El Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego impulsa el desarme voluntario y anónimo. Complemetariamente, capacitadores del ANMaC, el ente que destruye los artefactos, debaten en escuelas y otras entidades sobre los riesgos que atañen al ingreso de un arma en el hogar.

La Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC) lleva adelante la capacitación “Creencias que matan”, una propuesta destinada al personal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, que también es presentada en escuelas y colegios de todo el país, y cuyo eje gira en torno a desmitificar que la tenencia de armas en hogares es un recurso de protección y no el verdadero riesgo que implica que estén al alcance de personas no capacitadas para su uso.

En Argentina rige el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, que a través de la ley 26216, impulsa el desarme -voluntario y anónimo en todo el país- a cambio de un incentivo monetario. En los puestos de recepción, armas y municiones son inutilizadas para luego ser destruidas.

El programa contribuye a reducir la comercialización y portación, sobre todo, como corolario de conflictos interpersonales o accidentes. Por eso, los capacitadores de la ANMaC centran su concientización en las franjas etarias más bajas: Enseñan a los niños y jóvenes los riesgos que se asumen cuando ingresa un arma de fuego al hogar.

Es que existe una serie de ideas preconcebidas que propone una percepción única de las armas. Por ejemplo, suele pensarse que brindan seguridad frente a una intrusión.

Lo cierto es que quienes piensan de esa manera soslayan el factor sorpresa implícito en un robo, por ejemplo. La víctima no espera la intrusión y, por ende, no dispone del arma que, presuntamente, era su “defensa”.

Por el contrario, si la persona quiere reducir esa condición sorpresiva y dejar el arma cargada en un lugar accesible, aumentar exponencialmente el peligro de resultar herido o lastimar a alguien del hogar.

De allí se desprende otra creencia: que el Programa de Entrega Voluntaria es para “los delincuentes” y que estos “no las van a entregar”. Contrariamente al preconcepto, no se trata de una política tendiente a combatir el delito sino que de una de tipo preventiva, orientada a minimizar la concurrencia de pistolas, revólveres o cualquier otro artefacto de fuego en situaciones accidentales y conflictos interpersonales.

Asimismo, como una parte del arsenal que circulan es robada de casas de familia, se ataca una de las fuentes que alimentan el circuito ilegal del armamento.

Contra la naturalización de un mensaje

Programa_DesarmeLas charlas que dicta el ANMaC en colegios están también orientadas a que los jóvenes tomen conciencia sobre cómo se naturaliza la portación desde las imágenes violentas que despliegan películas, series y videojuegos: mientras estos “estetizan” contenidos violentos, también los medios de comunicación ponen en las muertes en contextos delictivos, soslayando los numerosos casos en los que los desenlaces fatal se vinculan a conflictos cotidianos.

Una encuesta confeccionada entre quienes participaron del desarme indica que el 40 por ciento de ellos valoró que tener un arma en el hogar representa un “riesgo constante”. En consonancia, uno de cada tres entregó el equipo que adquirió, justamente, para “evitar un accidente” doméstico. Llamativamente, casi la misma cifra alegó que “el arma no era propia y, además, no le gustan”.