Con la mirada puesta en los próximos congresos mundiales de mediación de noviembre en Senegal y en 2018 en Argentina, el mediador mexicano explica los alcance de esta metodología en la región, y la receta para enfrentar los episodios de violencia.

Jorge Pesqueira Leal, es doctor en Derecho y en Sociología en la Universidad de Sonora, también realizó una maestría en Políticas de Seguridad Pública y estudios en Criminología y Mediación. Nacido en México, es el actual presidente del Instituto de Mediación. Fue invitado por la Dirección Nacional de Mediación, del Ministerio de justicia y Derechos Humanos de la Nación, conducida por Raquel Munt.

Jorge Pesqueira junto a Raquel Munt
Jorge Pesqueira junto a Raquel Munt

Actualmente coordina el Posgrado en Derecho de la Universidad de Sonora, México. Participa como investigador en diversos organismos nacionales e internacionales y es secretario general del Centro Internacional de Estudios sobre Democracia y Paz Social.

-¿Cómo le surgió la idea de dedicarse a la mediación?

-La cultura de la violencia desde el siglo pasado está en nuestra región. Desde chico me comprometí y consideramos tener una nueva visión como instrumento que pueden generar cambios en las relaciones interpersonales en espacios que son vitales para una convivencia pacífica. En ese trabajo priorizamos tres espacios de socialización del ser humano como la familia, la escuela y el barrio. Lugares donde las personas pueden hablar, dialogar y donde no hay espacio para la agresión, sin espacio para la violencia.

-¿Cómo definiría a este método alternativo de resolución de conflictos?

-Es una herramienta para cambiar la sociedad de ámbitos de vulnerabilidad y riesgo. Cada uno debe tener en cuenta qué rol juega para el cambio social. Un cambio que no debe ser friccionado, sino privilegiando el diálogo y escuchando al otro.

-¿Se la piensa como una cultura de paz y concordia?

-El lema de los congresos mundiales es: “una vía para una cultura de paz y concordia para la construcción de un puente de la violencia hacia la paz”. Es una herramienta que se instrumentó en grupos de altos riesgos con cambios muy importantes y que generaron la convivencia pacífica entre ellos. La agenda de los congresos está orientada a que el mediador amplíe sus conocimientos para su práctica cotidiana y que abra su mirada para ser un agente constructor de la cultura de paz.

“El ciudadano debe dejar de lado la justicia por mano propia. Violencia genera más violencia”

-¿Cómo funciona este método en los tres espacios socializadores: casa, escuela y barrio?

-Sobre la familia, todo depende de cómo educamos a nuestros hijos y cómo nos comportamos frente a ellos. La mediación permite dentro de la familia que se establezcan dinámicas de relación donde sus integrantes se sientan mejor. Es un espacio donde tenemos derecho a ser felices.

En la escuela, nos encontramos con la violencia presentes en las aulas y los docentes no tienen las habilidades para apaciguar los ánimos. La mediación previene conflictos y allí nos enseña a convivir con iguales a nosotros. Hay que generar escuelas pacíficas, gestionar nuestras diferencias a través del diálogo entre adolescentes y niños. Cuando el niño vuelve a casa tiene un acervo de conocimientos y así puede mejorar su relación con sus familiares. Lleva una buena nueva de que hay una manera distinta de relacionarse y lo traslada a su hogar.

Jorge Pesqueira junto a Raquel MuntEn el barrio o comunidad, la defino como una familia extendida que se fue perdiendo y cada quien piensa en sus necesidades y no en las de los demás. Nuestra especie sobrevive trabajando en equipo y si no lo hacemos así lastimamos a otras personas. Esto se traduce en violencia psicológica, verbal o física. Los conflictos de la vida diaria reproducen un perfil que nosotros volcamos al vecino, esa percepción y esa actitud que no favorece la buena convivencia. Aquí, esta herramienta debe cobrar vida más allá del ámbito judicial o prejudicial en el que se pueda llevar a cabo.

-¿Un ciudadano común la puede utilizar en lo cotidiano?

-No es una actividad de la que sólo se apropia una profesión: puede haber orígenes desde sectores como la comunicación, la antropología, la sociología, el trabajo social o el derecho, pero lo más importante son los perfiles de las personas independientemente de su edad y estudios. Alguien que no haya ni asistido a la escuela puede ser “mediador”. Es una manera distinta de relacionarse que favorece el modo de convivencia, ya sea en la casa, en la escuela o en el barrio. Siempre hay personas que quieren hacer algo por su comunidad. Y siente la necesidad de mejorar la vida en esos espacios donde hay conflictos reales.

En ese sentido, el futuro de la mediación seguirá estando en el ámbito de los profesionales, ya sea en los conflictos complejos como armados, políticos o ambientales. Pero, en el lugar donde se puede generar un cambio en la cultura están los “agentes socializadores”, este ejército de “pacificadores” que deberán ser capacitados para ser protagonistas del cambio.

