Sin teléfono y sin internet por acosar sexualmente a un menor

Un juzgado de Bahía Blanca condenó a un hombre a un año de prisión por el delito de “grooming”, y además le prohibió usar su celular y el acceso a la web.

El artículo 131 del Código Penal de la Nación establece que “será penado con prisión de seis meses a cuatro años el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma”. Este delito es conocido también como “grooming”.

Estos “ciberdelitos” son cada vez más comunes, y por eso se determinó su ingreso al Código Penal a través de una ley sancionada en 2013. Y valiéndose de esta figura es que un juez de Bahía Blanca condenó a un hombre a un año de prisión por acosar sexualmente, a través de su celular, a una menor de edad.

Pero eso no fue todo: además, como medida preventiva, el magistrado ordenó que no pueda acceder a telefonía celular o internet, aunque no determinó un lapso de tiempo para esta medida. De esta forma, privó de los medios a partir de los cuales llevó a cabo su delito.

Entre otras cosas, el titular del Juzgado Correccional 2 de la ciudad bonaerense destacó que el uso de esta figura del Código Penal busca prevenir que se cometa un abuso sexual. El acoso a través de estos formatos digitales, explicó el juez, es una metodología preparatoria para lo que luego podría ser este otro delito contra la integridad sexual.

Esta “prevención”, tal como lo muestra la redacción del artículo del Código Penal, tiene especial relevancia debido a que se trata de menores de edad, que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad que cualquier otra persona.

El juez también señaló que el condenado sabía que lo que hacía era ilegal, ya que hizo desaparecer su teléfono. La defensa alegó que los mensajes podían haber sido enviados por otra persona, pero el magistrado consideró que la desaparición del celular había sido llevada a cabo sin que medie la participación de un tercero o un “hecho fortuito”.

El magistrado también precisó que no había duda de la intencionalidad, ya que en dos días el condenado envió a la víctima 281 mensajes. Por esto, entendió que el hombre estaba “orientado (…) a cooptar la voluntad de la menor” con el objeto de abusar sexualmente de ella.

O con el objetivo “de preparar el terreno para otras prácticas ineludiblemente orientadas a vulnerar la integridad sexual de la víctima, aprovechando la seducción ya instalada y su especial vulnerabilidad, propia de su inmadurez e inexperiencia, sin que el eventual consentimiento de ella -en razón de su edad- pudiese eximirlo de responsabilidad”, añadió el titular del juzgado correccional.