Cómo funciona el Centro de Resolución de Conflictos

A pocos metros de los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, otras oficinas estatales resuelven decenas de conflictos por día a través de la contención y una verdadera escucha activa de las personas enfrentadas.

Es el Centro de Prevención y Resolución de Conflictos de la Dirección Nacional de Mediación y Métodos Participativos de Resolución de Conflictos (DNMyMPRC) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Allí, se construyen acuerdos sin jueces ni sentencias. Son los propios protagonistas los que, con ayuda del equipo del Centro, encuentran una salida en común.acuerdo

“Me encanta mi trabajo porque también veo los resultados. La gente entra con una carga emocional fuerte y acá aprende a enfrentar y resolver el problema”, dice Valeria Durand, una de las cinco administrativas que recibe a la gente.

Aunque en realidad su función es mucho más amplia. “Acá se trabaja con personas, no podés ser cien por ciento administrativa. Hay que involucrarse y tener paciencia porque la persona que viene trae un conflicto”, explica Durand y cuenta que  se formó en Mediación Comunitaria en la DNMyMPRC.

Al igual que muchos otros de los que trabajan en el Centro, Durand está desde los comienzos porque cree en la labor del Centro. Llegó cuando la mediación era apenas una experiencia piloto y asumieron los diez primeros mediadores del país.

Cuando las personas llegan con un conflicto, además de la contención y la escucha es importante hacer una primera evaluación de las condiciones del que solicita la mediación. Todo lo que ofrece el Centro es gratuito y está dirigido especialmente a la población más vulnerable.

El segundo paso es una reunión con una de las psicólogas del Centro.  Allí se determina, entre otras cosas, si están dadas las condiciones para hacer la mediación, pero también se realiza una entrevista cualitativa para comprender cuál es el contexto del problema, muchas veces atravesado por la violencia.

“Hacemos contención desde la entrevista. Si la persona no tiene apoyo terapéutico y lo necesita, los derivamos para que tengan ese apoyo”, explica la Flavia Torrens, una de las psicólogas, junto a su compañera, Julia Turchetto.

Finalmente, llega el día de la primera mediación. A veces puede alcanzar con una reunión, otras son varios encuentros, pero es el momento más importante del proceso. Mario Orfus es abogado del servicio de Patrocinio Gratuito de la Ciudad y como tal, acompaña a muchas personas en las mediaciones. Para él, el método  “es muy importante porque se logra que las partes entiendan que tienen que dar un poquito cada uno. La mediación, sea cual sea, pasa por el entendimiento de la gente”.

Si todos los que intervienen están de acuerdo, el mediador también puede pedir la intervención del equipo de psicología para que realicen un diagnóstico situacional que ayude a destrabar el conflicto. También acuden a ellos cuando hay que acompañar una revinculación entre dos miembros de la familia que por el conflicto no se conocen o estuvieron separados mucho tiempo y recién en la mediación se encuentran. “El trabajo de las psicólogas en fundamental. Ellas saben entrar al conflicto como nadie”, dice Orfus.

Pero si la mediación ayuda a dos o más personas, hay una figura central, que es la del mediador. “La mediación funciona como una conversación, estructurada y organizada por el mediador”, dice Ema Berardo. Ella está inscripta con el número 12 en el Registro Nacional de Mediadores, que hoy incluye cerca de 2300 mediadores prejudiciales, y se compenetra cuando habla de su trabajo. Empezó como abogada dedicada al litigio, pero sentía que la gente no quedaba satisfecha. “La mediación tiene un alto grado de acuerdo. Es un modo que la gente aprende para dialogar con el otro y seguir conviviendo”, explica y agrega que para ella no hay mejor metáfora para el proceso de mediación que el rafting: la gente está enojada y se avanza a los saltos, pero al final se abre la calma.