Julieta Lanteri, la primera mujer que votó en la Argentina

“Los derechos no se mendigan, se conquistan”

Fue una pionera en la militancia feminista. Se recibió de farmacéutica y de médica. Tras una lucha judicial, en 1911 se transformó en la primera mujer incorporada a un padrón electoral argentino.

Julieta Lantieri nació en 1873, en Brigga Marittima, un poblado italiano de la provincia de Cuneo, que en 1947, luego de la Segunda Guerra Mundial, se incorporó a Francia, por el tratado de París. Es decir que Lantieri nació en un pueblito de Italia, que ahora pertenece a Francia, pero es la primera mujer que votó en elecciones en la Argentina. Cincuenta años antes del estreno de la ley 13.030 que le otorgó a todas las mujeres el derecho a votar. Lantieri fue la primera en la historia, pero también la única mujer que pudo sufragar ese 26 de noviembre de 1911.

La pequeña Julieta (Giulia Maddalena Angela Lanteri en realidad) llegó a Buenos Aires, proveniente de Italia en 1879, cuando tenía seis años. Desde muy joven mostró que tenía inquietudes y que resultaba difícil frenarla.

Fue la primera mujer que pudo ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata y en 1898 obtuvo el título de farmacéutica en la UBA. Ocho años más tarde, Lantieri se convirtió en la sexta mujer en la Argentina en recibirse de médica, a lo que le agregó el doctorado en 1907.

Ese año, expuso sus ideas en una conferencia en la Asociación Obstétrica Nacional, y que la impulsaron como una pionera militante del feminismo: “La influencia del varón se ha dejado sentir siempre, y en todas las cosas y en su infinita pequeñez la mujer ha sido llamada a crear nada y ni siquiera a mejorar aquellas cosas más íntimas de su exclusiva incumbencia (…) El hombre piensa, estudia y trabaja y jamás siente saciedad del saber ¿por qué la mujer se detiene? (…) De ninguna manera se debe admitir esto y la prueba está en que un despertar placentero se manifiesta en la vida de las mujeres en general, y las hace entrar de lleno en la evolución y el progreso”.

Un fallo por la igualdad

En 1910 fue elegida secretaria del Congreso Internacional Femenino y se nacionalizó argentina, para dar una de las luchas que la erigieron en protagonista de la historia. En el marco del debate sobre la reforma electoral que llevaría a la llamada Ley Sáenz Peña, Lanteri reclamó que se le reconocieran plenos derechos como ciudadana, incluidos los políticos. Un pedido inédito, que tuvo respuesta favorable en primera instancia y refrendado por la Cámara Federal.

El juez E. Claros, también en una acción bastante poco común para ese momento, justificó su fallo: “Como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución y, en consecuencia, que la mujer goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes, que reglamentan su ejercicio, acuerdan a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que, expresamente, determinen dichas leyes, porque ningún habitante está privado de lo que ellas no prohíben”.

El 16 de julio de 1911 Lanteri se convirtió en la primera mujer incorporada a un padrón electoral argentino y, en la mesa 1 de la 2da. Sección Electoral de la Capital, situada en el atrio de la iglesia de San Juan, pudo votar en las elecciones del 26 de noviembre.

El presidente de mesa era nada menos que el historiador Adolfo Saldías, quien le manifestó su satisfacción por haber firmado la boleta de la “primera sufragista sudamericana”. Si, también fue la primera sudamericana que votó en elecciones políticas.

Un voto restringido

También fundó la Liga pro Derechos de la Mujer y del Niño, que dos años después organizó el Primer Congreso del Niño en nuestro país, y se postuló como candidata a diputada por la Capital en 1919, con una plataforma que incluía propuestas de avanzada, como que la maternidad fuera retribuida por el Estado, límite de seis horas para el trabajo femenino, salario igual en tareas equivalentes y sufragio universal para los dos sexos.

En febrero de 1912, la ley 8871, que democratizaba el sistema electoral al disponer su carácter secreto y obligatorio, imposibilitó que otras mujeres pudieran recurrir al mismo trámite que Lanteri había usado para votar unos meses antes.

La nueva ley establecía que el padrón electoral correspondería al empadronamiento para el servicio militar, restringido a los ciudadanos varones, por lo establecía una restricción. Lanteri exigió que se la incluyese en el padrón militar, pero no la aceptaron.

La primera mujer que votó en la Argentina y en Sudamérica se casó a los 36 años con el joven de origen estadounidense Alberto Renshaw, 14 años menor que ella. Producto de una batalla judicial que llegó a la Corte Suprema (por un inquilino) y que perdió, Lanteri dejó un escrito fundamental: “Arden fogatas de emancipación femenina, venciendo rancios prejuicios y dejando de implorar sus derechos. Éstos no se mendigan, se conquistan”.