Culpable hasta que se demuestre lo contrario

Varias organizaciones de Estados Unidos se dedican a defender a inocentes que fueron condenados. En los últimos 40 años ese país ejecutó a más de 1400 personas. Hasta hoy, 156 sentenciados a muerte lograron salir en libertad.

Steven Frederick Spears, de 54 años, había sido condenado en 2001 a la pena de muerte por el crimen de su exnovia. La sentencia se cumplió quince años después, hace dos semanas, en una cárcel de Georgia. Es, hasta ahora, el último estadounidense en ser ejecutado en ese país. Sólo en ese Estado ejecutaron a ocho personas este año. Y 18 en lo que va del año en todo Estados Unidos, según los datos del Centro para la Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés).

La pena de muerte se reinstauró en EEUU a instancias de la Corte Suprema de Justicia, en 1976. Entre ese año y ahora fueron condenadas a muerte casi nueve mil personas. De ese total, fueron ejecutadas 1431. Sólo en los últimos seis años, 17 estados mataron a 242 presos. Tres estados representan más de la mitad de esas personas: Texas, Florida y Oklahoma. Sin embargo, 156 ex condenados a muerte lograron demostrar su inocencia mientras estaban detenidos, de acuerdo a datos del Subcomité Judicial Sobre Derechos Civiles y Constitucionales de los EEUU. En la web del Centro para la Información sobre la Pena de Muerte es posible ver caso por caso.

Treinta de los cincuenta estados que componen los EEEUU mantienen las sentencias de muerte en sus códigos penales. Los último en eliminar la pena capital de sus territorios fueron Nuevo México (2009), Nueva York (2007) y Nueva Jersey (2007). Rompieron así una racha que duró más de 20 años: Massachusetts y Rhode Island habían sido los últimos en abolirla, en 1984. New Hampshire tiene un solo condenado en el corredor de la muerte y no ha ejecutado a nadie desde la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, hay estados que son muy activos a la hora de las ejecuciones: la mencionada Georgia, pero también Missouri o Texas.

La pena de muerte cuenta en EEUU con un importante apoyo popular. Una encuesta de Gallup señala que el 61 por ciento de los estadounidenses está a favor. Aunque el porcentaje es mayoritario, se achica año a año: en 1994 el 80 por ciento la apoyaba

El camino del ADN

En los últimos años aumentaron los casos de inocentes excarcelados. Cada año salen del corredor de la muerte, en promedio, diez o doce condenados que pudieron demostrar que eran inocentes. Lo hacen, sobre todo, por la multiplicación de las pruebas de ADN en el sistema de administración de justicia.

Una de las principales ONG que se ocupa de ayudar a los condenados inocentes es Witness to Innocence (Testigos para la Inocencia). Está ubicada en Filadelfia y se hizo conocida en todo el mundo con la película Dead man walking, de 1995 (en la Argentina se conoció como Mientras estés conmigo). En el film, Susan Sarandon da vida al personaje de Helen Prejean, la religiosa que fundó la organización en 1995.

Otra organización es Innocence Project (Proyecto Inocencia), fundada en 1992. En su página web se destaca una frase de martin Luther King: “La injusticia en cualquier parte es una amenaza para la justicia en todas partes”. Los objetivos desde 1992, año que nació la ONG, es “liberar al asombroso número de personas inocentes que permanecen encarceladas. Y promover una reforma del sistema responsable de su encarcelamiento injusto”.

Al día de hoy, Proyecto Inocencia logró sacar de la cárcel a 347 personas. Veinte de esos presos estaban condenados a muerte. Del total de inocentes, 215 eran afroamericanos, 105 blancos, 25 latinos y 2 asiáticos.

Proyecto Inocencia se multiplicó en muchas ciudades de EEUU, llegó a América Latina y también a la Argentina. Fue después de las repercusiones que tuvo el documental “The Rati Horror Show”, de Enrique Piñeyro, sobre la detención y condena injustas de Fernando Carrera. El caso Carrera tuvo su capítulo final hace unas semanas, cuando la Corte Suprema de Justicia lo absolvió de culpa y cargo. Carrera había sido condenado a 15 años de prisión por la denominada Masacre de Pompeya, ocurrida en 2005. Estuvo preso siete años.

Mala administración de justicia

Hay patrones que se repiten en la mayoría de los casos de condenados que terminan demostrando su inocencia: complicidad policial, ineficiencia, mala administración de justicia. Y discriminación. Por ejemplo, los afroamericanos tienen, estadísticamente, más probabilidades de ser condenados a muerte: en 2008 representaban un 41 por ciento de los presos del corredor de la muerte, a pesar de ser menos de un 13 por ciento entre la población de EEUU.

El Centro para la Información sobre la Pena de Muerte sostiene que la defensa de es uno de los factores más importante para determinar si un acusado recibirá la pena de muerte. “La mayoría de los presos no puede pagar un abogado. Muchas veces, los defensores que les asignan tienen demasiados casos, son mal pagos, o no tienen suficiente experiencia en pena de muerte”, explican. Y relatan que, por ejemplo, hay casos de defensores que se han dormido durante partes del juicio o llegaron borrachos al tribunal.

Equal Justice Initiative (Iniciativa de Justicia Igualitaria) trabaja en Alabama. En ese estado nueve presos fueron exonerados. En todos los casos, se encontraron falencias como “identificaciones erróneas de testigos oculares, confesiones falsas y coaccionadas, mala conducta por parte de la policía y fiscales, defensa legal inadecuada, evidencia forense falsa o engañosa y perjurio de testigos a quienes se promete un trato indulgente”, señala la organización.