Una Fundación de abogados asiste diariamente en las zonas vulnerables porteñas ayudando a los ciudadanos a conocer sus derechos y obligaciones desde el origen. Enfocan su labor en quienes nunca tuvieron partida de nacimiento.  

En Galpón 1 del Barrio 31, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Fundación Microjusticia Argentina puso un pie hace seis años para trabajar en el primer derecho, la identidad jurídica.

La ley 26.413 insta a las personas a inscribir a los bebés recién nacidos en un plazo de 40 días. A partir de 2009, a través del decreto 90 que desde entonces se renueva todos los años, estira el plazo con un trámite administrativo hasta los 12 años con la presencia de dos testigos. Y si supera esa edad hay que iniciar un juicio. Este problema muy recurrente en barrios humildes es la base del trabajo de la ONG.

No hay cifras oficiales de los que nunca tuvieron ni partida de nacimiento ni documento, justamente porque no están ni estuvieron registrados. Pero algunas fundaciones relevaron un total país de 500 mil personas de todas las edades. En el Barrio 31, según los últimos datos oficiales de 2010, viven 26 mil personas aunque se calcula un incremento que eleva la cifra 40 mil habitantes.

De Europa a la Argentina

El origen de Microjusticia es ocurrente. La idea de un grupo de abogados de Holanda que comenzó documentando gente de la ex Yugoslavia colaborando con la realización de documentos de identidad. En Latinoamérica, en Bolivia y Perú, desembarcó trabajando con microfinancieras sociales, empresas que prestan pocas sumas de dinero con muchas facilidades y sin avales (ejemplo: no piden recibo de sueldo) para armar microemprendimientos.

En 2010, abogados recién recibidos impulsaron la ong como una herramienta en la feria de La Salada, en Lomas de Zamora. “Había problemas de migrantes y trabajamos en regularizar esta situación. Nos sorprendió la situación enorme de argentinos sin documento”, explicó la directora, la abogada Alejandra Martínez.

A diario están en un lugar distinto y trabajan también en el conurbano, en Dock Sud, Isla Maciel y Villa Inflamable, y en Salta, Jujuy y en julio empiezan en Tucumán.

Son dos las “patas” de la iniciativa jurídica-ciudadana realizada por completo por gente del derecho, sean estudiantes o abogados voluntarios. Por un lado, el “empoderamiento legal” para personas en situación de vulnerabilidad y, por otro lado, la “responsabilidad social profesional” donde les brindan el espacio a abogados de empresas o estudios jurídicos para que desarrollan otro tipo de prácticas a las que no están habituados en el barrio.

La primera ayuda

El equipo estable de nueve abogados trabaja asesorando a los padres para que inscriban a sus hijos, generan con el RENAPER la partida de nacimiento y el posterior DNI. “Al principio no trabajamos con la tramitación del primer DNI, sino con la identidad jurídica, es el registro de nacimiento de cualquier persona que tiene derecho a todo. Sin la partida no podemos hacer nada. Por eso, nosotros les hacemos conocer sus derechos y obligaciones como padre y como contribuyente del Estado”, señaló Martínez en la cancha de fútbol de “El Galpón”, la calle más transitada del 31 con negocios por doquier desde verdulería, carnicería, locales de arreglo de celulares y venta de muebles.

Con un staff estable de pocas personas pero con 50 voluntarios semestrales, Microjusticia organiza la logística de los abogados que colaboran seis horas semanales una vez por mes. “Nos contactan por la web o boca en boca, los capacitamos, les damos el lugar donde trabajar que también cuenta con un sistema on line para que sigan los casos hasta desde su casa a través de un software jurídico. La obligación es asistir a una de las visitas y el seguimiento de los casos a distancia si lo desean”, resumió la abogada que se emociona al poder transmitirse a su hija el valor del esfuerzo por el trabajo realizado.

“Que ella piense que las cosas pueden cambiar, a mí me gratifica. Que no piense que está todo podido sino que si se trabaja, pasa, cambia, modifica y mejora. Muchas veces no salen bien las cosas, pero cuando salen bien, la seguimos remando para que salgan”, resumió Alejandra lo gratificante de su labor.

En tanto, destacó algunos casos que la emocionaron: “Que Pedro haya tenido su jubilación y luego me llame para contarme que su casa tiene techo me mató. Lloré como una loca. Como esas un montón, como que Rosa tenga los documentos de sus hijos”, explicó.

Empezaron por trámite de origen, aunque hoy en día en los pasillos del Galpón reciben consultas por diferentes tipos de problemas, desde los más comunes como divorcios o cuotas alimentarias, hasta filiaciones, consultas tributarias o permisos de viaje de alguno de los progenitores que se fugó.