirado en la cama gritando que lo habían cagado”. Esos dichos referían a la camioneta que él había vendido días antes y fue detonada frente a la AMIA.

“Nunca supe a quién se la había vendido y de hecho en ese momento no le creímos porque Telleldín siempre mentía”, aclaró.

La detención

Más de un año después de ese episodio, en octubre de 1995, “cientos de policías y hombres de traje” ingresaron a la casa de Salinas y su marido Pablo Ibáñez (quien declaró la semana pasada), “revolvieron todo y detuvieron a Pablo. Lo tenían tirado y le pegaban”, contó.

Como Salinas salió corriendo tras el patrullero, un efectivo se la llevó detenida sin orden de arresto. “Me enteré que estaba detenida recién en la comisaría de José C Paz. Me pidieron datos sobre AMIA pero no sabía nada. Después me llevaron a una unidad de mujeres donde pasé dos días y de ahí al juzgado”, describió.

Ya en Tribunales, tras haber pasado la noche en la alcaidía, la recibió el entonces juez Juan José Galeano, quien la trató muy mal y le advirtió que debía firmar ciertas actas para poder irse en libertad, según recordó Salinas. Una de las propuestas del exmagistrado fue que declarase -con un sobreseimiento no firme- como testigo de identidad reservada, algo que también aceptó sin saber realmente de qué se trataba y por consejo de su abogado Gustavo Semorile que se encontraba presente.

“Firmé sin leer todo lo que me dieron. Estaba presionada porque mi marido quedaba preso acusado por la AMIA”, afirmó, y aclaró que mucho tiempo después se dio cuenta que Semorile “estaba con ellos”.

A su vez recordó que una de sus tantas declaraciones le fue leída por el entonces fiscal José Barbaccia (hoy imputado) y que “estaba lo que yo había dicho pero habían agregado cosas. Contado así, parecía explicar hasta cómo explotó la bomba. Me quedé helada”

Por otro lado, Salinas mencionó que cuando se estaba yendo tras dos días detenida en Tribunales, le pidieron que permitiera la instalación de cámaras ocultas en su vivienda para poder filmar a Ana Boragni o algún otro allegado a Telleldín, vinculado con la causa.

Por último, los abogados le preguntaron por qué en sus declaraciones testimoniales, tanto en la del juicio oral por el atentado (2001-2004) como en la del ‘jury’ de enjuiciamiento a Galeano (2005), había omitido hablar de las presiones y condiciones de detención que menciona ahora.

“Evité hablar del juez y fiscales, como lo estoy haciendo ahora, por la presión”, aclaró y siguió explicando que su entonces amigo y abogado, Semorile, le había recomendado previo a cada declaración “mejor no recordar. Además, Galeano es juez y no conviene tirarse contra él”.

El mecánico “no recuerda” nada

El testimonio de Salinas duró cuatro horas y le siguió el de Guillermo Cotoras, un mecánico que trabajaba con Telleldín en la época del atentado, quien colocó el motor en la camioneta que explotó en la mutual judía. Por esa razón Cotoras está aún imputado en la causa AMIA principal.

Su testimonio duró poco ya que contestó “no me acuerdo” a todo lo que los abogados le preguntaron en relación a presiones que hubiera recibido para cambiar drásticamente su declaración en 1996, sorpresivamente tras el pago con fondos reservados de Inteligencia a Telleldín.

En ese entonces, Cotoras declaró -a diferencia de sus presentaciones anteriores- que Telleldín le había entregado la Trafic a policías bonaerenses. Sobre el final, le pidieron que reconozca su firma en las actas de la causa y dudó sobre varias de ellas.

Por ese motivo las partes pidieron un peritaje caligráfico. El juicio continúa el próximo jueves con más testimonios de allegados a Telleldín.