El catedrático y experto en prevención del delito estuvo en Buenos Aires para participar de un seminario sobre “violencias, víctimas y sociedades justas”. “Es importante que los gobiernos faciliten el acceso a la justicia a las víctimas”, dijo.

En un mundo signado por el delito y la violencia hay quienes trabajan arduamente para pensar y generar soluciones concretas que logren hacer de las sociedades ámbitos más justos y pacíficos. Una de estas personas es el canadiense Irvin Waller, catedrático y experto en prevención del delito. Es el presidente de la Organización Internacional de Asistencia a la Víctima, consultor de la ONU y fundador del Centro Internacional para la Prevención de la Criminalidad. Esta semana disertó en Buenos Aires en el Seminario Internacional: violencias, víctimas y sociedades justas, organizado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

El evento se realizó en el salón Libertador del Palacio San Martín y contó con el apoyo del Centro de Cooperación Internacional (CIC), el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, La Federación Internacional Terre des Hommes y el  Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente. Durante las dos jornadas especialistas de todo el mundo realizaron presentaciones sobre delito, derechos de las víctimas y violencia de género.

Como participante de programas de las Naciones Unidas, Waller transmitió la agenda de desarrollo sostenible para el 2030, “un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia”.

Con base en esa propuesta, desarrolló puntos principales que, a su criterio, América Latina debería implementar para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible en general con fuerte foco en la reducción de la violencia.

Un diagnóstico y un plan de acción

Waller sostuvo que en la región “falta un nuevo tipo de reacción frente a este problema”, en referencia a los hechos delictivos y violentos que se dan con cifras que definió como “inaceptables”. La solución, dijo, no pasa por continuar gastando dinero en aumentar la seguridad con efectivos y armas, sino en invertir en proyectos de prevención del delito, atacando el problema de raíz. “Hay mucho dinero malgastado en seguridad porque aumentan el presupuesto sin capacitar y hacer un uso inteligente de los fondos”, subrayó.

Según esta postura, “una inversión inteligente para la prevención de la violencia logrará menos víctimas, salvará a los contribuyentes y aumentará el PBI. La acumulación de evidencia demuestra que la prevención reduce la violencia”. “Sobre esto falta hablar en América Latina”, enfatizó Waller.

Claro que lograr, como propuso, “reducir el delito en un 50 por ciento en los próximos diez años con tan sólo el diez por ciento del presupuesto actual en seguridad”, resulta un desafío importante que requiere de una fuerte coordinación al interior de los Estados con políticas públicas definidas.

Para empezar, dijo, se necesita una decisión política, leyes, presupuesto y una planificación. Elaborar primero un diagnóstico, luego un plan de acción, implementarlo y evaluarlo. “Un plan que muestre los resultados para focalizar sobre las faltas, diagnosticar los problemas, monitorear y priorizar las soluciones. También falta capacitación”, describió el catedrático.

Fotos: Stephanie Bridger.
Seminario Internacional: Violencias, Víctimas y Sociedades Just

El foco en las víctimas

Un punto clave de las ideas de Waller es que todo el proceso de transformación hacia la reducción de la violencia debe tener como foco a las víctimas, a quienes según él no se les da el lugar que se debe, especialmente dentro del sistema de justicia. “Es importante que los gobiernos faciliten el acceso a la justicia a las víctimas, lo que implica un gran cambio de paradigma del papel típico de la justicia”.

Waller hizo un llamado a “invertir para las víctimas“. Esto es: sensibilizar a los tomadores de decisiones para que piensen e implementen a nivel estatal programas de apoyo y acompañamiento, movilizar a la ciudadanía y potenciar la comunicación masiva de la problemática, sus soluciones y cifras.

Tras analizar el panorama, Waller se mostró optimista. Su conclusión, contó, se basa en el éxito de múltiples experiencias a lo largo y ancho del globo que demuestran que reducir el delito es posible. En el continente, sobresale el ejemplo de Bogotá, donde la tasa de homicidios se redujo a la mitad. También puso de ejemplo a la ciudad de Córdoba. “Allí hubo una estrategia integral y el Banco Mundial tiene interés en multiplicar ese modelo en otros países. Entonces para mí hay esperanza”.