Responsabilidad médica y mala praxis, ¿Cuál es el límite?

La Justicia establece que en la medicina existen obligaciones de resultados y de medios. ¿En qué casos se da cada una de estas posibilidades? ¿Siempre que haya una consecuencia física se puede hablar de mala praxis?

Si bien la medicina evolucionó mucho en torno a los procedimientos para curar y prevenir los problemas de salud, los profesionales que se dedican a esta ciencia no están obligados, en la mayor parte de los casos, a brindar resultados. Es que la larga tradición científica de esta disciplina demostró que siguen existiendo momentos imprevisibles a la hora de afrontar tratamientos, operaciones o la toma de medicamentos.

Es por eso que la Justicia precisa que los médicos tienen obligaciones de medios; para decirlo concretamente, de ser profesionales y tratar de superar los obstáculos de una enfermedad, previendo la menor cantidad de riesgos posibles.

Pero también hay divisiones de la medicina que, por sus características, tienen obligación de fines; esto significa que por sus características no presentan riesgos inevitables. ¿Pero en qué casos se dan cada uno de estos supuestos? ¿Existen excepciones?

Para graficar mejor esto hay que recurrir a las fuentes: en febrero de 2015, los integrantes de la Sala A de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil determinaron que un médico no había incurrido en mala praxis si su diagnóstico cambiaba a medida que se modificaba la evolución del paciente.

Citando a otros colegas, los jueces remarcaron que solo se podrá probar la responsabilidad cuando el presunto responsable “cometa un error científico objetivamente injustificable para un profesional de su categoría y clase”. Y agregaron que sin una previa responsabilidad del acusado, tampoco se puede inculpar a la obra social o la clínica que atendió a la paciente del caso.

Este es el criterio general de la Justicia para afrontar estos casos. Pero también existen los otros en los que la labor médica es puesta en cuestión: en octubre de 2014, el titular del Juzgado en lo Correccional 1 de Morón condenó a un obstetra y a un ginecólogo a tres y dos años de prisión en ejecución condicional, respectivamente.

En esta causa se consideró que existió un homicidio culposo tras la muerte de la paciente. Los magistrados manifestaron en su fallo que, según se pudo interpretar de los peritajes, que no se realizaron los estudios necesarios para poder detectar el acretismo placentario que sufría la víctima.

Dos de las disciplinas médicas en las que prima la obligación de fines son en la aplicación de anestesias y en las cirugías estéticas. En agosto de 2013, los integrantes de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mercedes determinaron que la obra social de la paciente y el anestesista debían indemnizarla con más de 260.000 pesos, ya que después de la aplicación de una peridural perdió la movilidad de una pierna.

Los camaristas consideraron que el uso de este tipo de anestesia no debía presentar ningún  riesgo para la paciente. El juez Emilio Ibarlucía señaló entonces que “si la técnica anestésica aplicada no era riesgosa, debe inferirse que la “complicación” se debió a la mala praxis médica, y si efectivamente lo era, el médico anestesiólogo debió informar previamente a la actora sobre el particular y obtener su consentimiento informado, siendo de resaltar, además, que no se trató de una operación de urgencia. Por ambas vías se concluye que debe responder”.

En el caso de las cirugías estéticas, si bien los fallos se pronuncian sobre una obligación de resultados en torno a las promesas de los médicos de esa especialidad, también existen imprevisibilidades que pueden evitar la condena contra los galenos.

En la Sala I de la Cámara Civil, por ejemplo, en marzo de 2015 los jueces afirmaron que “el hecho de que el galeno prometa un resultado (determinado tipo de nariz o boca, pérdida de papada, levante de párpados, aumento o disminución de mamas o glúteos, reducción de abdomen, etc.) no hace a su obligación de resultado. No puede confundirse la manifestación del profesional que en un acto de ligereza promete lo que no es seguro de lograr, con el carácter de la obligación”.

Pero en ese mismo órgano judicial también existe la posición de la Sala G, desde donde señalaron, en julio de 2010, sobre un caso de un paciente cuya nariz había quedado con dimensiones extrañas tras una cirugía, que adherían “a la corriente que predica que la cirugía estética, ha de catalogarse propiamente de resultado”.

Esto es así “ya que de no prometerse o asegurarse al menos con cierto grado de certeza, un resultado feliz y asequible al paciente, la experiencia indica que éste difícilmente se sometería a ella”. Estas posiciones demuestran, entre otras cosas, que más allá de las posiciones que determinen los fallos de la Justicia, cada caso debe resolverse atendiendo a los presupuestos de responsabilidad y de evidencias particulares.