La experiencia de la universidad cordobesa en las cárceles

universidad en carcel
Abrazo entre Neo y docentes en el último final de su profesorado (Foto: UNC-FFyH).

La experiencia de la Universidad de Córdoba lleva más de 15 años pero, por primera vez, en 2016 egresó un alumno que se recibió de profesor de Filosofía antes de recuperar su libertad. Y ya inscribieron más de 70 estudiantes.

De las 7 mil personas privadas de su libertad que hay hoy en Córdoba, el 4 por ciento completó su educación secundaria y está en condiciones de seguir una carrera universitaria intramuros, según fuentes del Programa Universidad, Sociedad y Cárcel de la casa de altos estudios provincial (UNC). De ese universo surgió Diego Neo, el primer egresado aún en situación de encierro, flamante profesor de Filosofía desde comienzos de abril.

Casi todas las universidades del país cuentan con un área específica dentro de sus secretarías de Extensión Universitaria en la que se desarrollan cursos o carreras para dictar en los pabellones y orientadas a brindar oportunidades a quienes cumplen una condena. Ahora, el desafío es “construir la universidad en las cárceles”.

“La Universidad hoy es distinta, no basta con decir que es gratuita y está abierta para todos, hay que ir a buscar a los estudiantes. No sólo pasa con los presos, pasa con los chicos de las villas y con los del interior de la Provincia, por ejemplo. La universidad de hoy sí está presente en esos contextos”, explicó Magdalena Brocca, docente y referente de la experiencia cordobesa, que ya lleva más de 15 años de trabajo.

En el sitio web de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH) se publicó la semana última un artículo que remarcaba al 11 de abril como un día “muy importante” para la institución. Esa jornada Neo salió de la dirección de la Escuela de Filosofía, donde rindió su última materia, Epistemología de las Ciencias Sociales.

Diego Neo
Los docentes destacan la experiencia educativa intramuros.

Su camino comenzó en el penal de San Martín, dónde primero asistió a un taller de oficio (pensado como salida laboral corta) y luego fue ayudante alumno de cátedra, integrante de equipos de extensión en el propio contexto de encierro, colaborador del primer curso de apoyo para ingresar a la UNC con secundario incompleto y promotor del primer grupo de estudiantes universitarios organizados en la cárcel.

Luego accedió al período de prueba y a la cárcel semi abierta, lo que le permitió asistir a clases y a actividades en la Ciudad Universitaria, sobre la avenida Vélez Sársfield, volviendo al final del día nuevamente al penal de Bouwer -el más grande de la provincia mediterránea-.

Como él antes de ese examen final, hay unos 70 estudiantes activos (tanto en contextos de encierro como semilibertad), más otros 80 inscriptos en cursos nivelatorios, informaron desde la FFyH. Es que en 2016 se amplió la oferta para quienes transitan el “período de prueba” (previo a la libertad condicional), bajo la forma de una Escuela de oficios, dependiente de la UNC.

La formación superior es responsabilidad de los mismos docentes que dictan las carreras en la sede de la Ciudad Universitaria lo que no significa casi ninguna modificación en las currículas pero sí en la experiencia pedagógica: “Casi todos los profesores ya han pasado por la cárcel y coinciden en que la práctica docente se transforma”, destaca Brocca.

“Casi todos los profesores ya han pasado por la cárcel y coinciden en que la práctica docente se transforma”.

A su vez, el ‘aula’ tiene otros condimentos: “El vínculo a través del conocimiento es diferente, el tipo de vínculo con el alumno también. Es más activo en su estudio, no espera el dictado de una clase, viene reflexionando sobre lo que estás dando, el encuentro es más un debate que una clase magistral”, rescató la referente.