El instrumento fue establecido por la Federación Mundial de Sordociegos como el símbolo que identifica a las personas que tienen esa discapacidad, que además podrán recibir el bastón de parte de los servicios de salud y obras sociales.

Cuando en la vía pública una persona ciega camina con un bastón blanco, los peatones y automovilistas identifican rápidamente qué tipo de discapacidad tiene y en base a ello pueden asistirlo a, por ejemplo, cruzar la calle. Pero, ¿qué ocurre cuando se trata de una persona con sordoceguera? A partir de la sanción de la ley 27.420, publicada la semana pasada en el Boletín Oficial, ese problema está solucionado, ya que reglamenta el uso de un bastón rojo y blanco para la movilidad y orientación de personas con sordoceguera.

El instrumento fue establecido por la Federación Mundial de Sordociegos como el símbolo que identifica a las personas con sordoceguera. Ahora será más sencillo reconocer a una persona con esa discapacidad y así ayudarla, de ser necesario, a superar los obstáculos con los que se encuentra.

La importancia de una ley de estas características, además, radica en que las personas con sordoceguera podrán recibir la herramienta de parte de los servicios de salud pública y obras sociales, organismos obligados a otorgarlo por esta legislación.

El texto normativo también contiene un artículo que describe las características físicas que debe tener el bastón: “Tendrá iguales características en peso, longitud, empuñadura elástica, rebatibilidad y anilla fluorescente que los bastones blancos utilizados por las personas ciegas”.

En primera persona

Hace 23 años que María Laura Tommei comenzó a interiorizarse sobre el mundo de la discapacidad. Su hijo Gonzalo tiene sordoceguera congénita producto de una enfermedad poco frecuente, por lo que necesita adaptaciones y asistencia para desarrollarse en la vida.

“Pensar cómo afrontar esto es uno de los grandes desafíos que tenemos como sociedad”, señala Tommei, fundadora del centro educativo terapéutico para personas con sordoceguera y discapacidad múltiple “Mi lugar” y actual presidenta de la Asociación de Padres de Personas con Sordoceguera y Discapacidad Múltiple de la Argentina.

A pesar de lo que María Laura describe como una primera etapa de “desesperación”, no dudó en informarse y capacitarse en el tema al ponerse en contacto con otras personas en situaciones similares. “El viaje a España nos abrió la mente en relación a las necesidades que él tenía y que iba a tener, a sus posibilidades y cómo encararlo”. Lo enriquecedor de esa experiencia no se la guardó: decidió compartirla con otros para “terminar con la soledad y angustia que tiene una familia con un miembro con sordoceguera”.

“La barrera más grande es la comunicación, la movilidad y la orientación”, cuenta María Laura, y agrega que si bien falta que esta discapacidad esté reglamentada formalmente como entidad única y que se formen mediadores que presten asistencia, “la ley sobre el bastón rojo y blanco es un paso porque brinda información a distancia a quien lo ve pero hay que dar a conocer todo esto para generar conciencia”.

Una sociedad más informada sobre la discapacidad, sostiene Tommei, lleva a un mayor respeto y cuidado entre las personas “en cuestiones cotidianas tan simples como saludarlos cuando entramos a un lugar o no poner obstáculos en las calles como estacionar autos sobre las veredas”.

Dispositivos de orientación

El bastón rojo y blanco se suma así al listado de dispositivos de orientación formalmente reconocidos para personas con discapacidad, como son el blanco para la movilidad y reconocimiento de personas ciegas, y el verde para quienes tienen visión reducida, entre un tercio y un décimo de la visión normal o un campo visual igual o menor a 20 grados, cuando lo normal son 180 grados.

Para que la medida consiga un efecto positivo real, la norma incita al gobierno nacional a implementar “una masiva campaña de difusión nacional acerca de las ventajas de la utilización del bastón rojo y blanco para las personas con sordoceguera y de su significado para comprensión de toda la ciudadanía”.

Las personas con sordoceguera se comunican a través de un sistema alfabético táctil, como el dactilológico y la escritura en la palma de la mano. O a veces usan la lengua de signos y sus adaptaciones, la lengua de señas para cuestiones básicas, y una comunicación gestual e incluso oral.

Por ello, se torna imprescindible que los espacios públicos cuenten con señales de orientación y localización de puntos de interés, objetivos, cruces y alertas de posibles riesgos, así como una transmisión de la información comprensible en diversidad de formatos. Por ejemplo, para quienes tienen visión reducida, colores y tamaños fáciles de identificar, sistemas de información auditiva para personas con ceguera y la instalación de texturas táctiles para que quienes viven con sordoceguera logren identificar espacios y superficies.