Hace unos años, cuando muchos atletas ya hace tiempo que están retirados, Elisa empezó a correr. Y no paró. En los últimos años ya hizo cuatro veces el Cruce de los Andes, una exigente carrera de 100 kilómetros en tres etapas.

Todas las mañanas Elisa Forti sale a trotar por la costanera de Vicente López, con el paisaje del río como escenario. Elisa tiene 83 años. Empezó a correr de grande, hace poco más de diez años atrás. Y lo hace con la misma profesionalidad y empeño que cualquier maratonista que carga menos años en sus espaldas. Sus pergaminos lo confirman: hace unos meses completó su cuarto Cruce de los Andes, una carrera extrema en la que se une Argentina y Chile, en una distancia de más de 100 kilómetros divididos en tres etapas. “Soy la nona que corre”, dice.

Elisa nació en Como, Italia, y a los 14 años vino a vivir a la Argentina. Se casó y tuvo cinco hijos: cuatro varones y una mujer, el mayor de 59 y la menor de 46 años. Ya tiene once nietos y tres bisnietos. “Al año de casada tuve mi primer hijo. Así que tuve la suerte de poder ser ama de casa y, sobre todo, mamá. Es lindo acompañar a los chicos en el día a día, te divertís un montón”. También ayudó mucho a su marido, que tuvo una fábrica de ropa femenina y un local de venta al público.

“Siempre hice deporte e inculqué el deporte en mis hijos. Crecieron en el deporte”. Elisa hacía natación, tenis, jugó muchos años al vóley. Pero todo cambió cuando ya tenía 72 años. “Una amiga de mi hija dijo un día que iba a correr a Villa La Angostura. Como yo no conocía, y sabía que era un lugar muy lindo, empecé a hinchar para que el grupo de corredores que iban me llevaran. Me dijeron que no podía”. Y no, no pudo: no llegó a inscribirse. La revancha vino al mes, con una carrera en Tandil. Se anotó en la de 10 km, pero el cuero le dio para completar todo el trayecto de 28 km. “Me dije: yo no paro, sigo hasta terminar”, cuenta.

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Por los caminos de la Cordillera

El Cruce de los Andes ya lo hizo cuatro veces: en 2013, 2015, 2016 y este año, hace unos meses. “Apenas escuché que existía, mientras entrenaba, me dije que lo tenía que hacer. El entrenador no me dejaba. Hasta que un año me dijo: si querés, hacelo. Fue un deseo desde el primer día”. Corren hombres y mujeres de distintas edades, la mayoría amateur y algunos de elite, que comparten su pasión por adentrarse en una aventura que pondrá a prueba sus propios límites. Los lugares de la carrera son de una belleza inigualable: montañas, volcanes, cumbres nevadas, bosques, lagos, valles y zonas rocosas. En la última edición participaron más de 1500 atletas de 25 países distintos.

Los organizadores reconocen que “la exigencia física para los corredores es enorme y requiere de un intenso entrenamiento previo”. Elisa no tuvo que hacer un entrenamiento especial, lo hace todos los días. “Mi rutina es salir todos los días al río, en Vicente López, a trotar. Los sábados entreno con mi grupo y, además, hago elongación y equilibrio en el gimnasio de mi hija tres veces por semana (es kinesióloga)”, explica. La primera experiencia al cruzar la Cordillera fue “hermosa”. “Hay mucha camaradería. Se comparten las comidas, salimos a correr todos los atletas juntos, aunque volvés por separado. Son tres días intensos, con gente que tiene ganas de vivir. Y de gozar de la vida”.

“Hay momentos difíciles, pero se pasan. Yo no lo hago para subir al podio, así que lo hago con toda la calma que mi cuerpo me pide. Si tengo que meterme con las rodillas hasta el barro, o meterme hasta el pecho en el río, lo hago. Siempre con las montañas o los lagos de fondo. Es una experiencia bellísima. Mi meta no es ganar, es llegar”.

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El documental sobre su vida

Desde hace unos meses también empezó el proyecto para hacer un documental sobre la vida de Elisa. Está en proceso de financiación colectiva en la web de Idea.me, y desde allí se puede colaborar. La idea del director es viajar con Elisa a Como, su pueblo natal del norte italiano, “a correr y filmar junto a ella los 25 kilómetros por la misma montaña a la que trepaba con su padre siendo una niña”.  También visitarán los mismos escenarios que transitó en su infancia, los cuales aún se mantienen intactos.

Gustavo, el guionista e impulsor del proyecto, contó que conoció a Elisa hace unos meses, en un grupo de running. Le fascinó la historia de vida. “Me contó su vida mientras corríamos. Casi llegando al final de la hora que pensábamos correr, la remata contándome que tenía el deseo de ir a correr al lago Di Como, de su. Le dije: “Eli, eso es una película”. Ella me respondió: “¡Hacela!”. “Va a ser hermoso para mí, van a correr nietos que viven en España y familiares italianos”, dice Elisa.

“El disfrute de correr es el de ganarse a uno mismo. Es un desafío personal, de sentir que uno puede. Te deja más seguridad en vos mismo. No sabés que lindo cuando cruzás la meta y te decís por dentro: ¡Lo lograste, lo lograste! Y si se logra algo así, qué no se puede hacer.” Cuando lo que hay por delante es una pendiente que parece imposible, Elisa recomienda: “Disfrutar del paisaje y nunca detenerse”.