Una casa destinada a dar auxilio a los más vulnerables

Fundada en 1995 en homenaje a un joven que murió de manera trágica, la Fundación “Juanito” está dedicada a la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes que sufrieron diferentes tipo de violencia a lo largo de sus cortas vidas.

“La idea surgió con poca claridad en función de hacer algo por los niños pero con la impronta de que fuera algo colectivo. Se armó un equipo multidisciplinario y creo que en 21 años hubo una verdadera transformación hasta el día hoy”, destaca Gilda Podestá, coordinadora general de tareas profesionales.

Diego Seoane, “Juanito”, fue uno de los chicos que murió junto con tres amigos a raíz del desprendimiento de un balcón en Pinamar en enero de 1992. Los integrantes de la fundación para la protección de la infancia destacan su trabajo conjunto y “el cuidado de los niños como una tarea pensada desde lo ciudadano con una pata puesta en lo comunitario, para luego revisarlo, reflexionar sobre lo actuado y volver a la práctica de una manera superadora”.

FUndacion JuanitoLos primeros chicos se recibieron sin un formato específico ni leyes, todo muy casero y familiar. Estaban a cargo de dos o tres personas, quienes se ocupaban de ellos después de trabajar y los fines de semana en la casa que hoy se expande sobre la calle Amenábar al costado de las vías del ferrocarril Mitre, cerca de las estación Colegiales, en la Ciudad de Buenos Aires.

Son dos hogares de 12 jóvenes cada uno: la Casa del Árbol y la Casa del Abrazo, en referencia al lugar de juego de los chicos y a la afectividad. “Hacemos un trabajo singular y colectivo a la vez. Caminamos con esa misma idea con la participación de todos, desde el Estado como garante de los derechos y la comunidad como partícipe necesaria para generar condiciones de mejor vida y de felicidad para los chicos”, dice Podestá. El Estado porteño aporta un 50 por ciento de lo necesario para su mantenimiento más allá del aporte solidario de particulares, becas de organismos competentes, instituciones públicas y privadas.

El equipo está liderado por su ideóloga, Mónica Basualdo, directora general; Gilda Podestá, coordinadora general de tareas profesionales; Lorena Naviera a cargo de la coordinación del Departamento de Aprendizaje; Vanesa Chaves y  Victoria Zalloco, coordinadoras del Departamento de Trabajo Social; Marina Vegh, coordinación del Departamento Jurídico; y Soledad Dawson, del Departamento Psicológico.

Fundacion Juanito, directora Gilda Podesta, coordinadora gral de tareas profesionales
Fundacion Juanito, directora Gilda Podesta, coordinadora gral de tareas profesionales

Los seis departamentos coordinan en simultáneo los 12 programas que actualmente están vigentes como el Programa de Orientación a Ciudadanas y Ciudadanos, el Programa de Acompañamiento y Fortalecimiento Familiar (PAFF), Programa de Aprendizaje, Programa de Capacitación para Colaboradores, Programa de Capacitación de Oficios en Servicios, Programa de Residencias Juveniles, Programa de Orientación a Instituciones, Programa de Eventos Infantiles con Salida Laboral,  (PAS) Programa de Ayuda Solidaria, entre otros.

Tras un análisis particular de la situación de cada chico entre el Juzgado y el Estado, reciben personas de entre 0 y 21 años de ambos sexos a través del sistema de protección del Consejo de Derechos y  la Dirección de Niñez porteña en el marco de la ley 26061. A través de diversos convenios con organizaciones sociales, “Juanito” capta también a niños en situación de vulnerabilidad cuando se toma una medida de excepción o especial.

“Los chicos son llevados a una institución de cuidado no estrictamente por hambre ni frío sino por situaciones de violencia, abusos sexuales, padres con consumo, jóvenes que tienen padres con enfermedades psiquiátricas, o guardias preadoptivas cuando hay personas que se arrepienten de adoptar y los devuelven”, explica Lorena Naviera a cargo de la coordinación del Departamento de Aprendizaje.

Naviera está a cargo de coordinar a los educadores, quienes son los encargados de convivir con los pequeños las 24 horas del día y los 365 días del año. Conviven con ellos para adecuar las conductas cotidianas, al principio se quedan con ellos las 24 horas durante 3 días, y luego se van relevando entre los educadores que trabajan en la fundación. Son personas adultas elegidas minuciosamente con un perfil  adecuado, con experiencia y capacidad para trabajar con niños y hacerlo en grupo.  Se reúnen 2 veces por semana con los coordinadores para evaluar el día a día de los problemas a solucionar dentro de la institución.FUndacion Juanito

“Es una figura de sostén pero no le decimos mamá o papá. Trabajan en lo cotidiano, en la tarea, o en la comida. Pensamos en una familiaridad dentro del hogar donde se resuelven cuestiones de contención y es muy grato ver su evolución hasta en sus gestos en poco tiempo. Esa es la mejor respuesta que estamos haciendo las cosas bien. Es una lógica colectiva. Cada uno con sus roles destacando el diálogo y lo que hacemos con un firme compromiso”, argumentó Gilda en una oficina donde se respira el aire puro del trabajo en equipo pese a que está en plena obra de construcción de expansión de los hogares.

A través de los diferentes programas que tienen convenios con instituciones educativas, deportivas, y con empresas buscan que los chicos egresen con su propio proyecto y puedan cumplir el sueño deseen como cualquier otro. “Nuestros niños tienen que tener adultos que los acompañen en el camino con especial interés en la ética del cuidado. Construir un dispositivo que genere condiciones de vida y de cuidado. Creemos que no hay otra manera de generar vincularidad a través de una red comunitaria. Cuando uno se cae, hay otros para sostenerlo porque lo comunitario sostiene”, destacó Gilda quien agregó que se busca “acompaña el proyecto de vida particularmente”. Y así lo hacen.

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