El 19 de julio se cumple una década de la muerte del genial humorista, dibujante y escritor rosarino. Su fama trascendió las fronteras de Argentina. Se estrena una película inspirada en sus cuentos.

Hace diez años que no está, pero su humor y sus personajes entrañables siguen vivos, porque es un símbolo del humor gráfico en la Argentina. Roberto Fontanarrosa había nacido en 1944 y murió –quizás demasiado pronto-  el 19 de julio de 2007, a los 62 años. En enero de ese año había dejado de dibujar sus historietas porque había perdido el completo control de su mano derecha a causa de la esclerosis lateral amiotrófica que le habían diagnosticado cuatro años antes.

Humorista, dibujante, cuentista, novelista. Fue todo eso y más. Su fama trascendió las fronteras de la Argentina.  Durante su infancia en Rosario había empezado el fanatismo por la historieta. Misterix, Rayo Rojo o las publicaciones de editorial Frontera, y los autores que dejaron marcas en varias generaciones: Héctor Oesterheld, Hugo Pratt, Alberto Breccia.

Había dejado la secundaria industrial en tercer año. El estudio no era lo suyo y el viejo Berto Fontanarrosa lo mandó a trabajar en 1963 a una agencia de publicidad. “Aprendí mucho, la parte creativa de la publicidad realmente me parecía interesante y suponía que iba a seguir haciendo eso”, contó en una entrevista con la revista Sudestada. Todo cambió en el año 68, con la salida de la publicación Boom. “Ahí un poco descubrí lo que era trabajar para una revista”. Ese año también sale su primer chiste.

En boogie31971 nació uno de sus principales personajes, Boogie el Aceitoso, esa mezcla de James Bond y Harry el Sucio (más Harry que James). Al año siguiente, empieza a ser un asiduo colaborador de dos revistas fundacionales del humor gráfico: la cordobesa Hortensia y la porteña Satiricón.

En el convulsionado 1976 vio la luz su personaje, quizás, más famoso: Inodoro Pereyra, el Renegau. El hogar de Inodoro –acompañado siempre por su perro Mendieta- son las páginas, primero, del diario Clarín y después de la revista Viva.

Puro fútbol

Fue en los ochenta colaborador de Les Luthiers y también a principios de esa década publica su primera novela, Best Seller. En 1982 se editó también su primer libro de cuentos, El mundo ha vivido equivocado. Le siguieron muchos otros: La mesa de los galanes, Usted no me lo va a creer, El rey de la milonga, Puro fútbol, El mayor de mis defectos y Uno nunca sabe, son algunos de los títulos. “De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: ‘Me cagué de risa con tu libro’”. No ganó el Nobel, pero sí dos premios Konex.

Fanático del fútbol, pero más de Rosario Central, le dedicó a la pelota varias de sus obras. El cuento “19 de diciembre de 1971” es un clásico de la literatura futbolística argentina.

fonta“Sólo dos veces mi mujer me despertó antes de las diez de la mañana: una fue cuando me dijo: ‘invadieron las Malvinas’. Y la otra: ‘Maradona firmó para Newell’s’. Dos catástrofes”, recordó en una entrevista.  Antes de la aparición de la esclerosis, la enfermedad que lo dejó en silla de ruedas, jugaba todas las semanas con sus amigos.

“El Negro” también se juntaba todas las semanas con sus amigos en el bar El Cairo. Esas reuniones fueron bautizadas como la “mesa de los galanes”, escenario de muchos de sus cuentos. Desde los años noventa, la mesa se mudó al bar La Sede, hasta la reapertura de El Cairo.

Los últimos años

Fontanarrosa tuvo dos matrimonios. Con su primera esposa tuvo a su único hijo, Franco. Su última mujer fue Gabriela Mahy. Se habían conocido en 2002 y se casaron cuatro años después. “No importa si lo nuestro duró poco: fue un premio a la vida”, dijo Mahy en el primer aniversario de la muerte de El Negro.

Fue expositor en el III Congreso de la Lengua Española, que se hizo en Rosario en 2004. El discurso que dio fue histórico: defendió a las “malas palabras”  y pidió una amnistía para ellas. Contó: “Yo me acuerdo de que en mi casa mi vieja no decía muchas malas palabras, era correcta. Mi viejo era lo que se llama un mal hablado, que es una interesante definición. Como era un tipo que venía del deporte, entonces realmente se justificaba. También se lo llamaba boca sucia, una palabra un poco antigua pero que se puede seguir usando. Era otra época, indudablemente. Había unos primos míos que a veces iban a mi casa y me decían: ‘Vamos a jugar al tío Berto’. Entonces iban a una habitación y se encerraban a putear. Lo que era la falta de la televisión que había que caer en esos juegos ingenuos”.

fontanarrosa_2En 2006 el Senado le otorgó la Mención de Honor “Domingo Faustino Sarmiento” por su aporte a la cultura. El 18 de enero de 2007 anunció que dejaría de dibujar. Pero no dejó de escribir los guiones. Su amigo y dibujante Crist siguió ilustrando sus chistes sueltos. Y Oscar Salas hizo lo mismo con sus historietas de Inodoro Pereyra. Murió el 19 de julio de 2007 en Rosario. En su despedida estuvieron miles de personas.

Seis directores de cine rosarinos filmaron “Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo”, en base a seis cuentos del dibujante. Lo estrenarán el 19 de julio, en el décimo aniversario de su muerte. Están los relatos “Vidas privadas”, “No sé si he sido claro”, “El asombrado”, “Sueño de barrio”, “Elige tu propia aventura” y “Semblanzas deportivas”. Y los protagonistas son Darío Grandinetti, Gastón Pauls, Julieta Cardinale, Luis Machín, Dady Brieva y la venezolana Catherine Fulop, entre otros.

El día de su muerte, el diario La Capital de Rosario tituló “Qué lo parió”, la frase clásica de Mendieta.

En coincidencia con la fecha de su nacimiento, cada 26 de noviembre se celebra en la Argentina el Día Nacional del Humorista.

“Me parece un lindo homenaje al Negro, y excelente que se haya elegido su cumpleaños y no el día de su muerte”, dijo Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de la Flor, amigo y editor de Fontanarrosa.

Consultado por la muerte, a un periodista le había confesado: “A mí no me va eso de nirvana o los jardines con minas tocando la flauta. A los dos días ya te querés cortar las pelotas. Al cielo le pondría canchitas y un par de bares, porque en el bar estás en tu casa y a la vez estás balconeando la calle”.