Martín Galanternik, fundador y Director de MiNU

“La simulación no es una competencia sino una actividad”

La asociación MiNU organiza simulaciones del Poder Legislativo en las que chicos de escuelas secundarias se ponen en el lugar de diputados y senadores, discuten y votan leyes. Hubo proyectos que luego se concretaron como una unidad móvil antibullying en Vicente López.

En 1999, Martín Galanternik no era licenciado. Recién terminaba la secundaria, en donde había vivido algunas experiencias aisladas de lo que se conoce como “simulación de modelos”. Con unos amigos empezaron a pensar en crear un modelo de simulación de la actividad de Naciones Unidas, como la que habían vivido, pero para hacerlo a través de internet. Fue un éxito. Así nació la asociación civil MiNU (Modelo por Internet de Naciones Unidas), que después pasó del plano virtual al presencial.

A partir de su labor en MiNU, entidad que organiza actividades para más de 3500 chicos cada año, Galaternik afirma que la primera simulación de ONU vía internet “nos cambió la forma de pensar. Nos abrió los ojos hacia otras problemáticas, mostró una realidad ajena a la que veíamos cuando estudiábamos”.

-¿En qué consiste el modelo de simulación del Poder Legislativo?

-Lo que hacemos, básicamente, es el camino del tratamiento de una ley, con las mismas reglas que las cámaras de Diputados y Senadores, adaptadas para poder sesionar y realizar el proceso en tres días, y que resulte pedagógico. Ningún chico tiene más poder que otro, no hay un jefe de bancada, no hay partidos más poderosos que otros. Sí tienen más diputados, se respetan las proporciones del Congreso.

-¿Cómo preparan a los chicos para participar?

-El modelo tiene varias etapas. En la primera, hay dos capacitaciones a las que deben asistir. Ahí les damos documentos virtuales, el reglamento y las recomendaciones para que aprovechen la participación. Y después está el trabajo que hace cada escuela con su docente. En la previa, lo que tienen que hacer es presentar proyectos de dictamen sobre esos temas, es decir, el trabajo en comisiones. Después tienen reuniones para definir cuáles van a tener dictámenes de mayoría, cuáles apoyan más, cuáles menos. Pero todo eso lo hacen los chicos por su cuenta en la previa. Llegamos al modelo con esos dictámenes ya impresos y con copias para todos. Así empieza es el camino del proyecto de ley para convertirse en una ley.

-¿Qué es lo que se le pide que hagan?

-Lo que tienen que hacer es trabajar esos dictámenes, defender los proyectos, negociarlos, conseguir avales para cambiarlos, agregar párrafos sin cambiar el espíritu del proyecto. Y después, votarlos. Si consiguen media sanción, pasa el proyecto a la otra cámara, que lo trabaja como sala revisora. Si lo aprueban, es ley. Si lo rechazan, depende de cómo lo hagan. Lo puede rechazar del todo o parcialmente, lo que devuelve el proyecto a la otra cámara, cambiado.

-¿La división es por partidos políticos reales?

-Sí, a diferencia de otras experiencias en las que los chicos se representan a sí mismos o a partidos políticos ficticios. Acá, entra la puja de intereses que existen, y que se ponen en juego. La idea es que los chicos traigan frescura. Ellos están con su propio nombre y apellido, van a ser ellos mismos, pero les decimos a qué partido político representan, de qué provincia, y están divididos por comisiones, como en el Congreso. Por ejemplo: si la ley contra el acoso escolar, la trabajan la comisión de Educación y la de Cultura. Y les tienen que dar la mirada de las comisiones que les tocan. En algunos temas es más fácil, en otros más complejos, y en otros hay más libertad de consciencia.

-Los proyectos que trabajan ¿son de leyes existentes?

-Hay de todo. Este año teníamos algunos que eran modificaciones de leyes que existen. Por ejemplo: la nueva Ley nacional de regulación y protección ambiental en la actividad minera. Es una ley muy vapuleada la que está, por lo que había margen para crear una nueva. Después tenemos un proyecto de ley de contra la violencia y el acoso escolar, que no tiene una ley específica de este tema. También se dio el caso de la ley de Acceso a la información pública, para la cual estábamos trabajando, y dos semanas antes de la simulación, tuvimos que cambiar el tema porque se sancionó. Son temas en los que hay posturas diferenciadas. Porque los proyectos en los que todos están de acuerdo, no son ricos para poder trabajar la discusión.

“Los temas que se tratan son en los que hay posturas diferenciadas. Porque los proyectos en los que todos están de acuerdo, no son ricos para poder trabajar la discusión”

-¿Qué les dan a los chicos: El proyecto, el título?

-El título y una guía que explica el tema, las leyes anteriores, para que tengan el marco. Es el inicio de la investigación, que tienen que seguirla porque solo con eso no les va a alcanzar. Y la postura a adoptar la tienen que investigar. No les decimos: “el Frente Renovador va a pensar así, Cambiemos asá, o el Frente para la Victoria de esta manera”. Y tienen que poder justificar su postura.

-¿Cuánto tiempo dura?

-El modelo nacional, el principal, abarca tres días. Vamos todos a un lugar (este año fue la Legislatura porteña; los últimos seis o siete años había sido en el anexo del Senado) y se realizan las sesiones. La elección de quién pertenece a cada partido es al azar. Y los presidentes de Senadores y Diputados son voluntarios nuestros. Porque una de las cosas era que no queríamos era que un chico tuviera más poder que otro. Decidimos que los presidentes deberían ser personas capacitadas para ceder la palabra, motivarlos a participar, resolver cuestiones que puedan surgir (chicos que se trabaron y se deprimen, disputas entre participantes). Lo que más hacen es motivar. Hay pibes que no se animan a hablar, y tienen que entender que no es una competencia sino una actividad educativa.

-¿Qué pasa con la leyes que trabajan en la simulación? ¿Quedan ahí?

-Se las acercamos a los diputados y senadores que se interesan por el programa, pero sabemos que es una simulación, que no es que los jóvenes piensan esto. Por otro lado, cuando simulamos el Concejo Deliberante en Vicente López, los proyectos de ordenanzas que salen de ahí, pasan al Ejecutivo. Y ya sucedió que dos proyectos que se trataron en la simulación terminaron siendo ordenanzas municipales. El primero que se sancionó uno que prevé la creación de una unidad móvil antibullying, que va visitando las escuelas. Lo tomó el intendente y lo propuso.