Fabián Saieg, presidente de la Fundación Ecoinclusión

“Nos focalizamos en transformar residuos”

La Fundación Ecoinclusión emplea botellas desechables como insumos para sus ladrillos. Con cada bloque, 20 botellas de PET son sacadas de circulación hacia un destino solidario: la construcción de espacios comunitarios y viviendas sociales.

Son tres amigos, cada uno con trayectorias profesionales distintas: Fabián Saieg es licenciado en Ciencia Política, Leandro Lima es músico y Leandro Míguez es licenciado en Recursos Humanos. Más allá de sus especialidades, consiguieron que la vocación por ayudar a los demás se materialice en la Fundación Ecoinclusión, dedicada a la fabricación de un ladrillo ecológico elaborado a partir de residuos plásticos.

“Queríamos simplemente hacer algo que tuviera impacto social y ambiental, porque no estábamos vinculados al mundo de la construcción, y empezamos a buscar qué se podía hacer”, comenta Saieg, presidente de la fundación. Estos tres jóvenes -cuyas edades oscilan entre los 27 y 28 años- entendieron que los ladrillos ofrecían una doble solución: por un lado, evitar que las botellas se conviertan en basura, y por el otro, destinarlas a construir un espacio comunitario que genere desarrollo en el barrio.

Foto: Fundación Ecoinclusión
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Ninguno de ellos es especialista en temas de construcción, pero se contactaron con el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), ente que desde 2006 ostenta la patente para hacer un ladrillo ecológico, a base de plásticos reutilizados.

“Empezamos a interiorizarnos sobre el Ceve-Conicet, que son quienes desarrollaron y patentaron el ladrillo ecológico, hicimos cursos de capacitación y nos lanzamos”, explicó. No lo hicieron con la intención de meterse en lo relacionado a la arquitectura y la construcción sino apuntando a la parte social, enfatizó Saieg.

Foto: Fundación Ecoinclusión
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De eso se trata Ecoinclusión: consolidar un espacio de innovación con impacto social, que puede encontrar su canalización, por ejemplo, en la concreción de viviendas construidas de manera sustentable, con la menor afectación posible del medioambiente.

Asesorados técnicamente por el Consejo, avanzaron en la fabricación de materia prima en un predio ubicado en Alta Gracia, Córdoba, desde 2014. El lema que los impulsa es la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sustentable.

Transformar los residuos

Desde la página de la Fundación, las organizaciones que lleven adelante proyectos sociales pueden inscribirse para ser potenciales beneficiarias de los ladrillos. “Los seleccionamos en una reunión que hacemos con auspiciantes: gobiernos locales, empresas y organizaciones sociales que aportan los fondos y que eligen el destino social que le quieren dar”, explica el presidente.

Foto: Fundación Ecoinclusión
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Para febrero del año próximo tienen proyectado adquirir un nuevo molino que puede procesar 500 kilos de plástico por hora, frente al actual que muele unos 20 kilos por hora. El costo de elaboración del ladrillo ecológico se aligerará así considerablemente: “Vamos a volvernos más eficientes, y vamos a igualar el costo del ladrillo común”, promete.

La configuración técnica del bloque desarrollado es simple: cada uno está hecho con 20 botellas. Pesa 1,5 kilos, lo que significa un 30 por ciento menos que uno convencional. El objetivo es fabricar 50 millones de ellos al año, para construir más de 830 mil metros cuadrados de viviendas sustentables. Los ladrillos con plástico PET reciclado son un componente para muros exteriores e interiores.

Se estima que en la Argentina, a diario, se desechan 12 millones de botellas de plástico, de las cuales se recicla apenas el 15 por ciento.

A través de convenios con municipios y recicladores urbanos, las botellas plásticas son derivadas a la fábrica de ladrillos en Alta Gracia. El staff de Ecoinclusión lo integran en la actualidad 10 personas.

Foto: Fundación Ecoinclusión
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El proceso de elaboración de los ladrillos se inicia a partir de la decisión de una persona de reciclar una botella. Una vez depositados en los canastos diferenciados, los materiales de desecho van hacia la planta. “Se trituran las botellas y se las pulveriza hasta quedar con la consistencia de arena. Se mezcla con cemento, se compacta y se la moldea con una máquina manual rodante. Es un proceso limpio, sin contaminación del ambiente”, detalla Saieg.

Como cabeza visible de Ecoinclusión, señala: “Estamos focalizados no tanto en la producción de los ladrillos, sino en la transformación de los residuos, en utilizar el desecho como materia prima para otro producto”.

Empezaron con el plástico pero la intención es buscar nuevos desechos que contaminan y transformarlos en productos de valor, aseguró Saieg.