Mariana Ferrero, directora técnica de Fundación Jingles

“Los animales actúan como facilitadores con los pacientes”

En 2002 Mariana era una licenciada en psicología que por entonces trabajaba en terapias de adicciones, pero vio restringido su campo de acción y tomó una decisión que le cambiaría la vida a ella y a muchas personas más.

“Decidí no buscar un trabajo, sino construirlo y fui por lo que me gusta. Uno elige”, afirma convencida desde el centro de la Fundación Jingles, en el barrio Alto Alberdi, en la capital cordobesa.

De fondo se escuchan ladridos. Es que aquel proyecto que empezó 14 años atrás está basado en la zooterapia, que ofrece grandes bondades a la salud humana, en especial a las personas que enfrentan distintos retos. Entre tres y cuatro veces por semana chicos, adolescentes y hasta adultos con diferente dificultades acuden al centro donde están en contacto con los perros y trabajan en las diferentes disciplinas, logrando grandes resultados. Personas con trastornos autista, de la comunicación, retraso madurativo o síndrome de down son algunos de quienes logran grandes cambios con esta terapia.

Ferrero, directora técnica de la institución comenzó su trabajo en Jingles con dos colegas más, de un modo casi autodidacta. “Nos empezamos a formar en zooterapia, que todavía como carrera no estaba. Fue un proceso de construcción, del saber hicimos el ejercicio”, afirma.

“Había mucho por explorar”, acota. Ella ya solía llevar a sus perros cuando trabajaba con pacientes en recuperación y sabía los beneficios que estos traían a la salud. “Hice el aprendizaje del manejo con animales, empecé a ser aprendiz de adiestrador”, agrega.

Por aquellos días, para trabajar con los pacientes, tenían seis perros, de los cuales cuatro (dos labradores y dos mestizos) eran de Mariana. Ahora tienen 32 entre mestizos, labradores, goldens retrivers, y los resultados de las cruzas entre estos últimos. Todos en un predio de dos mil metros cuadrados, en el que están sueltos.

“No podemos permitir perros que no se ajustan a la manada. Conviven entre ellos y con nosotros de forma permanente. Son una enorme familia”, explica. Y agrega que cuando son las vacaciones y los pacientes no asisten, los perros “se desesperan. Ellos se sosiegan con el trabajo”.

A Jingles asisten chicos de entre 3 y 4 años en adelante, que trabajan haciendo un proceso terapéutico en las distintas áreas: psicología, psicopedagogía, fonoaudiología, etc. No hay límites de edad, de hecho uno de los primeros pacientes que empezó cuando comenzó la Fundación sigue concurriendo y tiene 28 años. “Los tratamientos se van  adaptando a tiempo de la evolución. Cambiamos las metas y los objetivos”, detalla.

Además, los cachorros que van naciendo se adaptan desde el principio a la interacción con el paciente y trabajan juntos. Desde la semana de vida están juntos, en contacto con el cuerpo, “es todo un proceso que afecta para bien a ambos. Todo se trabaja con los pacientes”, completa.

Los progresos en los pacientes se suceden en la medida de las posibilidades, más rápido que lo habitualmente sucede en un consultorio tradicional. “El perro actúa como un facilitador”, detalla Ferrero. “En psicología se elige el animal según la meta que uno se proponga en ese momento. Puede trabajar confianza, autoestima, control de los impulsos, en función de lo que se requiera”, agrega. Muchos de los resultados se ven en la autonomía e independencia que los pacientes logran y que tanto alegra a sus familias como a los profesionales que los atienden, acompañados de los canes.