Las capacitaciones están adaptadas para madres y adolescentes

Una fundación sanisidrense acopaña a las madres en situación vulnerable con programas de formación. El estímulo al crecimiento de los niños y la autosuperación son los ejes del trabajo de Casa de Galilea.

Comenzó como una forma de paliar el hambre de mucha gente en plena crisis social y económica en el 2001, pero el proyecto de la ONG Casa de Galilea (CdG) creció a través de los años llegando a contener psicológica, nutricional, laboral y anímicamente a muchos niños y madres de la Villa La Cava, en el partido bonaerense de San Isidro. Hoy asisten a 72 jóvenes de entre 6 y 18 años, y alrededor de 140 madres en busca de ayuda en la crianza de sus hijos.

Fue fundada por Edith Irahola, el padre Aníbal Fillipini y Alejo Fernández Moujan hace 15 años con la idea de ser un comedor pero luego se amplió a una variada gama de programas de inclusión social “para evitar que los chicos estuvieran en la calle”. Así lo contaron el actual presidente, Roberto ‘Bobe’ Cazenave, y Mariana Maisterra, miembros de esa entidad.

La población de esa zona de Beccar, es de 17 mil habitantes, de los cuales 500 son ayudados por la Casa de Galilea. La fundación se ubica a escasos metros del asentamiento que reclama hace años su urbanización sobre la calle Alvarado y Sargento Lemos. Frente al colegio parroquial Santo Domingo Savio y la Parroquia Nuestra Señora de La Cava.

Patrick Haar
Casa de Galilea acompaña a 500 familias del barrio con talleres, actividades sociales y educativas en problemas de estimulación temprana, atención psicológica y nutrición, además de talleres, un programa educativo y gestión de pasantías para adolescentes. San isidro. Roberto Cazenave, presidente; Mariana Maisterra, relaciones institucionales
Mariana Maisterra y Roberto Cazenave

‘Bobe’ y Mariana destacaron los programas educativos de la ong: el centro de estimulación temprana y el de atención y desarrollo humano. Aunque el programa de desarrollo de competencias laborales, el de atención psicológica y el de nutrición atraviesan los mencionados en un trabajo de más de 70 voluntarios y 25 profesionales rentados entre estimuladores, maestros, psicólogos y psicopedagogas.

La sede tiene dos pisos y está pintada de color amarillo austero, en la planta baja hay tres salones donde se dictan algunos de los programas, la cocina, la sede de Cáritas y en el medio un patio que se llena de la alegría de los chicos. Mientras que en el segundo hay cinco aulas, y algunas oficinas para la atención psicológica de algunos niños.

Patrick Haar
Estimulación temprana, atención psicológica y nutrición, los pilares
Estimulación temprana, atención psicológica y nutrición, los pilares

El centro de estimulación temprana busca “lograr que el bebé desarrolle la plenitud de sus potencialidades”, destacó ‘Bobe’, como conocen al presidente en los pasillos de la sede. Hacen foco en la contención de la madre y del bebé, por separado, puntualizando en el embarazo hasta los 3 años.

“En el barrio, las mujeres tienen problemas de autoestima porque se sienten menospreciadas, solas, el padre está ausente (preso o sin aparecer), y por eso nos enfocamos para que disfruten el hecho ser madre y de ser mujer”, destacó Maisterra, traductora pública y comprometida con la causa desde sus inicios quien contó que les enseñan a las chicas a “estimular a sus hijos porque ellas no confían en sus capacidades”.

Patrick Haar
500 familias del barrio asisten a sus talleres
500 familias del barrio asisten a sus talleres

Desde CdG trabajan en la educación en valores: en la resolución de conflictos en la no violencia, en el rol de la palabra, en aceptar las diferencias, y en no discriminar partiendo de la base que todos pueden mejorar sus vidas a través de la dignidad y poniendo esfuerzo para generar la superación.

“Si mis padres no lo hicieron conmigo, porque lo voy a hacer yo con mis hijos. Esa es la respuesta más común de las chicas. Ellas tienen ese bache con su pasado que es muy difícil de superar. Hay que hacerles comprender lo importante que es ese espacio de una mamá con su hijo para contarle un cuento o devolverle la pelota si te la tiran, por ejemplo”, explicó Maisterra, que también se encarga del programa de lectura para adolescentes.

“’Si mis padres no lo hicieron conmigo, porque lo voy a hacer con mis hijos’, Es la respuesta más común de las mamás. Tienen ese bache con su pasado que es muy difícil de superar”

La cultura del trabajo

El programa de desarrollo de competencias laborales se dedica a la capacitación de los jóvenes para un primer trabajo a partir de los 16 años donde aprenden “la cultura del trabajo” y “el respeto por el otro”, explicó Cazenave.

A los adolescentes, se les enseña desde la importancia de la presentación personal, hacer un currículum, mantenerse en un trabajo y verse como sostén de familia, y que el esfuerzo da sus frutos. A través de un convenio con el club de rugby San Isidro Club los adolescentes trabajan allí como ayudantes de la utilería de los equipos.

Patrick Haar
Roberto Cazenave, presidente de CdG
Roberto Cazenave, presidente de CdG

La fundación obtiene los recursos a través de cenas anuales en el Hipódromo de esa comuna, apoyos individuales y empresas privadas, así como de la organización de torneos de golf y eventos a beneficio en el Teatro del Colegio Marín.

El programa de nutrición influye transversalmente todos los proyectos: Los chicos y sus madres reciben el desayuno y la merienda “reforzada” porque en general, entienden desde la entidad, que no cenan en sus casas. Hacen foco en la ingestión de productos saludables como frutas y verduras con el trabajo de una nutricionista. También se los pesa y se los mide porque detectaron frecuentes problemas de obesidad en los jóvenes por comer “comida chatarra o hidratos de carbono”. A esto se les suma que las madres tienen clases de cocina.