La ONG les enseña a mujeres de contextos vulnerables a ser maquilladoras profesionales. Este oficio les brinda herramientas para construir una vida laboral y así desarrollarse de manera independiente. Ya fueron capacitadas más de 700 alumnas.

Un delineador o un lápiz labial pueden cambiar la vida de una persona. Nathalie Stevens se desempeñó durante más de veinte años en empresas multinacionales dedicadas al negocio de la cosmética, y en 2013 se desvinculó de la industria y comenzó a buscar nuevos horizontes. Creó la Fundación de los Colores a partir de un quiebre en su salud y de una percepción que tuvo a lo largo de los años que se desempeñó en cargos gerenciales del área de marketing: enseñar el oficio de maquilladora a mujeres en situaciones de vulnerabilidad social.

“En las empresas de cosmética buscaban, para maquilladoras, personas que hubieran trabajado como empleadas domésticas, y esto se fundaba en el hecho de que era gente con muy buena motricidad fina y lo que hacían era formarlas. Vi muchísimos casos de movilidad social, pese a parecer una industria de lo frívolo, pero ese cambio social se daba”, cuenta Nathalie. “Con el tiempo –agrega- ese espacio se perdió porque empezaron a tercerizar el trabajo, aparecieron las promotoras, y eso se diluyó. Me quedó el hecho de decir cómo es que eso desapareció. A medida que los problemas sociales de la Argentina se agravaron, pensé en eso constantemente”.

En 2013, aquejada por un problema de salud grave, se alejó del negocio cosmético y se  dedicó a recuperarse. Y a pensar cómo instrumentar aquella modalidad que ella había visto que funcionaba. “En abril de 2015 empecé una prueba piloto: contacté a una maestra que enseñaba alfabetización para adultos a mujeres de la villa 1.11.14, en el hospital Ramos Mejía. Me presenté y les dije si querían aprender a maquillar. Sorprendidas por una oferta inusual, me dijeron que sí, y ahí aprendí todo lo que hoy sabemos en la Fundación de los Colores.”

Pidió financiación a amigos y con el dinero les proveyó a las alumnas los materiales (maquillaje  profesional) y las beneficiarias devolvieron el importe invertido mediante ingresos logrados con el trabajo de maquillaje.

Foto: gentileza Abanderados de la Argentina Solidaria.
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Nathalie Stevens, creadora de la Fundación de los Colores.

El programa de la Fundación consiste en un curso que dura tres meses, con una frecuencia de una vez por semana, durante dos horas y media, y que tiene el aval académico de la Universidad de Flores. Dice que parte del aprendizaje fue entender que el curso no podía limitarse a lecto-escritura, y que eso no fuera un impedimento.

“Cuando las alumnas aprueban los exámenes y las tareas prácticas, se reciben en la Universidad, lo cual implica que las familias las resignifiquen al verlas en la ceremonia de entrega de los diplomas”. Al recibirse, se les entrega las herramientas de trabajo y un uniforme, confeccionado por un diseñador.

El oficio de maquilladoras les permite desarrollarse de manera independiente y con flexibilidad horaria, y a la vez crecer y desarrollarse profesionalmente en la medida de sus esfuerzos y talentos.

Contra el “no puedo”

“Aprendí que las mujeres de 35 años en contextos vulnerables son ya abuelas que se desconectan de su lado femenino, que en muchas casas carecen de espejos, y que cuando se vuelven a conectar con su femineidad, se ven maquilladas correctamente y se autoperciben lindas. Es un primer cambio increíble”, argumenta. Otro cambio que opera en las alumnas es cuando descubren que son personas con capacidades para un oficio. El tercer cambio es cuando descubren que pueden ganar dinero con esa actividad.

“Lo que detectamos fue que los cursos había que dictarlos en los barrios, porque al alejarse del primer cordón del Conurbano es extremadamente difícil llegar a la Capital: si el curso dura casi tres horas la mujer se debe alejar todo el día de su casa, por lo que dictamos clases en 16 puntos” de la Capital y el Gran Buenos Aires. No tienen una sede fija en cada lugar, sino que trabajan en red con organizaciones locales, como comedores, centros de ayuda escolar, porque “donde hay chicos, hay madres”.

Stevens sostiene que una maquilladora cobra por su técnica y por los materiales que usa, pero también afirma que no alcanza con la pericia instrumental, por lo que las alumnas reciben además de los contenidos teórico-prácticos, una serie de conocimientos vinculados a lo social y lo comercial.

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“Está muy arraigado en la población de mujeres en situación de vulnerabilidad el “no puedo”. Y entonces les cuesta pensar que pueden cobrar por su trabajo. Por eso, les enseñamos no sólo a maquillar sino también a cobrar. Es importante que aprendan también eso, porque si no le estás poniendo encima una mochila y no una salida laboral: les enseñamos cómo cobrar, cómo pasar un presupuesto por un trabajo, cuándo decir el precio o hacer un descuento”.

También las instruyen en conceptos de trato social, porque deben apuntar a poder vincularse comercialmente con distintas clases sociales. Entre las obligaciones que tienen las alumnas, está la de abrir una cuenta en redes sociales que tenga el perfil de una maquilladora profesional. Hacer visible lo que han aprendido a hacer, en definitiva.

Un ejército de maquilladoras

Una vez que egresan, las ex alumnas forman parte de la comunidad de la Fundación de los Colores. Entonces, si se detecta que les faltan competencias, se las capacita gratuitamente en redes sociales, en presentación e imagen personal, o en técnicas de maquillaje más avanzadas. También tejen una red laboral, dado que la fundación crea enlaces con empresas que contratan cursos de automaquillaje.

Todas las capacitadoras que dictan los cursos, son maquilladoras egresadas de los cursos de la Fundación. En la actualidad, son 12 capacitadoras, número que se ampliará a 20 luego de los exámenes que deberán afrontar en febrero de 2018. Hasta el momento, el número de egresadas es de 255 mujeres, y fueron capacitadas más de 700 alumnas.

maquillaje 5“Nuestra misión es concientizar a la mujer de todo su potencial, a través del oficio de maquilladora profesional, para que tenga una vida laboral con sentido -postula Stevens-. A nivel personal, creo que lo que hacemos desde la Fundación es apostar a que todas las mujeres tenemos que tener la oportunidad de hacer lo que queremos. A la vulnerabilidad la defino como falta de oportunidades, que deriva en que las personas accedan a lo que puedan y no a lo que desean”.

Las historias de cada una de las alumnas son, señala la directora, experiencias de vida que hablan de superación. “Cuando se rompe el ‘no puedo´, se lo hace en todos los aspectos de la vida. Tenemos personas que cortaron con situaciones de violencia familiar, que empezaron a estudiar una carrera universitaria, a partir de formarse como maquilladoras”, concluye.