Presos de una cárcel de Florencio Varela encontraron una forma de cambiar su vida a través del conocimiento y el origen del hombre y la naturaleza. En sus testimonios resalta el contrato social que generaron dentro de su ámbito de convivencia.

Del analfabetismo a la lectura; de la lectura a la literatura; y de la literatura a la filosofía. Este arduo camino recorrieron ya más de mil presos que buscan en el arte de las letras y el pensamiento una forma de salir del encierro y el aislamiento.

“La condición para permanecer en este curso es leer”, explica Alberto Sarlo, abogado,  autor de la iniciativa en 2010, quien junto con el exinterno Carlos Mena coordina charlas grupales de lectura y filosofía para 50 internos. La cita es todos los miércoles en el pabellón 4 de la Unidad 23 de Florencio Varela.

La editorial se denomina “Cuenteros, verseros y poetas”, y funciona en la unidad desde hace siete años, a través de talleres en los que se alfabetiza a los internos, se enseña literatura y filosofía.

Entrar allí sin custodia, sólo con Alberto, no es algo común y menos ante la mirada seria, desconfiada aunque cordial y amistosa, de los internos que saludan con un abrazo al abogado. La propuesta es conocer la realidad de los marginados del mundo, de los olvidados, de quienes buscan buscan una salida. Y lo hacen a través de los libros.

Sólo una lámpara colgada en el techo alumbra el programa del profesor Sarlo, quien se pasea por la unidad como si estuviera en su casa o en un asado con amigos. “Un hombre enojado, es un instinto débil”, es una de las frases que luce en la pared del pabellón 4 donde las cucarachas y el hacinamiento son la parte oscura de una luz que ilumina el camino de los presos: la filosofía.

El proyecto empezó con la lectura y dio paso a una editorial cooperativa que editó cinco libros. En la biblioteca “Rodolfo Walsh” del pabellón hay más de 600 volúmenes, entre los que se cuentan obras de Dostoievski, Nietzsche, Sartre, y Borges, aunque hay para todos los gustos y géneros como John Grisham, Egor Hostovsky, Willour Smith o Eduardo Galeano y Jorge Bucay.

Los libros editados fueron: en 2010,  “Antología de cuentos infantiles”; en 2011, “Antología de cuentos infantiles II”; en 2015, “Desde adentro”; y en 2016, “Juguetes perdidos”.

Además fueron escritos más de mil cuentos, que se publicaron en el sitio web www.cuenterosyverseros.com.ar y en cuenterosverserosypoetas/facebook. Y donados a comedores de Quilmes, Florencio Varela y la Unidad 33 Los Hornos. Próximamente, se publicará la obra “La filosofía no se mancha II” y un compendio de cuentos basados en Borges.

Filosofía: Parte 1

Una de las primeras cosas que se acordaron entre los internos fue una especie de “contrato social de Jean-Jacques Rousseau”, como define Sarlo. “La condición para permanecer en el taller era sólo leer, no podía haber violencia, ni facas (armas blancas) ni tampoco se podía consumir”, resume el letrado que desde que era estudiante de Derecho visita los penales de la provincia de Buenos Aires. Allí conoció a Mena, quien aprendió a leer a los 30 años, finalizó la primaria en la unidad, y hoy -ya en libertad- impulsa el cambio de los jóvenes detenidos.

La forma y el modo de explicación del abogado platense atrapa a sus escribas ya que dedica sus miércoles a ellos, mantiene su atención y genera la polémica a través de sus embates dialécticos que plasma con su fibrón rojo en la pizarra blanca en el pasillo de la cárcel.

Dicta las clases al lado de la biblioteca de cuatro estantes de chapa, a escasos metros de la improvisada cocina, y bacha, y en frente del cuartito de “lavado y secado de ropa” que sólo deja una rendija de aire. Todos estos artefactos, más una bolsa de boxeo, están cobijados en 6 metros x 2 de ancho. En un sólo lugar, el pasillo del pabellón, en el cual sillas, tachos, mesitas, almohadones y frazadas hacen de cómodos asientos para los alumnos.

“Al acuerdo de convivencia sin violencia, la filosofía le vino a poner nombre a cosas que no sabíamos qué eran. Los libros y la lectura cambiaron mi forma de pensar. Los libros me humanizaron, me concientizaron, cambié como persona. Te van cambiando de a poco y luego te fanatizas”, se sincera Jorge, un interno, sobre la génesis de una iniciativa que ellos definen como “única” en el país.

Es el tercer curso de Filosofía que Alberto Sarlo dicta a los muchachos del pabellón 4. En una clase de tres horas ininterrumpidas, el temario de la jornada se basa en el poco conocido Baruch Spinoza.  Fiel a sus ideales, allá por la mitad del siglo XVII, donde el único pensamiento posible era el que dictaba la Iglesia, él fue parte del inicio de una era de racionalismo, de la razón como forma de pensar con René Descartes como génesis y Hegel o Kant en su máxima expresión. Un incomprendido como Spinoza fascinó a los estudiantes considerados “peligrosos” de la Unidad 23 de Varela. En el año 1656, este humilde filósofo idealista perdió todo lo que tenía por criticar a la corriente religiosa, lo que generó arduos debates entre los internos. Y lo llaman “el filósofo de la calle”, quien sostuv que en el hombre “cuerpo y alma” no están divididos, y por ello fue excomulgado en Amsterdam.