Es un objetivo prioritario llevar a todos los grupos vulnerables la buena nueva de que existe una metodología fácil de comprender y que es muy accesible diseminarla. ¿Para qué? Para forjar y formar mediadores para que se conviertan en pacificadores en sus espacios en el marco de forjar una red federal de mediadores

-¿En qué lugar es más complejo desarrollar la mediación? ¿Escuela, familia o barrio?

-Desde el nacimiento de un bebé ya hay violencia física que puede afectar su vida futura y cómo se relacionan sus padres. La familia es el principal espacio para dialogar sobre los conflictos cotidianos y donde mediar pueda habilitar a alguien para que sea el “apaciguador de ánimos”, y encontrar un lugar para gestionar y dialogar el conflicto. Allí desarrollar lo que se llama mediación intrafamiliar independientemente de la intervención de ese vecino cercano que puede coadyuvar e interviene en el conflicto. Las tres tienen un peso similar y hay que darle importancia para que esta herramienta sea eficaz en los tres ámbitos de forma transversal.

-¿Cómo nace la mediación asociativa en México?

-En una universidad pública de Sonora y en el Instituto de medición de México como una preocupación por mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía en general. No surge por aliviarle la carga de trabajo o el colapso del Poder Judicial sino que fue atípico. Fuimos desde la universidad y la sociedad civil para sensibilizar al Estado y que tome el compromiso de incorporar la mediación en sede judicial y en otros espacios institucionales. Llegó a reformar la Constitución y en todas las leyes del país se incorporaron los métodos alternativas de resolución de controversias.

Hoy, estamos en la época de oro para aproximar a las personas a que se conviertan en actores que faciliten que la injusticia social sea gestionada por la cohesión de grupos en conflictos. Es mucho más que una técnica y puede ser una construcción de la cultura de paz en el mundo. Y queremos llevar a otros países lo que se está haciendo para poder practicarla para que las personas aprendan cuales son los conflictos y resolverlos

-¿Qué tipo de conflictos son más frecuentes allí?

-Hay casos en comunidades originarias de México donde se venden hijos por mercadería. Implementamos la mediación asociativa a través de la sensibilización de las personas para pasar de un “tú y yo” al “nosotros” para que las personas experimenten cambios. Tenemos experiencias y espacios como la Unidad de Mediación Familiar gratuita, o para mediar en lugares de violencia extrema como las pandillas. Allí, delineamos estrategias complejas para tocar esos espacios como ya hicimos en secuestros y homicidios.

Un claro ejemplo fue un encuentro entre la madre de la víctima con el homicida de su hijo. Había matado a una persona bajo los efectos de una droga. Generamos encuentros con un proceso de vinculación de la madre con el “ofensor” que terminó coadyuvando para que al agresor pueda salir antes de la prisión. Y ambos ya duermen tranquilos, aunque al agresor le queda muchos años tras las rejas

-El XIII Congreso Mundial de Mediación Cultura de Paz se realizará del 20 al 25 de noviembre en Dakar, Senegal. En esta edición, los mediadores de diferentes regiones del mundo se reuniráncon el objetivo de contribuir al avance de la mediación en el planeta. ¿Qué expectativas tiene?

-Hasta ahora se habían realizado en América y en Europa. Elegimos el continente africano por sus buenas prácticas en mediaciones y en un país con estabilidad política democrática, con mediador nacional y de diálogo social. En la agenda de temas del congreso, se priorizará a la región con el foco hecho en estas iniciativas como conflictos mineros y de hidrocarburos así como algunos pequeños conflictos armados.

Y después será el turno de Argentina 2018.

-Hace dos años en Perú se planteó la posibilidad de realizarlo aquí y aún no definimos la provincia. En este congreso, queremos que se realice una revisión del estado que guarda la mediación en el mundo. Por eso es importante que las embajadas participen con nosotros para instrumentar las mejores prácticas en los países a los que somos ajenos.  Vamos a plantear cuál será el porvenir de la metodología de alcance global, las buenas prácticas de lo que hemos realizado hasta ahora, y la renovación para mostrar que puede ser llevada a la vida cotidiana con éxito y que no hay lugar en donde no se pueda hacer. Es una concepción y un movimiento para generar una cultura de paz y concordia involucrando a muchas naciones para plasmar en el papel que no sea un congreso más. Es importante que este evento marque una hoja de ruta para que tome la potencia de una metodología democrática y sus constructores sociales.

-¿Usted me parece que no se enoja nunca no? ¿Cómo hace para manejar la ira?

Tiene que ver con la mediación intrapersonal. Con la pelea con uno mismo, y trabajar con nuestro mundo interno, entendernos a través de las neurociencias y la comprensión del cerebro. Si guías a tu cerebro y no le ordenas, da una sensación de bienestar, serenidad y una actitud interna para coordinar el volcán en erupción que es la violencia. El malhumor es algo natural, pero no podemos permitimos que colonice nuestro mundo cognitivo. Si vives en comunidad no puedes manejarte como “un chivo en cristalería”, como decimos en México. No hay que preocuparse cómo te evalúan y critican, porque ya eso te desestabiliza.