A través de este método, se buscan resolver conflictos posibilitando a las personas privadas de libertad la revinculación con sus familiares. También se las prepara para el futuro, dotándolos de la contención y las habilidades necesarias para ello.

La mediación penitenciaria es un “valioso instrumento” a utilizar extendiéndose no sólo al personal penitenciario y a las personas privadas de la libertad, sino también a sus familiares para colaborar con una mayor integración familiar que impacta favorablemente en los niveles de conflictividad. Además, constituye un factor que  contribuye a la disminución de los índices de reincidencia, explicaron desde la Dirección Nacional de Mediación y Métodos Participativos de Resolución de Conflictos.

Según los datos de la DNMyMPRC -que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos- se logró un 72% de acuerdo desde 2011, a partir de la creación del Programa de Mediación, Métodos de Gestión Participativa de Conflictos y Reducción de la violencia en ámbitos penitenciarios federales.

A través de esta herramienta, las personas privadas de su libertad “aprenden un modo distinto de relacionarse”, y refuerzan también el vínculo con sus familiares, con quienes se trabaja en paralelo.

Así lo explicó la mediadora Graciela Notario, quien se desempeña en el programa desde sus inicios. “Hay que abordarlos en forma pacífica y a través del diálogo para fortalecer sus lazos con el ‘afuera’”, explicó la abogada, de amplia experiencia en cárceles, junto a la coordinadora Silvana Blumett.

Los objetivos del programa, explicó Notario, son “disminuir los niveles de conflictividad que generan violencia en el ámbito penitenciario” y contribuir en el desarrollo de capacidades para “el diálogo y la convivencia pacífica”. Para esto, se utiliza la mediación como herramienta para “reconstrucción de los lazos familiares y convivenciales” dentro de las prisiones

A la vez, se “brinda capacitación al personal del Servicio Penitenciario Federal y las personas privadas de libertad” para la resolución pacífica y participativa de los conflictos propios de los contextos de encierro.

Fotos: Stephanie Bridger.
La mediadora Graciela Notario, que se desempeña en el programa desde sus inicios.

A distancia, pero muy cerca

Del repaso de su trayectoria, Notario recordó una co-mediación que tuvo como protagonista a una interna alojada en el noroeste del país, su suegra y sus tres hijos, todos ellos en Buenos Aires. La primera imagen de aquella ocasión es la de una madre sentada frente a una computadora “visiblemente emocionada” en el primer contacto con sus hijos tras años en los que se había cortado el diálogo.

“Para los chicos fue una experiencia diferente. Estaban con dos mediadoras y su abuela paterna. Lo interesante fue el diálogo recompuesto entre ellos tras un trabajo previo de reestablecer el contacto por vía telefónica”, recordó Notario.

Los niños, que estaban tímidos y temerosos al comienzo, también se veían emocionados durante el chat. “La nena más grande (entonces, adolescente) estaba más resistente y con pocas expectativas”, describió Notario. El equipo de mediadoras los ayudó con distintas estrategias para que pudieran conversar con su madre.

Entre las partes acordaron verse una vez al mes vía Skype con la condición del buen comportamiento de la interna. Fue importante para los chicos ver a su mamá en un contexto distinto al de una sala de visita de una cárcel federal. “La ven, no se fue ni se enojó, se equivocó y ahora está buscando reparar el daño”, razonó la mediadora.

Cuando la comunicación finalizó “nos quedamos hablando con la interna, porque quedó conmocionada y, a la vez, agradecía por la posibilidad. Ella decía: ‘Todo lo que me perdí, el cumple de 15 años de mi hija mayor, su proyecto de empezar una carrera universitaria’”, relató Graciela Notario.

Como los hijos siempre enseñan a sus padres, la mayor de las hermanas le dejó un mensaje a su madre: “Vos tenés que hacer las cosas bien, primero, para estar bien vos y, después, esto va a ser bueno para todos”.