La paridad de género es ley y ya regirá en las elecciones de 2019

La representación femenina en las listas de legisladores nacionales ascenderá del actual 33 por ciento, establecida en la Ley de Cupo, al 50 por ciento. Hoy las mujeres representan el 36 por ciento de las bancas de Diputados y el 42 en el Senado.

La histórica asimetría debía ser alguna vez corregida y finalmente fue subsanada: por una amplia mayoría de 165 votos afirmativos contra 4 negativos y 2 abstenciones, Diputados convirtió en ley el principio de paridad de género. Ahora, las listas electivas de candidatos para legisladores nacionales deberán integrarse con un hombre y una mujer de manera alternativa y secuencial (50-50), garantizándose así una participación política equitativa entre géneros. Siete provincias argentinas ya cuentan con legislación sobre paridad: Buenos Aires, Córdoba, Chubut, Neuquén, Río Negro, Salta y Santiago del Estero.

Esta disposición tendrá vigencia a partir de las elecciones legislativas de 2019, e implicará que la representación femenina ascenderá del actual 33 por ciento, establecido por la denominada Ley de Cupo, al 50 por ciento.

La iniciativa había sido aprobada por el Senado en octubre de 2016, con 57 votos a favor y dos en contra. Ayer su tratamiento fue sorpresivo, porque no estaba incluida en el esquema de labor dispuesto por los jefes de bloques, y que pasara a ser tratada derivó de la acción de las mujeres que integran el cuerpo legislativo.

Qué cambia

Junto con la equidad del 50-50, la nueva ley además establece modificaciones al Código Nacional Electoral, en vistas a asegurar la representación igualitaria de varones y mujeres en la elección de senadores nacionales, diputados nacionales y parlamentarios del Mercosur; también a la Ley 26.571 de Democratización de la Representación Política, y a la Ley 23.298 Orgánica de los Partidos Políticos.

Así, la norma introduce el artículo 60 bis en el Código Nacional Electoral y fija la obligatoriedad de intercalar candidatos de ambos sexos en las listas de legisladores nacionales. A su vez, el proyecto incorpora la igualdad de género a nivel partidario, aunque en este caso no será obligatorio intercalar postulantes, sino que las listas deberán completarse con un 50 por ciento de representantes de cada sexo.

En el artículo 2 de la ley, se fijó la modificación del artículo 157 del Código Nacional Electoral, por lo que en caso de muerte, renuncia, separación, inhabilidad o incapacidad permanente de un  senador nacional de la lista que hubiere obtenido  la mayoría de votos emitidos, lo sustituirá el senador suplente de igual sexo. Si no quedaran  mujeres en la lista, se considerará la banca como vacante y será de aplicación el artículo 62 de la Constitución Nacional.

Contra los estereotipos de género

En el Congreso mismo las mujeres  están subrepresentadas. Son el 36 por ciento en Diputados y el 42 en el Senado. En el Ejecutivo los porcentajes son menores aún: el 14 por ciento en cargos directivos de los ministerios. En el Poder Judicial las cosas no son mejores: hay un 24 por ciento de mujeres en tribunales superiores y cortes.

“La paridad es un principio rector de la democracia y una demanda presente en la agenda internacional y regional”, había reclamado el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género. La implementación del principio de paridad en la vida política “contribuye a garantizar el principio de igualdad, promueve un debate más plural y diverso avanzando en la inclusión de la perspectiva de género en los asuntos públicos y garantiza la legitimidad democrática de los espacios de decisión”, señaló la entidad.

“Celebramos este gran paso para las mujeres. La igualdad en la composición del Congreso era una deuda pendiente. Ahora, la sociedad cuenta con más herramientas para robustecer el debate público con valiosas voces y diversas perspectivas”, afirmó Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.

Considerada una votación histórica, la paridad es un mecanismo que permite garantizar el cumplimiento de los derechos políticos de las mujeres y torna efectivo el principio de la igualdad. Además potencia la autonomía en la toma de decisiones y colabora en la desarticulación de estereotipos de género.