Olga Cossettini, docente, directora y pedagoga argentina

La mujer que marcó el camino hacia una escuela más justa

En la historia de la educación argentina sobresale una mujer que, en contra de todos los supuestos culturales y normativos de la época, revolucionó la escuela tradicional. Olga Cossettini fue una maestra y pedagoga jamás olvidada por sus estudiantes porque corrió el eje normativo de la escuela: En su concepción pedagógica, son los alumnos y alumnas los protagonistas del aula, no sus docentes.

Nació en San Jorge, Santa Fe el 18 de agosto de 1898 en el seno de una familia de maestros italianos. Estudió en Rafaela y se recibió de maestra en 1914. Ni bien comenzó a trabajar como docente, se mostró en desacuerdo con las formas empleadas para la enseñanza en aquellos tiempos: con el castigo como principal recurso y contenidos curriculares alejados de la realidad social de los niños.

Así, para 1935, junto a su hermana Leticia y otras docentes de la Escuela Normal Domingo de Oro de Rafaela, Olga comenzó a aplicar -tras haber sido nombrada directora- una experiencia pedagógica basada en las teorías de María Montessori, Giuseppe Lombardo Radice y otros, que situaban al estudiante en el centro del aprendizaje del que deben ser protagonistas.

Cossettini consideraba a la educación como un hecho social que debe tener lugar en el entramado vivencial de los hombres y una instancia fundamental para promover la igualdad entre los niños la y pluralidad social, económica y política.

Cossettini consideraba a la educación como un hecho social que debe tener lugar en el entramado vivencial de los hombres y una instancia fundamental para promover la igualdad entre los niños la y pluralidad social, económica y política

Entre las transformaciones concretas que aplicaron en la escuela, se encontraban mayores actividades al aire libre, más tiempo para las ciencias y las artes. De hecho, una de sus frases más recordadas es: “El niño dibuja, pinta, escribe, canta y juega para expresar su alma, y necesita la libre expresión de su alma para que pueda crecer su ser y encaminarse hacia el equilibrio y la madurez del hombre”.

Esa institución de Rosario también fue la primera en formar una cooperadora escolar atendida por los alumnos y apoyada por las familias y maestros. “No se trataba de cambios de horarios y de programas, era una reforma profunda de la vida de la escuela que, con espíritu nuevo, iba a abrir de par en par las puertas de las aulas a la vida”, escribió la docente en uno de los tres libros que publicó.

Reconocimiento internacional

En 1940 la Fundación Guggenheim de Estados Unidos le otorgó a Olga una beca y en 1946 participó en representación de Argentina, del Congreso Americano de Maestros realizado en México. También integró como secretaria la Junta Ejecutiva de la Comisión de Homenaje a la Ley 1420.

Sin embargo, tantos reconocimientos por parte de organismos y estudiantes no alcanzaron para evitar que en 1950 el entonces director de Educación de Santa Fe, Leopoldo Marechal, firmara su cesantía por llevar a cabo una labor opuesta a la política educativa con “doctrinas vanguardistas estructuradas en el extranjero”.

Pero Olga no desistió y consiguió trabajo en el Colegio de Estudios Superiores de Rosario. Desde 1955 obtuvo otros cargos importantes como inspectora de Escuelas de Santa Fe, asesora del departamento de extensión universitaria de la Universidad Nacional del Litoral y directora de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.

La carrera de la entonces llamada por sus alumnos “señorita Olga” siguió creciendo progresivamente hasta que fue finalmente reconocida a nivel internacional por la UNESCO, organismo que la nombró delegada oficial del Congreso de Planificación de la Educación de en Washington y experta en Formación de Maestros en Honduras.

La pedagoga y docente falleció en Rosario a sus 88 años. No sólo transformó la educación argentina y mejoró notablemente el trato, las actividades, los valores y recursos con los que se enseñaba. Olga Cossettini dejó una huella en miles de alumnos que pasaron por sus aulas quienes la recordarán, además, como ejemplo de perseverancia y lucha por lo que creyó correcto.