Museo Malvinas inauguró la muestra “Fragmentos de memorias”

Estamos hechos de memoria. Y la memoria -a través de momentos cristalizados, imágenes y objetos- es también una manera de trasladarse en el tiempo y darle una presencia renovada a lo que quedó atrás, a la experiencia ya devenida en historia.

“Fragmentos de memorias” es el título de la muestra temporaria sobre la experiencia de la guerra de Malvinas que inauguró el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada. A través de fotografías, videos, medios gráficos y objetos personales de ex combatientes argentinos y británicos, se recrea una fase traumática para la sociedad argentina cuyas cicatrices todavía son visibles a 35 años del comienzo de los combates.

La muestra está organizada a partir de objetos y fotos donados por particulares al museo durante 2016, y en su carácter fragmentario consigue traer el reflejo de aquel suceso histórico que prefiguró el final de la última dictadura cívico-militar. Dividida en dos segmentos, el primero de ellos está conformado por nueve vitrinas donde se exhiben distintos elementos que condensan visualmente las vivencias extremas de los soldados en el Atlántico Sur.

Así, una de las vitrinas conserva la labor de los medios nacionales durante los dos meses de enfrentamientos con los ingleses, y pueden verse ejemplares de la revista Gente, con su ya mítica y falsamente triunfalista tapa con el título “¡Seguimos ganando! (que también es reproducido aparte en una gigantografía), y un detalle de las bajas infligidas a las fuerzas de Margaret Thatcher. También se expone “Pasamos a la ofensiva”, título del diario Convicción, propiedad del Almirante Emilio Massera. Y dos ejemplares del diario La Razón, uno del 2 de abril, anunciando que las Malvinas tenían gobierno argentino.

En otra vitrina, se ve una campera verde oliva y el casquete que conformaban el uniforme reglamentario de las fuerzas argentinas. Como dato anecdótico, se acompaña un texto que indica que el casquete, debido a las condiciones climáticas extremas de la región, pasó a llamarse Panoca (sigla de la frase “Pa´no cagarse de frío”). En un rincón, se transcriben unos versos del tema “La hermanita perdida”, dedicado a Malvinas y de autoría de Atahualpa Yupanqui y Ariel Ramírez.

Hay también cartas enviadas por los soldados desde el frente de batalla, amarillentos cables de agencias de noticias, y un casette antediluviano que encierra una historia: el soldado Eduardo Barrancos, del Batallón Logístico 10,  grabó un bombardeo británico y ese registro puede ser escuchado ahora a través de auriculares.

En otro sector del primer segmento, cuatro pantallas reproducen, en loop, imágenes televisivas: están la cadena Nacional de Leopoldo Galtieri, en el balcón de la Casa Rosada, anunciándole la toma de Malvinas a una Plaza de Mayo colmada de ciudadanos entusiastas, el Comunicado Número 1 de la Junta Militar el día del desembarco, y el Comunicado 16, con el anuncio del hundimiento del navío ARA General Belgrano. Con retrospectivo aire siniestro, se reproduce además el spot “Argentinos a vencer” con su slogan “Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro”.

El segundo segmento, bajo el título “Mi foto de Malvinas”, es un itinerario por las vivencias personales de aquellos que conservaron una fotografía amateur de cómo los encontró la previa y el curso de la guerra, y que han sido donadas al museo. Una primera parte (“Vísperas”), con fotografías de visitantes de las islas en 1974, soldados bajo bandera visitados por sus padres en 1981, y otras tomas de la vida cotidiana en tiempos de paz.

En el segundo apartado, se ven tomas de combatientes con armamento o cargando bolsas de tosca para poder calentarse, o un cura dando la Misa de Campaña; fotos de aviadores junto a Mirages, y de los pozos que operaban como trincheras y refugios, junto a un texto desgarrador que dialoga con la imagen de un recluta sonriente con una pala en la mano: “Se cava un pozo para seguir con vida. Se cava otro pozo para al que no le sirvió de nada cavar”.

El último tramo (“La posguerra”) muestra fotos de ex combatientes volviendo a Malvinas a partir de 1990; tres jóvenes miran a la cámara, y uno de ellos ignora que morirá en el General Belgrano, y, por último, el retrato de una ausencia: la foto donada por el soldado Antonio Reda en la que se lo ve junto a su compañero Víctor Rodríguez, que perdió la vida en tierra malvinense.

Curada por el director del Museo Malvinas, Federico Lorenz, el leiv motiv de la exposición es que “muchos de los que vivieron esos días condensan sus experiencias en un objeto”. El horario de visita es de miércoles a viernes de 9 a 17 horas; sábado, domingo y feriados de 12 a 20 horas, y la entrada es libre y gratuita.

En la entrada a “Fragmentos de memorias”, un panel reproduce un párrafo del libro “Ante el dolor de los demás”, de la norteamericana Susan Sontag. Se lee: “No podemos imaginar lo espantosa, lo aterradora que es la guerra, y cómo se convierte en normalidad. No podemos entenderlo ni imaginarlo”. De no naturalizar el horror y de comprender la radicalidad del sufrimiento que deja tras de sí la guerra es de lo que trata esta muestra.