Su rol es vital en los pueblos más lejanos de las cabeceras departamentales de Justicia. Un repaso de la evolución y pervivencia de los únicos magistrados sin competencia frente a ilícitos.

Es probable que la sentencia: “En virtud de la autoridad que me confiere la Ley, los declaro unidos en matrimonio. Puede besar a la novia” sea lo primero que relacionemos con un juez de paz. Pero esa rama de la Justicia no se ocupa sólo de enlazar gente. Si bien con cambios y diferencias según la región, existe desde el Virreinato y conserva el espíritu por el que fue creada: acercar la justicia a las personas adonde no la hay.

Hay juzgados de paz en las grandes ciudades, pero la función de esos magistrados se hace más notoria en los pueblos en los que no hay salas de primera instancia. Allí funcionan como auxiliares de la Justicia letrada, fundamentalmente, en los fueros civil, comercial y de familia. Se ocupan, por ejemplo, de llevar adelante las notificaciones, y tienen también funciones propias como la certificación de firmas, legalización de copias y, en algunos lugares, acoger a funciones del registro de las personas.

Un aporte fundamental, es entender en cuestiones de transporte de ganado (expiden las guías para los camiones jaula, por ejemplo) y acuerdos de mediación y conciliación relativamente sencillos, como pueden ser los problemas de medianera o deudas de poco monto. En poblados en los que no hay escribanos, el juez de paz también es el que certifica actos legales consuetudinarios.

Aunque la actividad es similar, cada provincia tiene su propia ley que regula la justicia de paz y todas coinciden en que, en principio, se tiende a la desaparición del juez lego, es decir, el que no es abogado. Las leyes modernas hablan de jueces de paz letrados en todo el país, pero, al ser requisito para acceder al cargo la residencia en la zona, en muchos pueblos con pocos habitantes se hace imposible encontrar un candidato titulado.

Cada provincia tiene su propia ley que regula la justicia de paz y todas coinciden en que, en principio, se tiende a la desaparición del juez lego, es decir, el que no es abogado.

La legislación también propone distintos modelos de elección para los nombramientos. En algunas provincias se hace por concurso, coordinados por los consejos de Magistratura de ese nivel. En otras, el jefe comunal propone a los candidatos y el Consejo decide, y también hay casos de elección popular: el mismo padrón de votantes para los comicios nacionales o locales sirve para elegir al juez local.

En comarcas de frontera o muy pequeñas, aún subsisten jueces de paz que son sólo vecinos reconocidos. La ausencia del título que pide la Ley a veces acarrea, para trámites sencillos, problemas que no existirían con un juez de paz letrado. Por ejemplo, si un niño o niña requiere autorización para salir del país, cuando el juez de paz es lego tiene que ser refrendada por la Cámara Civil del departamento judicial que corresponde a la localidad, que en algunos casos puede estar a más de 200 kilómetros.

En varios distritos, los juzgados de paz ocupan el lugar de los viejos juzgados de faltas, en los que se resuelven contravenciones en cuestiones sin penas de prisión y situaciones que no llegan a delito. Es que el juez de paz no tiene competencia frente a ilícitos y debe pasar el trámite por un juez de instrucción o una Unidad Fiscal de Investigación.

En varios distritos, los juzgados de paz ocupan el lugar de los viejos juzgados de faltas, en los que se resuelven contravenciones en cuestiones sin penas de prisión y situaciones que no llegan a delito.

Génersis y evolción bonarenses

Los juzgados de paz aparecieron en la provincia de Buenos Aires a fines de 1821, gracias a una ley que suprimió los cabildos coloniales y que también dio por tierra a los alcaldes ordinarios. Estos funcionarios eran instalados por el propio cabildo y se desempeñaban como una especie de jueces legos de primera instancia, quienes fueron reemplazados por una estructura judicial basada en los jueces similares -letrados, rentados e inamovibles- y de paz, que al principio no tenían estudios en leyes.

Por la multiplicidad de funciones, llegó un momento en que la Justicia de paz atentó contra la división de poderes, ya que la designación de sus integrantes, que de alguna manera impartían justicia, estaba influida por el Poder Ejecutivo. Pero lo cierto es que, aun así, y hasta el día de hoy, es una de las pocas formas de tener un representante judicial en lugares alejados de los grandes centros urbanos.