Germaine Tillion, etnóloga

Incansable luchadora contra el mal en todas sus formas

Lucidez, valentía, fortaleza moral, inteligencia aguda y gran sentido del humor. Todas estas características pueden asociarse, sin incurrir en la más mínima idealización, a la figura de la etnóloga Germaine Tillion.

Nacida el 30 de mayo de 1907, en Allègre, un pequeño pueblo de Francia, fue una de las cabecillas de la Resistencia parisina contra la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y también cumplió labores políticas y humanitarias en la Guerra de Argelia.

Su juventud transcurrió en Clermont-Ferrand, pero se trasladó más tarde a París, donde estudió Antropología Social bajo la supervisión de Marcel Mauss, quien había creado el Instituto de Etnología poco tiempo antes. Obtuvo sus diplomas en la École Pratique des Hautes Études y la École du Louvre.

Su trabajo en el área de la investigación la llevó, en 1934, a instalarse en Argelia, y convivir con las tribus bereberes. Durante seis años, su labor allí se concentró en la recolección de información, con vistas a obtener su doctorado en Antropología, indagando en las condiciones de vida que enfrentaban las mujeres de esa región. Sus estudios le permitieron inferir que la opresión sobre las mujeres tenía una génesis preislámica.

En 1940, Germaine decidió regresar a Francia, ya ocupada por los nazis, y se opuso al armisticio suscripto por el mariscal Pétain. Aliándose a Paul Hauet, un coronel retirado, dio forma a la denominada Red del Museo del Hombre, organización asociada al movimiento de la Resistencia parisina. Entre sus diversas responsabilidades, estaban el brindar ayuda para el escape de prisioneros y organizar las labores de Inteligencia para las fuerzas aliadas a lo largo de dos años.

Tillion 4A principios de 1942 la red fue detectada por las fuerzas nazis, pero Tillion consiguió escapar, aunque en agosto de ese mismo año fue detenida, al ser delatada por un cura infiltrado en la red; encarcelada durante un mes, luego será deportada al campo de Ravensbrück. Las ásperas condiciones de detención no afectaron su fortaleza interior: decidió organizar la supervivencia de las otras detenidas, e incluso se llevó adelante un análisis de la lógica concentracionaria. En esos escritos, concibió la idea de que si se entiende la maquinaria de opresión, si se analiza su funcionamiento, es posible ganar serenidad y presencia de ánimo para enfrentar la situación adversa desde una posición de menor vulnerabilidad. De hecho, durante aquel encierro, Germaine escribió un musical (“Le Verfügbar aux Enfers”) basado en las experiencias límite vividas en el campo de concentración junto a otras prisioneras.

Lo trágico no le dio sosiego, ya que su madre murió en marzo de 1945 en Ravensbrück, a pocos días de la liberación del campo, mientras que la etnóloga escapó merced a una operación dirigida por la Cruz Roja de Suecia. Tras un período dedicado a su recuperación física y psicológica, Tillion buscará, a través de la escritura, dar con una explicación racional de la barbarie nazi y sus campos de exterminio. Sintiéndose próxima a la ideología comunista, su honestidad intelectual le impidió obviar la existencia de los campos de reclusión en la Unión Soviética.

En 1954 retomó su contacto con Argelia, y se instaló allí para continuar  su labor de investigación. Pero el panorama político ya estaba convulsionado, pues había comenzado la guerra independentista contra Francia, Su posición entonces fue consecuente con su trayectoria previa: dio su apoyo a los combatientes argelinos, pero no de manera incondicional, ya que planteó sus críticas al uso de métodos terroristas –ataques a lugares públicos con bombas- y por supuesto deploró las torturas y violencia de los represores franceses. Para reflejar las tensiones de ese momento histórico, publicó los libros “Argelia en 1957” y “Los enemigos complementarios”, donde puso en evidencia cómo los procedimientos de los colonialistas y los de los miembros del Frente de Liberación Nacional (FLN) eran en algunos puntos análogos y mutuamente funcionales. Señaló, de todos modos, la pauperización de la población argelina como el principal motivo de la insurrección, y puso en marcha, en 1955, los Centros Sociales en los que se procuraba darles mayores niveles de educación a la población y entrenamiento a los trabajadores rurales para que pudieran sobrevivir en las ciudades.

Casi treinta años después de la experiencia en el campo Tillion 3de concentración alemán, Tillion debió emprender, en 1973, una cruzada contra los negacionistas, quienes argumentaban  la inexistencia de las cámaras de gas y el asesinato a escala industrial de millones de prisioneros del nazismo, y por ello publicó su libro “Ravensbrück. Un testimonio sobre un campo de concentración de mujeres”, en el que abordó su propia experiencia como interna y sus investigaciones –tanto durante su detención como en el período de la posguerra- sobre el funcionamiento de los lagers, los movimientos de los prisioneros, las operaciones administrativas de la burocracia nazi, y los asesinatos encubiertos y abiertos de los miembros de las SS. Así, retrató también la realidad del aumento de las ejecuciones en las semanas previas a la derrota alemana, y se enfrentó sin concesiones a otros estudiosos que aseguraban que no habían existido las cámaras de gas en los campos occidentales. También, denunció los Gulags soviéticos montados entre 1945 y 1954. Infatigable, diseñó y dirigió un programa educativo para prisioneros franceses y, además, como docente en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, emprendió más de 20 misiones de investigación en el norte de África.

La función documentalista-etnográfica de sus escritos permitió apreciar, de manera clara, la doble función que cumplían los campos: por un lado, acelerar el proceso de exterminio que se dio en llamar La Solución Final, mientras que por otro, instrumentar un sistema de trabajo esclavo que se ajustara a los requerimientos de la logística de la guerra y, al mismo tiempo, funcionara como una vía de enriquecimiento personal para los jerarcas de la SS. Testimonió, con lucidez y minuciosidad, las terribles condiciones de vida de los detenidos, el carácter sádico del personal de la prisión, y la automatización de los militares nazis convertidos en despiadadas máquinas de matar. Muchos años más tarde, en 2004, incapaz de hacerse la desentendida, condenaría las torturas de las fuerzas militares norteamericanas en Irak.

Especialista  en estructuras familiares en el Magreb, al momento de su fallecimiento, era Profesora Honoraria en la Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, y entre sus libros se destacan “El harem y los primos” (1966), “En busca de lo justo y lo verdadero” (2001) y “Combates de la guerra y la paz” (2007). Honores no le faltaron: fue galardonada con la Gran Cruz de la Legión de Honor, La Cruz de Guerra 1939-1945 y la Medalla de la Resistencia, entre otros premios. Murió, en su casa de los alrededores de París, en abril de 2008.

Esa mujer de 100 años, cuya energía se mantuvo activa hasta el final, fue recordada por el intelectual Tzvetan Todorov  como alguien que “luchaba contra el mal sin creerse el ángel del bien”. Esa integridad para no sentirse inmune a los aspectos más brutales del ser humano le confirió, quizás, una cierta condición de santa laica que atravesó el horror, no perdió el espíritu crítico, supo conservar el humor y tuvo el coraje (y la fortuna) de vivir para contarlo.