Una mano tendida en Añatuya, a pesar de todo

La fundación Gottau trabaja en Santiago del Estero para ayudar con la educación y el cuidado de miles de personas. En octubre un incendio consumió uno de sus hogares para niños y la lucha es reconstruirlo.  

Ubicada a 200 kilómetros de Santiago del Estero, Añatuya es una localidad con poco más de 23 mil habitantes. Allí está la sede del obispado de la diócesis homónima, que fue creada en abril de 1961 por el papa Juan XXIII, y cuyo primer obispo fue monseñor Jorge Gottau, un sacerdote redentorista. Muy querido por su gran trabajo entre quienes menos tenían, estuvo al frente del lugar por más de 31 años, y en su honor, se erigió la fundación que hoy lleva su nombre.

Desde la diócesis y la Fundación Gottau se continúa realizando un gran trabajo solidario que se extiende por toda la región de Añatuya, como también se conoce al lugar que comprende a casi media provincia, en la zona del noroeste y el chaco santiagueño.

“La fundación ayuda al obispado, trabaja todo el año con la diócesis”, explica Juan Ignacio Blando, responsable de comunicación. “Y también trabajamos con hechos puntuales como suele ser, durante los meses de marzo, abril y  mayo, las consecuencias de las inundaciones del río Salado”, agrega.

Desde octubre del año pasado se sumaron esfuerzos para reconstruir el Hogar Santa Catalina, que albergaba a 22 chicos y que fue destruido una noche por el fuego. La residencia pertenece complejo de hogares de Santa Rosa, donde trabaja la congregación de las Hermanas Vicentinas.

Fue una de ellas, Rosita Belaber, la que la noche del 10 de octubre vio el fuego que empezaba a destruir el lugar. Los chicos ya dormían y el techo de la casa estaba envuelto en llamas. Rosita los despertó y comenzó a sacarlos en medio de la oscuridad. Rezaba para poder salvarlos a todos. Fue en ese momento que Bethoven, el perro que cuida el lugar, corrió y golpeó la puerta del hogar de ancianos, que se encuentra a unos metros, mientras ladraba sin parar. Con su insistencia alertó a Roberto, el enfermero de guardia que al ver la angustia del perro abrió la puerta y descubrió lo que sucedía. Entre él, Bethoven y Rosa salvaron a todos. No hubo ni un sólo herido.

Comenzar de nuevo

El fuego destruyó todo el hogar. Los daños materiales fueron tantos que para poder habitarlo nuevamente se tiene que reconstruir desde cero. Incluso tirando abajo los cimientos que quedaron porque no soportarían la construcción de la nueva residencia.La primera parte está en marcha. “La fundación es uno de los pilares que ayuda al hogar”, contó Blando.

Desde la Fundación también se apoyan proyectos de inclusión educativa y de promoción social de Cáritas, con los que se brinda apoyo escolar, talleres de música y recreación, alfabetización de adultos, escuela para padres, prevención y ayuda en salud, capacitación para almacenamiento y la utilización del agua de lluvia. Se apoyan centros educativos de todos los niveles y también se construyeron residencias estudiantiles para brindar alojamiento, alimentación y apoyo escolar en las zonas más alejadas. Al mismo tiempo colaboran con 6 establecimientos de formación profesional que a lo largo de la Diócesis buscan promover a las personas adultas, en especial a las mujeres. Dan la posibilidad de formarse en diferentes orientaciones como gastronomía, panadería, enfermería, tejido a máquina y artesanal, artes plásticas, secretariado comercial, carpintería, peluquería y estética, informática, etc.

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