La solidaridad es una forma de la fe y, por eso mismo, es capaz de mover montañas, de provocar transformaciones que, a priori, podrían pensarse como inalcanzables. Así lo entienden los cientos de participantes del colectivo “Movimiento Solidario Rosario”.

Se trata de una asociación civil que emprende acciones puntuales, orientadas a asistir a grupos en situación de grave vulnerabilidad social, y que procura generar un espacio de compromiso ciudadano en aquellos lugares donde la ayuda es imprescindible.

Como muchos otras ONGs que desarrollan sus tareas en la Argentina, el MSR tiene su radio de acción en la ciudad de Rosario, pero sus intervenciones en ocasiones se extienden a otros puntos del territorio cuando existe la demanda.

Las tareas solidarias del Movimiento rosarino comenzaron en 2009, a instancias de la voluntad de su fundador Ricardo Camarasa, y tuvieron lugar en una sede de la avenida Inmigrantes; inicialmente, consistió en la preparación de una olla  popular para darle de comer a personas en situación de calle. Esto se hacía en la avenida Carlos Pellegrini, y con el paso de los meses se convirtió en una organización dedicada a recolectar donaciones destinadas a institutos, hogares, merenderos y homeless. A lo largo del tiempo, progresivamente, fue incrementándose el número de voluntarios que acercaban su aporte de tiempo y energía para colaborar en las tareas de distribución de lo recolectado.

“Tenemos organizada la ciudad en cuatro sectores, y cada una de las zonas cuenta con un coordinador que dirige las actividades que se llevan adelante -explica Camarasa-. Nuestras iniciativas son variadas: apoyo escolar, alfabetización y asistencia a personas en situaciones de conflictividad tanto de índole personal como social”. A la vez, el Movimiento conserva su espíritu primigenio y continúa realizando las recorridas nocturnas en distintos barrios de Rosario, entregando a quienes viven en la calle bandejas de comida y abrigo en época invernal.

“Lo que damos es una excusa para poder acercarnos a la  gente y, a través de un trabajo articulado y armonioso, hacer todo lo posible para sacarlos de esa situación”, argumenta Camarasa. En esa mano tendida, se cubren otros  espectros como asesoría para obtener documentos de identidad, partidas de nacimiento, pensiones y jubilaciones, asignaciones familiares e incluso el armado de curriculums para intentar sacar a las personas de las calles. Mediante esas recorridas, en ocho años han brindado contención emocional y alimentos  a más de 300 personas.

Asimismo, el Movimiento ha logrado que 87 personas que vivían como homeless hayan revertido esa realidad adversa.  “Actualmente, contamos con cerca de 100 voluntarios, y como en breve vamos a dar clases de tejido, se van a incorporar muchas personas de edad avanzada que van a colaborar en la enseñanza”, anuncia.  Entre los voluntarios, está  Lautaro, un niño que se puso a la par de los mayores para tratar de mejorar las condiciones de vida de sus semejantes.

“Desde hace años trabajamos en problemáticas de catástrofes, inundaciones, bajas temperaturas, y también en ciudades alejadas de Rosario, haciendo un trabajo antes y después del momento de asistencia, y nuestras colectas también incluyen acciones como la recolección de artículos escolares para el comienzo del año lectivo, recorridas por hospitales de niños, maternidades, salas de pediatría, y también una vez al año hacemos una gran colecta para que en ningún hogar falte la comida y los regalos para celebrar la Navidad”, explicita. También realizan a mitad de año un almuerzo solidario, y con lo recaudado se solventan los gastos de la organización.

La asociación civil tiene una política de trabajar en red, y lo hace  tanto con la Municipalidad de Rosario, con la Provincia de Santa Fe y con Nación. “Vemos dónde hay una necesidad, y tratamos de ser un engranaje más en esta cadena de solidaridades que busca darle una respuesta inmediata a cada necesidad”.

Camarasa asegura que el nivel de compromiso de la sociedad santafesina es alto, y que cada vez más hay una toma de conciencia mayor de que una “verdadera política de trabajo es una política solidaria”, ya que a partir de esa filosofía es posible mirar al otro, tratar de comprender lo que le pasa y ponerse en su lugar. Iniciador del Movimiento, actualmente encarna el rol de presidente, y cree que en los próximos años la acción de la ONG tendrá un mayor alcance.

Por último, en la sede central (Italia 1828) se dictan distintos cursos de oficios, y Camarasa concluye afirmando que “es un gusto poder trabajar en la concientización del día a día, articulando la política de generar en los ciudadanos el efecto contagio, porque todo lo individual termina chocando con la realidad, mientras que una labor colectiva genera un impacto mayor e impulsa los cambios en pos de una mayor equidad”.