Carlos Russo, médico emergentólogo

“En situaciones de catástrofe puedo sentirme útil”

Carlos Russo

Estuvo ahí, buscando vida en los escombros de la AMIA. También entre las llamas del avión de LAPA que se estrelló en la costanera. Y en Cromañón, en Franja de Gaza y Haití. Carlos Russo siempre está ahí.

Voluntario de Cascos Blancos, exsubdirector del SAME, médico formado en la Universidad de Buenos Aires, padre de seis hijos y abuelo de cuatro nietos, es el titular de la Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), que depende del Ministerio de Salud de la Nación. Apasionado de su trabajo, habla sobre la importancia del equipo, de la posibilidad de “dar contención” y “formar redes” para un bien común.

Creada en 1972, la DINESA es la encargada de brindar asistencia sanitaria ante situaciones de emergencia. Russo asumió en su rol de director el 21 de diciembre pasado. Casi sin tiempo de acomodarse, reunió a la tropa y organizó el trabajo para atender las inundaciones en el litoral. “Nadie puso un pero. Salieron todos para donde había que ir. No hubo fiestas, vacaciones, ni nada”, cuenta con orgullo.

El atentado a la AMIA fue un punto de inflexión en su vida. El día de la explosión llegó a la calle Pasteur y vio el desastre en que se había convertido el lugar. En medio de ese caos atendió pacientes y los derivó a los hospitales. Al día siguiente volvió. Fue entonces cuando los bomberos pidieron un médico voluntario para meterse entre los escombros y asistir a Jacobo Chemahuel, un empleado de maestranza de la mutual que estaba en atrapado. CarlosRusso

“No es valentía, es algo casi instintivo decir, ‘si, yo voy’”.  Estuvo más de seis horas adentro. “Se le puso un suero, se cuidó su hipotermia, se controló el dolor. Estábamos debajo de ese edificio en el que todavía se caían cosas”, evoca. Chemahuel salió vivo de ahí, pero murió tres días después. Russo se emociona cuando lo recuerda.

El atentado a la AMIA le torció el destino profesional y lo llevó hacia la emergentología.  “ Fue muy importante. Me di cuenta para qué podía servir”, afirma.

Desde entonces socorrió infatigablemente a jóvenes en el incendio del boliche República de Cromañón el 30 de diciembre de 2004, viajó dos veces a Haití, devastada por guerras y terremotos, la Franja de Gaza, y tantos lugares donde la necesidad se hizo urgencia.

También acompañó a un contingente de familiares de caídos en Malvinas al cementerio de Darwin. De todas esas escenas dice que se queda “con una imagen internalizada que forma parte de la experiencia por un lado, que se capitaliza, y también es un impacto”.

Después se corre del lugar del héroe o protagonista y asegura que hace lo que le gusta con mucha responsabilidad y “nada más”… Y nada menos.