La Justicia neuquina consideró como una “injuria” que un empleado realice tareas extra laborales con las herramientas de su empleador. El fallo destacó que no “tuvo ética ni buena fe”.

Un fallo de la sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Minería de la provincia de Neuquén decidió rechazar la demanda impulsada por una trabajadora contra una empresa local que la empleaba. De allí fue despedida por realizar “tareas propias de su profesión de contadora pública con herramientas de la empleadora” con el fin de “beneficiar a terceros”.

El juez de primera instancia aceptó la demanda al “desechar” los antecedentes disciplinarios que la empresa esgrimió contra el trabajador despedido “por su imprecisión”, y entendió “que el último hecho imputado a la trabajadora no tiene entidad suficiente como para justificar el despido con causa”.

Carpetas_Stephanie_02Pero en su sentencia, la Cámara, integrada por Federico Gigena Basombrio y Patricia Clerici, incluyó que la empleada reconoció que recibió “dos sanciones disciplinarias previas” mientras que la concesionaria sostuvo “que se detectó que realizaba tareas propias de su condición profesional (contadora pública) para otros clientes, en horario laboral, en el que debía presta funciones solamente” para la vendedora de automóviles de la capital neuquina.

El fallo de los camaristas explica la calificación de la injuria en materia laboral y debate sobre la gravedad de la misma para resolver que “la última falta cometida adquiere entidad de injuria que impide la prosecución de la relación laboral, y justifica la decisión adoptada”.

En el expediente, figura que la relación laboral se inició el 3 de marzo de 2008, y que en el legajo personal de “la actora” surge que el 14 de mayo de 2009 se le aplica sanción de apercibimiento “por dedicar gran parte de su horario de trabajo al ocio, haciendo caso omiso a las directivas de su supervisor directo”. Así como que el 23 de abril de 2010 se le impone “sanción de dos días de suspensión por no cumplir con las normas de convivencia y buenas costumbres”.

Los magistrados entendieron que el contrato de trabajo  exige que esas relaciones se desarrollen dentro de “pautas mínimas de ética, de mutua tolerancia, equidad y buena fe”.

Casos precedentes

La jurisprudencia sobre este tema y especialistas explican que la “injuria laboral” consta de “elementos objetivos y subjetivos”. Los primeros son, un acto contra derecho, de origen contractual como el incumplimiento de las prestaciones inherentes al contrato. Mientras que los segundos, en tanto, refieren a la “imputabilidad” y al “agravio”, por la sensación o sentimiento de quién padece la injuria, sea empleador o empleado.

En el derecho laboral, el artículo 242 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) especifica que “una de las partes podrá hacer denuncia del contrato en caso de inobservancia por parte de la otra de las obligaciones resultantes del mismo que configuren injuria y que, por su gravedad, no consienta la prosecución de la relación”. Y que esa “injuria” deberá ser “valorada prudencialmente” por los jueces, según la normativa y las modalidades y circunstancias “personales en cada caso”.

La Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, en el fallo Cervelo c/Siam, explicó que el contrato de trabajo se “sustenta en el recíproco respeto y la confianza entre las partes, y si en el curso de la relación se producen reiterados actos de negligencia que impiden continuarla en el plano de la buena fe y la confianza, es lícito ponerle fin”.

Más cercano en el tiempo, en diciembre del año pasado, en el expediente “PMH c/ E SA s/ Despido”, una persona reclamó una indemnización por despido injustificado a lo que su empleadora lo despidió por la causal de “injurias graves”. El fallo detalla que las mismas consistieron “en una falta de gestión de los clientes de la compañía que debían cancelar las facturas emitidas, lo que ocasionó un serio perjuicio financiero a la misma”, lo que a criterio de la empresa fue “consecuencia directa de la inacción del actor”.

Contrariamente al fallo analizado, el juez de primera instancia entendió que, de acuerdo en las razones esgrimidas en el telegrama de despido, los extremos allí invocados no estaban debidamente acreditados para que la demanda  sea declarada improcedente. Luego ratificado por la sala VII de la cámara respectiva.