Relato de una declaración incómoda y un desmemoriado

Alberto Spagnuolo y Gustavo Semorile fueron los testigos que declararon en la audiencia 34ª del juicio que debe probar las irregularidades cometidas durante la investigación del atentado a la AMIA.

Spagnolo y Semorile son dos abogados que defendieron durante varios años al doblador de autos, Carlos Telleldín, detenido en su momento por ser el último poseedor conocido del motor de la Trafic que habría explotado en la mutual. Semorile, por su parte, también defendió a dos allegados a Telleldín que estuvieron detenidos en esta causa.

Antes de que comenzara el primer testimonio, el Tribunal Oral Federal 2 pidió que ingresara a la sala el imputado Carlos Telleldín quien debió relevar del secreto profesional a los dos abogados que lo defendieron.

A continuación y con el mismo fin, se hizo ingresar a Pablo Ibáñez y a Miriam Salinas, quienes fueron defendidos por Semorile en el marco de la causa AMIA. Ambos están pedidos como testigos en este juicio.

No bien entró Alberto Spagnuolo y prestó juramento comenzó a contar, con varios detalles, que por esos años era socio de Gustavo Semorile y por esa razón en una ocasión debió atender a un cliente suyo, Carlos Telleldín.

Fue en 1994, antes del atentado, cuando la Brigada de Investigaciones de Lanús detuvo al doblador de autos por averiguación de antecedentes. Según dijo hoy, fue a ver a Telleldín, quien se encontraba en un calabozo y éste admitió ser inocente de todo lo que se le acusaba. “También me dijo que le estaban pidiendo $50.000 para quedar libre”, expresó y, ante la pregunta de la Fiscalía, aclaró que sólo supo de esa extorsión por parte de Telleldín y no de los policías o del entonces comisario Juan José Ribelli, jefe de la Brigada.

Según Spagnuolo, tras ese hecho, no volvió a tener relación con Telleldín o la causa AMIA, hasta que para 1996 recibió un llamado de Semorile, con quien hace tiempo ya no trabajaba. “Me buscaba de parte del juez Galeano. Me dijo que tenía que ir a declarar sobre ese episodio en la Brigada de Lanús”, contó y luego aclaró que no entendía la relación de su participación en ese hecho con el atentado a la AMIA y que también le llamó la atención que sea su colega quien lo llamara a declarar, cuando no es ese un procedimiento habitual.

Además, Semorile le admitió que tras ser extorsionado por la policía, Telleldín les entregó vehículos en forma de pago y que a él (a Semorile) le pagó con una moto. “Dijo que lo de la moto se lo había revelado al juez como para entregarle algo porque si no, iba a tener consecuencias más graves”, aclaró.

Fue así que Spagnolo se presentó en el Juzgado de Juan José Galeano para declarar como testigo. Primero tuvo una charla que, después se enteraría, era informal y no constaría en ningún acta. “Galeano me dijo que como Telleldín había denunciado una extorsión, yo estaba declarando como testigo. Así que le conté lo ocurrido en la Brigada”, recordó e hizo hincapié en que el exjuez era muy insistente respecto a si Ribelli le había pedido dinero. “Como si quisiera que le dijera que sí, cuando no era cierto”, admitió.

Una vez que esa reunión terminó, los secretarios pasaron a tomarle declaración en línea con lo que ya había planteado Galeano. “A Spina la tenía en la nuca, a De Gamas en la oreja como si intentaran torcer mi respuesta sobre Ribelli”, expresó y siguió: “Fue muy incómodo. Algunas preguntas no eran para un testigo sino para un acusado”. También aclaró que cuando leyó el acta de esa reunión, debió pedir correcciones ya que no representaba los hechos.

El testigo sin memoria

Semorile ingresó a la sala y la fiscal Sabrina Namer comenzó un interrogatorio que en total duraría dos horas. Su primera respuesta fue la misma que en casi todo su testimonio: “No lo recuerdo”.

Aún sobre temas relativos a Telleldín, a quien defendió durante años o respecto a Miriam Salinas y Pablo Ibáñez, con quienes admitió haber tenido una relación sumamente estrecha, no aportó más que titubeos y contradicciones.

Sobre lo poco que dijo recordar, contó que en cierto momento a sus entonces clientes Ibáñez y Salinas, quienes habían sido detenidos por estar relacionados al negocio de automotores que manejaba Telleldín, les ofrecieron declarar como testigos de identidad reservada. “Fue una propuesta única del Juzgado y los fiscales. Lo charlamos y decidimos que era conveniente aceptar la propuesta”, contó el abogado. Sin embargo fue incapaz de explicar en qué momento ocurrió eso y, en todo caso, cómo era posible que declararan como testigos estando, a su vez, imputados.

Ya sobre el final de su testimonio, llegaron las únicas precisiones que pudo dar. En respuesta a una pregunta de la defensa de los ex fiscales, Eamon Mullen y José Barbaccia, Semorile negó con contundencia haber recibido propuestas ilegales. “De ser así, las hubiera denunciado”, remató.

La próxima audiencia, el jueves 19 de mayo, se esperan los testimonios de Carlos Salomone, Claudio Camarero y Daniel Francica. Los tres estuvieron involucrados en allanamientos relativos a la llamada “pista siria”, línea de investigación que habría sido abandonada, según se debe probar,  por orden el expresidente Carlos Menem, imputado en este juicio.