Bernardo Houssay, científico e investigador

El genio que se transformó en el primer Nobel argentino

Fue un prodigio desde chico y ya a los 23 años era médico, fisiólogo y farmacéutico. Se destacó como investigador y creador del CONICET. Y fue el primer latinoamericano en recibir el más importante galardón para un científico.

Bernardo Alberto Houssay Laffont era hijo de padres franceses y fue un prodigio desde chico. Nació el 10 de abril de 1887 y fue un precoz genio: terminó la escuela primaria en el Colegio Británico a los 7 años, se recibió de bachiller a los 13, fue farmacéutico a los 17, profesor universitario en la UBA a los 21 y médico a los 23, a principio del siglo XX. En 1910, ya tenía toda esa formación académica que recién fue premiada a los 60 años, tras desarrollar una extraordinario carrera de investigador científico que le valió el Premio Nobel.

Porteño nacido cerca de la Plaza de Mayo y apasionado por la lectura, fue uno de los ocho hijos del matrimonio de Albert, un abogado francés, y de Clara Laffont. Recibido de muy joven de médico hubo un libro que lo marcó para especializarse en lo que sería su vocación. La lectura de “Introducción al estudio de la Medicina experimental”, de Claude Bernard, lo llevó a dedicarse a la Fisiología, parte de la Biología que estudia los órganos de los seres vivos y su funcionamiento.

Desde 1913 fue médico jefe del Hospital Alvear y era titular de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Veterinaria. Tres años más tarde, fue designado jefe de la Sección Venenos y Órganoterapia del Departamento Nacional de Higiene.

“La ciencia sólo puede florecer en un ambiente de libertad. Los ambientes de opresión impiden su adelanto”

Al tiempo que trabajaba en investigaciones médicas, también dedicaba tiempo a aprender y enseñar. Fue profesor de Fisiología en la Facultad de Medicina, y publicó más de 500 artículos. Uno de ellos, “Fisiología humana”, se hizo universal y fue traducido al inglés, francés, griego, italiano, japonés, portugués y alemán. Cuando tenía 21 años le ofrecieron dictar el curso de Fisiología para las dos carreras: Agronomía y Veterinaria. Aceptó. Allí creó el Instituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Permaneció como su director hasta la primera presidencia de Juan Domingo Perón.

Investigación y descubrimientos

En 1943, su militancia en la Junta de Coordinación Democrática, opuesta a la candidatura de Juan Domingo Perón, le trajo algún disgusto. Tras el triunfo del futuro líder justicialista, el interventor de la Facultad de Medicina lo pasó a retiro. A partir del año 55, Houssay volvió a cumplir importantes funciones. Entre ellas, logró que en febrero de 1958, por Decreto Ley Nº 1291, se creara el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Houssay fue el primer presidente de ese organismo.

En el CONICET pudo plasmar todo el saber de la especialidad y también realizar investigaciones en animales, que luego fueron desarrolladas para humanos. Trabajó en múltiples campos de la fisiología, pero poniendo énfasis en sus trabajos sobre el funcionamiento de las glándulas endócrinas. Dedicó horas y horas al estudio de la hipófisis y su descubrimiento más importante fue el papel del lóbulo anterior en el metabolismo de los hidratos de carbono.

También trabajó en otros aspectos de la fisiología y la farmacología relacionados con los aparatos circulatorios y respiratorios, los procesos de inmunidad, el sistema nervioso, el aparato digestivo y con venenos de arácnidos, víboras y serpientes, según explica el libro “Escritos y discursos”, de la Editorial Ateneo de 1942. Experimentó con ranas y perros con diabetes y notó que los animales sobrevivían si se le extirpaba la hipófisis que interviene en el consumo de azúcares del organismo.

“El adelanto de las ciencias en un país es el índice más seguro de su civilización. Hablar del futuro de las ciencias en una Nación es lo mismo que expresar qué jerarquía ocupará en el mundo civilizado. Falta de ciencia es sinónimo de barbarie o de atraso”

Ya en el instituto creado para el estudio de la fisiología comenzó a investigar sus trabajos en perros. Demostraron con su equipo como la hipófisis interviene en el consumo de azúcares del organismo de los animales, y de los humanos. En la Endocrinología fue en otra rama en la que realizó diversos estudios que fueron determinando las causas de la hipertensión arterial.

Los descubrimientos científicos le valieron decenas de propuestas laborales en para trabajar en los Estados Unidos, las cuales rechazó para trabajar en su país,  pese a la resistencia del gobierno peronista. Pese a esto, fue distinguido en universidades e institutos de todo el mundo y con el premio más destacado, el Nobel.

Honores y enseñanza

Houssay se había casado con la química María Angélica Catan, con quien tuvo tres hijos: Alberto, Héctor, y Raúl. Es autor de más de 500 trabajos científicos y de varios libros. Fue profesor de la Facultad de Ciencias Médicas entre 1919 y 1943, y en 1945 y 1946. Por sus investigaciones, obtuvo títulos honoríficos de 25 universidades, fue presidente de la Academia Nacional de Medicina de la Argentina, de la Academia de Letras, de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, de la Academia de Ciencias Políticas y Morales de Buenos Aires y de la Academia Pontificia de Ciencias.

La mañana del 23 de octubre de 1947 recibió la carta de la Academia Sueca que le otorgaba el premio Nobel de Fisiología y Medicina por su descubrimiento del papel de la hormona liberada por la hipófisis en el metabolismo de los azúcares. “Tuvo una trayectoria científica impresionante, por la diversidad y trascendencia de los trabajos”, expresa el libro de Federico Pérgola “Historia de la medicina argentina”.

En el texto, destacan que Houssay dedicó gran parte de su vida académica a la formación de nuevos investigadores, que conllevaron a la creación de diversos institutos de formación. Y fue nombrado profesor honorario de universidades, academias, y sociedad de todo el mundo. También fue condecorado por gobiernos de varios países. En la Argentina, en su honor, el 10 de abril se celebra el Día del Investigador Científico.

Su larga labor continuó hasta el día de su muerte, el 21 de septiembre de 1971. Al año siguiente, la OEA instituyó el premio “Bernardo Houssay” para galardonar a los investigadores más destacados de América, en una clara muestra del imborrable legado que dejó el argentino. Y en 1983 recibió el Premio Konex de honor.

“La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”