Revinculación familiar a través de la mediación penitenciaria

Intramuros, o a través de ellos, el canal de diálogo en las cárceles es una forma de reducir la violencia a través del uso de la palabra. Un equipo de profesionales trabaja en los distintos Penales para lograr los objetivos.

En línea con las Reglas Mandela que plantean la convivencia pacífica en las cárceles y los procedimientos de disminución de la violencia, la revinculación familiar es uno de los ejes del programa de mediación penitenciaria de la Dirección Nacional de Mediación y Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

Mediación penitenciaria
Silvana Blumett

Este tipo de mediación puede ser efectuada dentro del ámbito del servicio penitenciario (intramuros) entre personas privadas de libertad, entre presos y las fuerzas de seguridad (que son los guardiacárceles), o, el más común y el caso típico, entre reclusos y su familia. Esta medida se la denomina revinculación social o familiar. Su titular, Raquel Munt, expresó que “el faro es la reinserción social con la idea de facilitar ese proceso de diálogo y encuentro entre el recluso y su familia”.

Es una instancia de diálogo pero no es una conversación. Sino que es un “proceso con un objetivo determinado que tiene que ver con su reinserción social para que el condenado se haga responsable del daño que causó, lo pueda reparar y reinsertarse socialmente”. Desde la dirección,  agregaron que “nadie lo puede hacer si rompió todo tipo de vínculos con el afuera” sean su familia, o sus amigos.

El equipo de abogados y psicólogos trabaja cada caso en particular, sobre toda la población carcelaria de los complejos penitenciarios federales. Y abarca a todos los delitos salvo los de lesa humanidad y los casos de violencia de género en los cuales haya medidas cautelares de restricción o contacto efectuada por juzgado de familia.

La abogada penalista Silvana Blumett dirije un equipo que trabaja con las poblaciones  carcelarias. En Devoto 1700 personas privadas de su libertad, en Marcos Paz 2000, y en los diferentes complejos de Ezeiza, 2500. La tarea se enfoca en jóvenes adultos (de 18 a 21 años), hombres y mujeres mayores y mujeres con hijos.

Mediación penitenciaria. Dra. Blumett, abogada penalista.
Raquel Munt

Silvana destacó la “constancia” como un eje central del proceso a lo largo del tiempo porque los reclusos tienen “un reloj que funciona diferente a los que usamos nosotros. Influyen factores como su condición procesal si se aproxima el juicio oral, y emociones como la ansiedad y la esperanza de la llegada algún familiar o su posible libertad”, agregó.

En detalle, las mediaciones penitenciarias se llevan a casos de revinculación familiar: como lo son acordar régimen de visitas de los hijos, problemas con la pareja, cuotas de alimentos, hasta división de propiedades. Por conflictos típicos de convivencia entre presos debido al hacinamiento en pabellones de 120 internos, hasta problemas de convivencia como el limpieza y el orden de la celda, los grupos antagónicos, y demás. En tanto, se dio un caso único de mediación penitenciaria entre un interno y una interna en dos cárceles diferentes. Tenían dos hijos en común, los familiares estaban peleados, y un hijo vivía con la familia de la madre y el otro con la del padre. “No se veían, eran los Montescos y los Capuletos y a través de una mediación se pudo acordar un régimen de visitas”, contó Blumett.

¿Cuándo un caso es mediable?

Desde la dirección, explicaron que “es muy difícil llegar a la instancia de mediación” en una cárcel. Se empieza por brindar charlas de sensibilización de situaciones y emociones para ponerlas en palabras y no en acciones violentas. A los presos y también a los miembros de Servicio Penitenciario Federal (SPF) más allá del contacto con el familiar con el cual mediar.

En los pabellones, el trabajo del mediador consiste en explicar los programas con un objetivo de generar “la empatía para llegar con un vocabulario claro, concreto y preciso para que el interno entienda”, explicó Silvana. El programa funciona desde 2011, hoy en día ya los conocen, aunque siempre se aclara que son civiles y que es un trabajo voluntario al que pueden desistir.

Mediación penitenciaria.
Mediación penitenciaria.

“Es muy trabajoso llegar a la mediación penitenciaria tras haber sorteado obstáculos, físicos y simbólicos para todas las partes. El familiar debe dejar su tiempo para el traslado, la preparación de meses para ese momento así como la organización para llegar a la misma, todo lo que tiene que sortear la parte para ir a la mediación ”, Silvana.

En las charlas mencionadas, se explican las herramientas metodológicas como la facilitación o  la mediación, y se cuentan experiencias de los beneficios que tuvieron los presos que utilizaron esta instancia de diálogo. “Es una primer puerta de ingreso para el análisis del caso y determinar si es mediable o no, tras una primera entrevista previa con el recluso”, dijo la especialista que prácticamente vive en una cárcel conociendo los “códigos” del penal.

Sí o sí, un caso mediable debe respetar la confidencialidad, y obviamente, no se median casos de abuso o los mencionados de violencia de género o delitos de lesa humanidad.  “Una instancia de mediación genera un criterio de responsabilidad y un compromiso muy grande para las partes. Deben trabajar para solucionar un conflicto de una población que en general es vulnerable y que debe dejar sus compromisos laborales en pos de la reinserción social”, cerró Munt.