Margarita Foyel, mapuche

Un símbolo del despojo sufrido por los aborígenes

Estuvo cautiva viva y muerta. Margarita Foyel, hija del legendario lonko mapuche Foyel, sufrió en carne propia el despojo, el secuestro y la humillación que duró más de 130 años. Recién en 2015 sus restos fueron enterrados en territorio ancestral de las comunidades.

En vida fue exhibida cruelmente en el Museo de La Plata como “objeto viviente” y cuando murió sus restos formaron parte de la colección del lugar.

Con el avance de la frontera que se dio por la denominada “Campaña al Desierto” (el genocidio a los pueblos indígenas) las tierras son quitadas por medio de la fuerza y los caciques y sus familias enviados a Buenos Aires y los meten presos en la isla Martín García, el campo de concentración predilecto para los pueblos originarios por aquellos años. Margarita fue secuestrada en octubre de 1884. El teniente Francisco Insay y 20 soldados atacaron sin previo aviso la toldería donde vivía y tomaron gran cantidad de prisioneros, entre ellos, Margarita.

El antropólogo Herman Ten Kate (1904), encargado de la sección de Antropología del museo platense durante el período de 1893 a 1896, la representó como de carácter “dulce, tímido pero alegre”. Margarita murió el 21 de septiembre en el museo donde pasaba sus días “triste, sin exteriorizar sus sentimientos”.

Fue en septiembre de 1887 cuando, con 33 años, Margarita Foyel murió a causa de una posible afección pulmonar. En ese momento estaba en cautiverio en el Museo de La Plata. Tres años estuvo allí. Fue exhibida como junto a, entre otros, los caciques Inacayal, Sayhueque y Foyel. Todos vivían en una habitación en el subsuelo de la institución. El objetivo que se les impuso fue que caminaran por el museo, entre los visitantes, y mostraran sus prácticas cotidianas. Por ejemplo, Margarita tejía en un telar.

Alguien que participó de esta humillación fue el propio perito Francisco Moreno quien había conocido a Margarita e incluso estuvo viviendo con ellos en las tolderías de su padre Foyel en los dos viajes que hizo en la década del 70 del siglo XIX. En esos viajes también conoció a los caciques Sayhueque, Inacayal y el propio Foyel. Todos caciques de la zona cordillerana del Rio Negro.

Luego de la captura de los caciques y sus familias, el perito Moreno solicitó al entonces Ministerio de Guerra que la familia de Foyel, junto con otros caciques como Inacayal, vayan a “vivir con él” en el Museo de La Plata. Los caciques fueron enviados al museo y murieron allí. El objetivo último era exhibirlos. Y así ocurrió por más de 100 años.

En el caso de Margarita, sus huesos, su cuero cabelludo y su cerebro –al igual que como ocurrió con ella en los últimos tres años de tu vida- fueron expuestos en el museo. Sus restos fueron devueltos en 2014 por el museo y por fin regresó a su tierra donde el pueblo mapuche, en el territorio de la Comunidad Mapuche Las Huaytekas, despidió sus restos.

Al pie del cerro Serrucho, en el margen oeste del cipresal de Las Huaytecas, bajo una suave llovizna, se enterraron sus restos. Margarita volvió a la tierra, a la Ñuke Mapu. Esa lluvia, tenue, fue interpretada como las “lágrimas” de Margarita en su regreso.

“Linda muchacha de diez y ocho años con largos cabellos negros y sedosos”, dijo alguna vez sobre Margarita, George Musters, un viajero inglés que emprendió en 1869 un viaje hacia el extremo sur americano, iniciando un trayecto que empezó en Punta Arenas (Chile) y que recorrió todo lo que sería la ruta 40 en la actualidad hasta el Río Negro y el Limay.