Juan Bautista Alberdi, abogado

El polifacético inspirador de las bases de la Constitución Nacional

Un 19 de junio pero de 1884, hace 133 años, fallecía uno de los pensadores argentinos más importantes de nuestra historia, Juan Bautista Alberdi.

Tucumano de nacimiento, Alberdi fue un profesional con múltiples títulos, que realizó en vida grandes aportes a nuestro país, al punto de haber sido el inspirador de la Constitución Nacional.  Además de abogado y jurista, es reconocido por sus prácticas como economista, diplomático, político, escritor, periodista y como si fuera poco, también músico.

Nació en San Miguel de Tucumán el 29 de agosto de 1810, pero de joven viajó a Buenos Aires a estudiar, aunque no tardó en abandonar el Colegio de Ciencias Morales por su dificultad para adaptarse al polémico régimen disciplinario de la época. Mientras trabajaba en un comercio, leía a Rousseau y se iniciaba en la música como compositor, flautistas, pianista y guitarrista. Sobre ello escribió su primer libro, El espíritu de la música.

Más tarde Alberdi retomó sus estudios y se graduó de bachiller en leyes, en la provincia de Córdoba. En simultáneo, desde el año 1832, el joven escritor comenzó a acudir a reuniones de intelectuales luego llamados “la generación del 37” vinculados al romanticismo europeo, como Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez. Junto a ellos, Alberdi fundó la Asociación de la Joven Generación Argentina.

Su primer gran paso en el camino de las leyes le llegó en 1837, cuando redactó Fragmento Preliminar al estudio del Derecho, criticado por los exiliados en Montevideo que pretendían una crítica mayor a Manuel de Rosas. El mismo año también publicó sus primeros artículos periodísticos en La Moda, gacetín semanal de música, poesía, literatura y costumbres, en los cuales escribía en contra de Rosas bajo un seudónimo. Por esa razón, fue perseguido y debió exiliarse en Uruguay.

En ese país, Juan Bautista continuó escribiendo en varios periódicos sobre política, predicando a favor de la organización nacional y el constitucionalismo,  y presentó incluso dos obras de teatro sobre la guerra civil. Luego, en 1843, decidió viajar a París, donde entrevistó reiteradas veces al general San José de San Martín y estudió El espíritu de las leyes de Montesquieu, obra inspiradora de varias constituciones.

Su legado

A su regreso al continente americano, como Rosas seguía al mando, Alberdi se fue a vivir a Chile, donde ejerció durante 17 años como abogado de mucho prestigio y presentó su tesis doctoral, en la cual defendió la idea de una unión americana y se preparó, a través del estudio de la constitución estadounidense, para crear una de su autoría.

Así, llegó finalmente en 1852 a escribir uno de sus mayores legados: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina,  editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso y publicado luego junto a un proyecto de constitución que le envió al general Justo José de Urquiza, quien había derrotado a Rosas poco antes.

“Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad.”, le respondió Urquiza y no se equivocó, ya que el escrito fue de hecho una de las bases de la Constitución Nacional de 1853.

Entre las ideas más relevantes que expuso Alberdi en su momento, que discutía en encuentros con Domingo Faustino Sarmiento, están  el liberalismo político y económico, y la necesidad de poblar el país con inmigración europea, con su lema central “gobernar es poblar”.

Más tarde, tras rechazar el puesto de ministro de Hacienda ofrecido por Urquiza, decidió servir como diplomático en Europa radicándose en Francia los 24 años siguientes, hasta que asumió la presidencia Bartolomé Mitre, considerado por Alberdi como “el rosismo cambiado de traje”.

Desde París y sin trabajo, Alberdi repudió fuertemente la guerra del Paraguay iniciada por Mitre y defendió al derrotado país vecino.

En 1879 retornó al país para convertirse en diputado nacional tras una alianza entre Julio Argentino Roca y Nicolás Avellaneda. En el Congreso, fue particularmente activo y su rol fue clave para la aprobación de la Ley de Federalización de Buenos Aires.

Ya cerca del final de su carrera, uno de sus históricos contrincantes y dueño del diario La Nación, Mitre, logró se rechace la publicación de sus obras completas y su nombramiento como embajador en Francia, país al que igualmente viajó en 1881, donde murió tres años después.

Aun así, el jurista, político, escritor, músico, periodista y más no será recordado por ese último episodio que le trajo humillación y cansancio, sino por todos sus aportes indiscutiblemente relevantes que hizo a la historia argentina en general y a su democracia en particular.