El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos presentó el segundo informe que analiza el vínculo entre el uso de drogas y el delito en relación con la vulnerabilidad social de los consumidores. Es el resultado de más de 1800 encuestas a internos de centros de tratamiento de adicciones de todo el país.

Se presentó el segundo informe sobre “Consumo de drogas, prácticas delictivas y vulnerabilidad social”. Se trata de una investigación realizada a partir de más de 1800 entrevistas realizadas en 2016 en centros de tratamiento de adicciones que integran la Federación Argentina para la Prevención y Asistencia de las Adicciones de la Argentina (FONGA).

Los resultados del informe son de libre acceso a partir de la publicación del libro Consumo de Drogas, Prácticas Delictivas y Vulnerabilidad Social. En el acto de presentación de la publicación -en la sede del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación-, el director nacional de Política Criminal en materia de Justicia y Legislación Penal, Carlos González Guerra, celebró la “continuación del informe de 2015 y el trabajo significativo de todos los actores involucrados”.

“Es un orgullo para el Ministerio la producción de datos empíricos concretos para generar políticas públicas, no sólo desde la mirada del derecho penal sino desde la psicología y la filosofía”, destacó el funcionario.

“Lo importante de la investigación es que se relevan los centros para adictos a partir de un amplio espectro de preguntas, tales como la edad de inicio en el consumo de drogas, si habían abandonado el colegio, indaga sobre la situación familiar y si habían cometido delitos y si se relacionan con el consumo”, completó por su parte el subsecretario de Justicia y Política Criminal, Juan José Benitez.

 

Fotos: Patrick Haar.

 

El coordinador de Diseños Metodológicos para la Elaboración de Estudios y Estadísticas en Materia de Política Criminal, Hernán Olaeta, destacó “la importancia de la voz de las comunidades terapéuticas en un tema que abarca tres dimensiones complejas como el consumo de drogas, las prácticas delictivas y la vulnerabilidad social”. En esa línea, abogó que la investigación plasmada en un libro conlleve la “integración de los tres estamentos” mencionados.

El universo de encuestados estuvo integrado “mayormente por varones, solteros y policonsumidores”. Sólo el 13 por ciento son mujeres y el 50 por ciento tiene 25 años o menos. A ellos se los indagó sobre el contexto de inicio en el consumo y el delito, entre otras variables, a partir de prácticas sociales como su escolarización, el trato con su vínculo familiar y su inserción en el mundo laboral.

Así, en el grupo que refirió involucramiento en las prácticas delictivas, la edad de inicio de consumo de drogas se ubicó en edades más tempranas, siendo el promedio los 13.7 años, mientras que para los que refirieron no haberse involucrado en delitos, el promedio se ubica en los 17.2 años.

Escolaridad y trabajo

El informe también se hizo hincapié en los ámbitos escolares y laborales con la exposición de los resultados a cargos de los integrantes del equipo de la dirección: María Gabriela Innamoratto, técnica en prevención de adicciones; María Alejandra Acquaviva, médica psiquiatra; Juan José Canavessi, licenciado en Filosofía; y Jorge Ruiz, ingeniero y ex vicepresidente de FONGA.

En materia de escolaridad, el 29 por ciento de los jóvenes encuestados “logró terminar la escuela secundaria”. Mientras que el 85 por ciento de los menores de 18 años “abandonó la escuela” y las cifras más altas de escolarización precaria se focalizó en quienes completaron sólo el primario y no terminaron el nivel medio: 85 y 71 por ciento, respectivamente.

La edad estimada de “abandono escolar promedió los 16 años”, y en 466 casos la deserción estuvo relacionada con “problemas con las drogas”, mientras que la “falta de interés y el aburrimiento” se ubicó como la segunda causa, con 377 respuestas.

Los especialistas destacaron que “4 de 10 chicos retomaron la escolaridad tras la internación y el inicio del tratamiento en una comunidad terapéutica”.

Con respecto al mundo laboral, el segundo informe de este tipo elaborado por la Subsecretaría de Política Criminal mostró que el 53 por ciento de los jóvenes “perdió un trabajo por el consumo de sustancias”, en tanto que -ante la consulta de los encuestadores sobre “en que empleaban su tiempo libre”- 846 encuestados mencionaron que “tenían trabajos y changas”.

La Dirección Nacional de Política Criminal en materia de Justicia y Legislación Penal presentó el libro "Consumo de drogas, prácticas delictivas y vulnerabilidad social".

Interacción entre drogas y delitos

El 70 por ciento de quienes “mencionaron tener armas propias eran menores de 25 años” al momento de la encuesta, pero el “50 por ciento refirió que había algún arma en su hogar” y el “68 por ciento dijo que usó armas para delinquir”.

Sobre los efectos de “consumo de alguna sustancia” en la “comisión de delitos”, las estadísticas relevadas muestran que un 70 por ciento de los jóvenes sustrajo objetos o dinero del hogar familiar para adquirir sustancias psicoactivas, al tiempo que 9 de cada diez dijeron que fue ese delito el primero que cometieron.

Consultados sobre la interacción de estas “prácticas de riesgo” 406 jóvenes (de 1066) mencionaron que “muchas veces cometieron delitos estando drogados”, 265 dijeron que fueron “pocas veces” las que lo hicieron  y 148 que “nunca” delinquió bajo los efectos de sustancias. Por otra parte, la mayoría (466 casos) respondió que “muchas veces” cometió delitos para comprar drogas.

Cuando se consultó respecto de los actos en contra de la ley afuera de la casa, el 63 por ciento mencionó que incurrió en al menos una conducta tipificada en el Código Penal. Entre los menores de 18, la respuesta afirmativa se dio en mayor proporción (81 por ciento), mientras que si se extiende la franja hasta los 25, el índice es un 6 por ciento menor.