Carlos Sica, psicólogo social y fundador de EPS

“Nuestra intervención ocurre en el lugar de emergencia”

Foto: Gentileza Abanderados de la Argentina Solidaria.

Los voluntarios de Emergencias Psicosociales ofrecen auxilio psicológico y contención emocional a víctimas de catástrofes, en el momento del hecho. Creada en 1991, diseñó un protocolo de contención psicológica con continuidad hasta que el afectado supera el trauma.

Con un esquema similar al de los bomberos voluntarios, los miembros de la ong Emergencias Psicosociales (EPS) están siempre listos para intervenir las 24 horas del día. Carlos Sica y su equipo integrado por más de 100 voluntarios brindan apoyo psicológico y contención emocional a los heridos y familiares en escenarios de catástrofes.

Se trata de una organización fundada en 1991 que nuclea a psicólogos sociales. Juntos han estado presentes en catástrofes nacionales, como el atentado contra la AMIA, el accidente aéreo de LAPA, el incendio del boliche Cromañón y las inundaciones en La Plata y Luján, entre otras.

El objetivo de esta misión solidaria es “que las víctimas puedan ir transitando esos primeros momentos tan pero tan desconcertantes hasta ir recuperando poco a poco ese equilibrio emocional perdido”.

La asistencia de “primeros auxilios psicológicos” que brinda el equipo se focaliza en apaciguar la angustia de los afectados, a la vez que se procura ayudarlos a que recuperen el equilibrio emocional tras el trauma, y reducir sus secuelas. Se busca, en síntesis, que las personas afectadas puedan retomar el curso normal de sus vidas.

EPS cuenta con un equipo base en permanente contacto, con un protocolo de comunicación mediante el cual se acercan a la zona del evento. También aplican un sistema de relevos porque se dan situaciones en las que deben permanecer en el lugar durante varias jornadas. “En el caso de la AMIA, estuvimos siete días y siete noches, y en Cromañón todavía más, y por eso nos relevamos para que haya siempre entre 10 y 12 voluntarios en el lugar de la emergencia”, graficó Sica.

“En estas situaciones el dolor está siempre presente, pero nosotros buscamos evitar que se agregue sufrimiento”, puntualiza el psicólogo social, que trabaja en psicología comunitaria desde el año 1971. En 1987 fundó la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina.

¿Cómo interviene el servicio de asistencia psicológica en la vía pública? Su protocolo consta de cuatro pasos: el primero es el encuentro entre asistente y asistido, en el cual prima -señala Sica- la cercanía humana. Una vez que los asistidos “aceptan” la compañía de los voluntarios, se avanza al segundo paso, que es denominado “catarsis”: el desahogo de las emociones retenidas. “Por lo general, las personas están en shock, pero por cuestiones socioculturales no siempre desahogan sus emociones. Cuando están muy bloqueadas, es importante propiciar esa catarsis”, reflexiona el psicólogo social. De no efectuarse ese paso, esa descarga retenida produce secuelas que se conocen como “postraumáticas”, que requieren una terapia más prolongada. La idea es prevenir la aparición de esas secuelas

El tercer paso se denomina “verbalización”: después del desahogo de los sentimientos retenidos, es crucial poder poner en palabras los sentimientos y los pensamientos que se han tenido desde el comienzo del hecho.

“El acto de verbalizar lo sufrido permite recobrar el equilibrio emocional”, detalla Sica. La persona empieza a estabilizarse, a pensar los próximos pasos que tendrá que dar. El último, es el “proyecto”: no en términos existenciales sino un proyecto inmediato de futuro. “Si planifica, por ejemplo, dónde va a dejar a sus hijos y qué trámites va a hacer en lo sucesivo, nos da la pauta de que la persona está parada sobre sus pies y proyecta sus pasos”. Si los sobrevivientes son familiares de víctimas fatales, el paso contenido dentro de esta última fase es la elaboración del duelo.

Recién cuando se cumplen todas estas instancias es que finaliza la intervención de EPS con las personas damnificadas. Igualmente, la ONG deja un canal abierto con las personas asistidas, por si en el corto plazo no se siente bien y necesita volver a elaborar lo que vivió.

“Lo fuerte de nuestra intervención abarca aquello que no existía: en el lugar de emergencia y durante las horas o días que transcurre, porque en todas las situaciones la ayuda es de orden físico: ambulancias, médicos, bomberos, Defensa Civil, evacuación, pero nadie se ocupaba de la angustia que atravesaban las personas”, explica.

Las heridas del alma cicatrizan más lento

En 2016, EPS impulsó el Primer Congreso Internacional de Emergencias Psicosociales. Del contacto con otras organizaciones fue que EPS detectó que su desarrollo es pionero a nivel mundial, ya que organizaciones similares -en España o Chile- comenzaron a funcionar recién a partir de la década de 2000. EPS ha intervenido además en situaciones de catástrofe en países vecinos como Uruguay y Paraguay.

Los requisitos para formar parte de esta organización totalmente carente de lucro son los de ser psicólogo social o estudiante avanzado de la carrera de psicología social. Anualmente se lleva a cabo un seminario de capacitación para que las personas que quieren formar parte tengan las mismas herramientas metodológicas para operar en los momentos de crisis.

“Todos nuestros desplazamientos a zonas de catástrofe, como en caso de inundaciones o terremotos, lo hacemos a pulmón, no tenemos financiamiento. Pero sí contamos , después de tantos años de trabajo, con la ayuda de instituciones que a veces nos ceden pasajes u hospedajes”, detalló el fundador.

La ONG posee sedes en las ciudades de Buenos Aires, Luján (en la provincia de Buenos Aires), Neuquén, General Roca (Río Negro) y en Montevideo, Uruguay.

“Damos contención y acompañamiento, porque las heridas físicas muchas veces cicatrizan mucho más rápido que las del alma”, concluye Sica, quien asegura que “recibir la gratitud de las personas y ver su recuperación son una satisfacción enorme”.