Filosofía: parte 2

El debate entre el pasaje de la teoría teocéntrico a la antropocéntrico acaparó gran parte de la clase, pero lo más interesante es cómo la filosofía atraviesa la realidad carcelaria. Otro tema que encendió el debate matutino fue el razonamiento de René Descartes que planteó la “duda”. “Pienso y luego existo”, escribió allá por 1637.

Metidos en los filósofos del siglo XVI y XVII, en el clamor del debate sobre la era de la “razón”, el profesor Sarlo explicó el significado de la palabra “conato”. Dijo que “es la necesidad de sobrevivir, el instinto de pulsión para expandir la relación del hombre racional con los otros”. En esa línea, no puede dejarse de relacionar con la situación de encierro y olvido que padecen los internos asistentes al curso. Uno de ellos, de apodo “Chuzo”, reflexionó que pensar en el “otro es una forma de cooperativismo para juntos superar el individualismo que genera la cárcel”. Como otro que escribió “la filosofía no se mancha” en su cuaderno de apuntes como fiel reflejo del sentimiento y la importancia que esta enseñanza tiene para ellos.

“Bienvenidos a nuestro mundo, un mundo que lucha contra las ataduras de la ignorancia un mundo de hombres libres”, dice el prólogo del libro “Antología de cuentos Infantiles 2”.

En primera persona

En el lugar que funciona como una mini redacción de la editorial dentro mismo del pabellón con cuatros computadoras e impresoras, tres internos contaron sus vivencias y cómo influye en su personalidad. “Chuzo”, “Jorge” y “Francisco” son los coordinadores del taller de filosofía y lectura.

“Jorge” pudo plasmar en un texto el drama vivido en un instituto de menores a los 14 años “cuando estaba sumergido en el mundo de la ignorancia y la delincuencia”. Hace tres años que asiste a las clases con Sarlo y escribir le ayudó a reconocer su duro pasado: “Antes no estaba en mi sano juicio, no justifico mi error, es injustificable. Plasmarlo en el papel me cambió el pensamiento, fue duro y difícil revolver todo. Liberé todo al escribirlo en ‘Juguetes perdidos’. Lo contamos para concientizar a los otros pibes que recién entran al Penal. Mi historia me entristece, y todo lo que tuve que pasar cuando era una criatura. La violencia me degeneró más”.

Y sobre el contrato social: “La convivencia mejoró muchísimo con el taller, hay discusiones pero tratamos que no pase de eso, cero violencia. Reconocemos ahora que nunca nos llevó a nada, es más, siempre nos perjudicó. Podemos resolver los problemas de otra manera, hablando y dialogando. Podemos estar mejor y combatimos por estar bien y por qué todos los compañeros lo estén”, dice Jorge emocionado.

“Chuzo”, de más experiencia, cuenta que ser escritor o corrector de los textos lo lleva a “canalizar todo lo vivido, cosas muy fuertes que no pensé que las iba a hacer públicas en un libro”. Y que “el taller influye en el cambio individual y personal”.

Biografía, historia, novelas o cuentos. Arrancan por leer cuentos de dos o tres carillas para practicar la compresión lectora. Son cinco los pasos fundamentales del proyecto: “Fomentar la lectura, la escritura, la narrativa oral, luego subir a internet todos los textos y editar libros”.

Se definen como fanáticos de Nietzsche porque se sienten identificados en la filosofía de la “voluntad de poder” o el “súper hombre”.  “Porque lucho día a día y salgo adelante”, razona Jorge.

“Es algo muy lindo el taller de filosofía, y el pasaje que hicimos de los libros a ella. Cambió nuestra forma de vida porque nos abrieron los ojos con la filosofía”, señala Francisco. En tanto, cerró la charla con el nexo con el boxeo: “Sirve para desahogarnos y como complemento de los talleres de literatura y filosofía. Así como se ampliaron a talleres de música, teatro, y demás”.

En la actualidad, ya se desarrollaron cuatro concursos nacionales carcelarios de literatura, en donde participaron internos y miembros del Servicio Penitenciario de todo el país, y se está organizando el quinto concurso nacional.

Como cierre, un párrafo: “Cuenteros, Verseros y Poetas es la concreción de un sueño, el sueño de llevar libros a los que nada tienen. El sueño de enseñar a escribir, debatir, trabajar y esforzarse por medio de la literatura. Sueño que tal vez corresponda a ingenuos y a ilusos. Pero son ingenuos e ilusos luchando contra todo y contra todos, y por eso, al menos por eso, es que merecen nuestro reconocimiento. ¿Por qué hacemos todo esto? Porque podemos”.