Santos Gabriel Rueda, ingeniero nuclear y atleta

“Mi papá nos mandaba a la escuela para que tengamos ahí el almuerzo”

Quizá sea por un designio marcado y enaltecido en su apellido, pero lo cierto es que Rueda no se detiene. Siempre va por más. Desde la Salta de su infancia llegó a la Patagonia y ninguno de sus propósitos tiene techo.

Alguien que de niño experimenta la situación de ser enviado a la escuela para así tener garantizada al menos una comida diaria quizás empieza la partida jugando desde una posición de desventaja. Esa situación es parte de la historia personal de Santos Gabriel Rueda (25), quien nació en el paraje Candado Grande, en el norte de Salta.

El entorno socioeconómico Pico Turistaprecario no fue impedimento para que el ahora ingeniero nuclear Rueda haya coronado con éxito su formación académica en el Instituto Balseiro de Bariloche, y siga ampliándola en estos días cursando una maestría.

Sin embargo, Rueda visualiza esos contratiempos iniciales desde una perspectiva diferente: “Creo que la parte socioeconómica no es un impedimento ni para ser ingeniero nuclear ni para ser lo que se quiera ser. Tal vez juegue a favor crecer en una familia con un alto poder adquisitivo, pero no tener esa ´ayuda´ no creo que juegue en contra, ya que lo mejor siempre es saber aprovechar lo que uno tiene a su alcance”.

Realizando experiencias en reactor RA6

Es el menor de seis hermanos, que afrontaron la situación de trasladarse a la casa de una tía en la localidad de Aguas Blancas para poder concluir su formación secundaria. Para costear los gastos de sus estudios, algunas de sus hermanas desempeñaron tareas domésticas en casas particulares. A persistir en el esfuerzo diario los alentaba siempre la madre, Rafaela Condorí, quien los impulsó a seguir estudiando aunque escaseara el dinero. De hecho, en la familia Rueda hay docentes en Lengua y Literatura, en Biología, en Ciencias Económicas, en Educación Física, un médico y el ingeniero nuclear Santos Gabriel. En 2009,  Rueda inició su formación en Ingeniería en petróleo en la Universidad de Neuquén. “Solamente me dedicaba a estudiar y a sobrevivir, y ahí se notaba la desventaja económica ya que en la Patagonia todo mucho es más caro”, comenta.

Pero consiguió ser parcialmente becado, y llevó adelante sus estudios sin inconvenientes. El proceso por el que se convirtió en ingeniero nuclear fue el siguiente: en 2011 se presentó al examen de ingreso en el Instituto Balseiro, aprobó la entrevista y cursó la carrera, de la que egresó con sólo 23 años, en 2014.   La disciplina jugó un papel importante en su desempeño académico: “Fueron tres años peleando con matemática, física, termodinámica, laboratorios, materiales, física de neutrones, radiaciones y finalmente un semestre haciendo pruebas y ensayos experimentales en nuestro querido reactor RA-6 de Bariloche, por el cual pasamos todos los nucleares del Balseiro”, rememora.

Recuerdo a los 6 años- Hermanos Samuel y Gabriel RuedaEn estos días, el joven ingeniero es becario de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEA) y en esa condición cursa actualmente una maestría en Ingeniería en la división de Monitoreo y Control de Sistemas Distribuidos del Departamento de Control de Procesos del Centro Atómico. El objetivo de la maestría es desarrollar nuevas técnicas de ensayo de instrumentos de medición de presión en un reactor nuclear. La idea es que mediante estas técnicas se pueda tener más información del equipo y del proceso en sí, aumentado así la seguridad de la planta y previniendo fallas que obliguen parar al reactor.

Su éxito personal, admite, estuvo también fomentado por un entorno favorable: “A lo largo de toda mi vida siempre estuve rodeado de gente muy fuerte de cabeza como de calidez humana. Tanto mi familia como los amigos hacen que uno intente copiar lo mejor de ellos, y tuve la suerte de tener buena gente cerca mío.  Esto quizás sumó para que haya tomado decisiones que hicieron que esté donde estoy hoy”.

Santos siempre apostó a la idea de superación, ya que la siguiente meta es la que importa. Para presentarse en unas competencias de matemática durante la adolescencia, trabajó cargando bolsas de harina para juntar el dinero que le permitiera acceder a clases particulares de esa materia. “Desde el principio, mis padres vivieron en el campo: mi papá siempre trabajó para alguna finca o chacra haciendo trabajos de peón, trabajando de sol a sol -cuenta-. También criábamos animales y sembrábamos gran parte de lo que consumíamos. En la mayoría de estos lugares nos asignaban algún terreno para que pudiésemos sembrar nuestras propias cosas. Por este motivo mi padre no veía al estudio como algo necesario, sino como ´bueno los chicos van a la escuela, al menos ahí tendrán el almuerzo´. Mi madre fue la más visionaria, porque se ocupó de que todos sus hijos continuáramos nuestros estudios. A principio de los 2000,  se dieron cuenta que de solo les quedaban sus dos hijos menores, y decidieron mudarse a Aguas Blancas, que es donde terminé el secundario”.

Entre sus proyectos inmediatos, el estímulo Llegadacentral está puesto en terminar la maestría que está cursando. “Cuando concluya este período, voy a ver qué quiero hacer en mi próxima década. En base a eso surgirá el lugar donde me establezca. Pero no es algo que me preocupe ahora, porque estoy viviendo una etapa muy linda, ya que hago lo que me gusta: estudiar, correr y viajar gracias a las carreras”, confiesa.

Es que, en simultáneo con su formación como ingeniero nuclear, Santos Gabriel se ha desarrollado como corredor y, de hecho, en 2016 se impuso en “4 Refugios non stop”, una competencia por senderos de montaña;  además, ha sido seleccionado para representar a la Argentina  en el equipo de Ultra Trail,  en octubre.  Esas dos pasiones sincronizadas pesan fuerte en sus días: “Hoy mi vida como científico es tan importante como mi vida de corredor. Al principio empecé a correr como un mero hobbie, pero ahora lo tomo como algo más serio, aunque todavía no lo hago de modo profesional, por el tiempo que insumiría y porque es muy difícil vivir del atletismo. Pero, sin dudas, cada vez estoy entrenando más fuerte para seguir creciendo en esto”, asegura.

Cuenta que su pasión por el running surgió mientras cursaba ingeniería nuclear en Bariloche, porque sentía que estudiaba mucho pero no rendía con buenos resultados. Decidió ponerse a correr y, asegura, eso le permitió mejorar su performance en los exámenes, bajando el stress y pasando menos horas estudiando. “A veces lo mejor es cambiar alguna variable para obtener mejores resultados: esto funciona en distintos aspectos de la vida, lo difícil es encontrar ese parámetro a cambiar”, propone el ingeniero. Corre cuarenta minutos por la mañana antes de ir a la cursada,  y tiene entrenamiento por la tarde. Define su rutina: “A veces corro por montaña unas tres horas y otras me toca trabajos de pista o por calle, dependiendo de lo que decida mi entrenador y de las carreras que tengamos en mente -sostiene-. Ahora estoy sumando muchos kilómetros semanales porque estamos preparando los 85 kilómetros del Mundial en Portugal”.Podio general absoluta

Ya sea en lo estrictamente intelectual, afrontando complejas ecuaciones algebraicas y desarrollos atómicos, así como en lo relacionado con el deporte, es claro que la carrera de Santos Gabriel Rueda recién está comenzando.