Así como se dice que la libertad de uno termina donde empiezan los derechos de los demás, podría decirse también que la libertad de criticar llega hasta donde se empieza a lastimar a otro. Pero tratándose de un límite tan subjetivo, ¿existe legislación al respecto? 

En una era en la que Internet y la explosión de las redes sociales han democratizado no sólo el acceso a la información sino también la posibilidad de que cualquiera se convierta -desde la impunidad que da estar detrás de una pantalla con una pseudo identidad- en críticos de absolutamente todo.

Semejante poder debe conllevar una gran responsabilidad. Y aunque en algunos casos los comentarios con criterio de usuarios o clientes nos ayudan a elegir qué proveedor de Internet contratar o en qué restaurante o teatro depositar nuestro dinero a cambio de una salida placentera, muchas veces esas críticas pueden volverse exageradas y hasta provocar perjuicios a quien se crítica.

¿Cuál es el límite entonces? Es una nota GIARDINOpublicada por Derechoenzapatillas.org en julio de 2014, se cuenta el caso de Il Giardino, un restaurante de la costa francesa, en un pueblito llamado Cap Ferret. Una mujer escribió en su blog, luego de haberlo visitado: “El sitio que hay que evitar en Cap Ferret: Il Giardino”. En poco tiempo el blog se posicionó en los primeros lugares de búsqueda de Google de restaurantes de la zona, lo que afectó a Il Giardino. Los clientes disminuyeron, los dueños dijeron que “el artículo era más un insulto general que una crítica razonada”, y eso es algo que no podíamos aceptar, por lo que demandaron a la autora del texto. Tiempo después, un juez multó a la ácida crítica con 1.500 euros.

Sea en Europa o en Argentina, hay un límite que hace que la libre expresión no sea tan libre. Y cada caso depende del criterio del juez que decida en cada demanda. En Argentina, si una persona se considera agraviada o que su buen nombre y honor están siendo vulnerados por alguien a través de redes sociales, blogs o emails, tiene la opción de recurrir a la Justicia.

La dificultad está en que, a diferencia del derecho clásico en el que es más fácil hacer una pericia, en el derecho informático las pruebas no son tan sencillas de obtener. Se necesita de personal especialmente capacitado en tecnologías de la información y de un perito o escribano informático. Y el universo a explorar es mucho más grande. Pero no es imposible. En Internet nunca se borra nada y hay softwares especializados en este tipo de investigaciones.

En lo estrictamente punitivo, la justicia determina que es responsable el creador de la “injuria”, pero no así quienes pongan “Me Gusta” en el caso de redes sociales, aunque la responsabilidad sí puede extenderse a quien lo reproduzca.

NOTA DIARIOEn Australia, el restorán Coco Roco ganó un juicio contra el diario Sydney Morning Herald por haber publicado una crítica lapidaria e injuriosa en 2003. El restorán cerró sus puertas debido a la mala reputación seis meses más tarde y, luego de 10 años, la Corte Suprema australiana decidió que la editorial del Sydney Morning Herald debía pagar 600 mil dólares, entre costas, intereses y multa.

El artículo del blog “Derecho en Zapatillas” explica que “un restorán no es una persona pública, pero casi. Es un lugar privado de acceso público. Por eso no vale el cartel «La casa se reserva el derecho de admisión» así solito, sino que tienen que indicar los criterios, objetivos, por los cuales se rechaza esa admisión: «Solo pantalón negro. Consumición mínima $ 100.» Por eso, también y en principio, legalmente se lo puede criticar. O a otro servicio profesional, por estar en juego el derecho a la información veraz, aunque hay que ver cada caso a ver si hay o no lesión al honor, pero en general se trata de publicar la propia experiencia y quedará en el lector darle crédito o no. Si los locales aprovecharan que una de las mejores recomendaciones es el boca a boca y lo mismo vale para la mala experiencia.”

INJURIAS POR REDES SOCIALES

En una entrevista publicada por el patagónico Diario Jornada, Guillermo Zamora, especialista en Derecho Informático, habló sobre el castigo legal a la injuria en tiempos de Internet y comentó el caso de una mujer fue a buscar a su hija a una escuela privada y había un albañil en la puerta. Estaba apoyado en un coche. La mujer le sacó una foto y la empezó a mandar por grupos, con este texto: “cuidado, está mirando a nuestros hijos, cuídense”. Se publicó en Facebook y hubo quienes comentaron que tenía cara de violador. La realidad era que el señor era changarín y estaba fuera de esa escuela porque su hija estudiaba ahí. No era un delincuente. A la mujer se la condenó a 3 días de prisión y multa.

EL EFECTO BARBRA STREISANDEFECTO BARBRA STREISAND

Cuando hay un intento de detener algo en las redes, el tiro puede salir por la culata. Hay muchos casos de personas o entidades que quieren silenciar alguna información o evitar que se publique una foto, o un video, incluso un tuit, y consigue el efecto contrario: la información circula más rápido aún o la foto se multiplica por millones.

Esta situación, conocida como “Efecto Barbra Streisand”, debe su nombre al caso protagonizado por la actriz y cantante norteamericana, que pretendió retirar una imagen aérea de su mansión en California, y demandó al fotógrafo Kenneth Adelman por 50 mil dólares, alegando su derecho a la privacidad. Las fotos estaban incluidas en la página pictopia.com como parte de un documento sobre la erosión de la costa californiana. El periódico San José Mercury News advirtió poco después que aquella imagen, que había pasado bastante inadvertida en su momento, se viralizó luego de la demanda.