Martín Alonso, productor de remeras ecológicas

“Una empresa debe beneficiar a la sociedad y al ambiente”

Se puede seguir un camino durante dos décadas -este es  el caso de Martín Alonso dentro de la industria textil- y, sin perder el norte, introducir un ligero cambio que haga la diferencia y provoque una transformación en la vida de otras personas.

Alonso es mentor y creador de la firma de remeras Stay True, una empresa que ha logrado amalgamar lo comercial con el cuidado responsable del medio ambiente y el compromiso social. Esa aspiración transformadora la concretó mediante la fabricación de prendas de carácter orgánico, cuya característica principal es que emplea algodón cien por ciento natural, exento de  pesticidas, agrotóxicos o semillas transgénicas.

Para poder confeccionar la ropa, depende de la provisión que le compra a la principal algodonera orgánica que opera en Perú, pero ha puesto en marcha ya una alternativa sustentable y solidaria: un grupo de familias de la comunidad Qom en Campo Medina, Chaco, ha concretado su primera cosecha de algodón sin químicos, y apuntan a reemplazar la dependencia de la compañía peruana. Con la segunda cosecha, dado que ya cuenta con la certificación de orgánico, el algodón ya podría en 2018 ser exportado a los Estados Unidos.

true 4Además, cuenta con la certificación que la acredita como empresa B, que demanda la condición de trabajar en tres áreas: una ambiental, otra comunitaria y otra de finalidad social. Lo de producir teniendo en cuenta el impacto ambiental es una tendencia que va tomando cuerpo dentro de la industria textil nacional cada vez con mayor fuerza.

“Afortunadamente, el impacto de las empresas B, en la Argentina, es cada vez más importante- sostiene Alonso-. Si bien todavía es muy baja su participación en el mercado en términos masivos, los emprendimientos que están apareciendo, sobre todo los que son de triple impacto, tienen una proyección en alza”.

El disparador que llevó al empresario a encarar este tipo de concepción de alcance social es básicamente una filosofía de vida, individual, “de necesitar un cambio en las actividades que se llevan a cabo día a día”.

Sobre qué réditos comporta tener una empresa que apueste trueal desarrollo social de sectores postergados, Alonso no duda: “El beneficio de la categoría B es muy amplio, y está pensado para el largo plazo, porque hoy no se articula una empresa sólo por la rentabilidad, sino que se empieza a visualizar empresas con beneficios para la sociedad, el medio ambiente y la comunidad. Todavía no se ven los frutos fuertemente, pero las empresas que hoy nacen ya tienen una mirada social, para compartir con los que más necesitan; además, se capacita a los empleados para que ahorren energía, o para que separen la basura orgánica de la reciclable”.

Pero como el leit motiv de la empresa ha derivado hacia la solidaridad no de palabra sino de actos concretos, un porcentaje de las ventas tiene por destino la compra de alimentos orgánicos, productos lácteos frescos, frutas y verduras, que son donados a distintos comedores escolares. Esa acción conlleva que más de 3600 chicos, que almuerzan a diario en 25 comedores de Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, reciban sus viandas y se alimenten de manera saludable.

“Nuestra asociación con la comunidad Qom hace que sus integrantes recuperen la expectativa en relación a una práctica ancestral de ellos en el cultivo algodonero, y les da la esperanza de poder pasar de una situación social insatisfactoria a otra mejor”, concluye Alonso.