Janusz Korczak, medico y escritor polaco

El hombre que sentó las bases del derecho al respeto del niño

Creó dos casas para acoger niños y niñas, y desarrolló una filosofía para su cuidado. Aunque su especialidad fue la medicina, el polaco Janusz Korczak fue reconocido por sus impulso a que los chicos también son sujetos de derechos inajenables.

korKzacAunque todavía existen demasiadas circunstancias en las que las necesidades y bienestar de muchos niños no están garantizados, hoy conocemos que existe una Declaración Universal de los Derechos del Niño y podemos percibir en menor o mayor medida cuando esos derechos son vulnerados. Pero hubo una época en la que ni siquiera había una conciencia sobre esos derechos. Una época en la que a los niños ni siquiera se los consideraba sujeto de derechos. Janusz Korczak, un médico nacido en Polonia en 1878, luchó por cambiar esa idea.

Nació en una familia judía, intelectual y de buen pasar económico, pero a los 12 años tuvo que empezar a trabajar para afrontar los gastos que producía una grave enfermedad psiquiátrica de su padre, y ayudar a su familia. Esta situación fue, quizás, uno de los hechos que alimentó su empatía con los chicos. “El sufrimiento de los pequeños no es un sufrimiento pequeño. Por eso, debemos ayudarlos y escucharlos”, era una de sus frases.

“El sufrimiento de los pequeños no es un sufrimiento pequeño. Por eso, debemos ayudarlos y escucharlos”

Como médico empezó a trabajar en el Hospital Infantil Bersonów i Baumanów en 1906, y fue allí donde comenzó a notarse la diferencia de sus métodos. Por ejemplo, dejaba usar juguetes a los niños internados, algo que no era ni siquiera pensado hasta ese momento.

Construyó una gran reputación como profesional de la medicina y escritor, y en 1912 fundó su primer orfanato, el Dom Sierot. Pocos años más tarde, en 1919, fundó el segundo, el Nasz Dom. El sistema con el que funcionaban ambos centros, como si fueran repúblicas de niños, aún hoy sigue siendo considerado referente en métodos educativos.

Los niños celebraban asambleas generales presididas por uno de ellos, tenían un tribunal, un congreso, un sistema de recompensas y castigos, un periódico propio, -editado y escrito por ellos mismos-, que funcionaba no solo como un importante pilar en la sociabilización, sino que también se convirtió en una cantera de talentos.

Korczak estaba a favor de la emancipación de los niños. Creía que los principios de la democracia eran su derecho tanto como de los adultos. “El niño razona y entiende del mismo modo que un adulto: tan sólo carece de su bagaje de experiencias”, afirmaba. Fue un innovador en la investigación de la psicología y el diagnóstico educativo infantil, y luchó por la igualdad y respeto de sus derechos. Creía en la resocialización y en otorgar cuidados especiales a los menores en situación vulnerable.

“El niño razona y entiende del mismo modo que un adulto: tan sólo carece de su bagaje de experiencias”

Para Korczak era también fundamental la relación entre compañeros en la primera edad: Estaba convencido que a través de esta relación es cómo los niños se forman socialmente: En el vínculo con sus pares y no en la relación con su familia. Esta visión revolucionaria, que desplazaba a la familia como núcleo de la sociedad, era contraria a lo establecido por tradiciones de origen religioso, que aún hoy construye la mayor parte de los conceptos sociales comunes.

Estimulaba a los niños a confrontar sus primeras convicciones y sus ideales entre ellos, haciéndolos partícipes de sus propios procesos de sociabilización y preparación para la vida adulta. Creía en que el niño debía entender y vivir emocionalmente cada situación concreta: experimentarla, sacar sus propias conclusiones y, eventualmente, prevenir las posibles consecuencias.

Confiar en los niños

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Korczak con maestros del kibbutz Ein Harod

Korczak luchó porque los pequeños vivieran infancias libres de preocupaciones y convirtió a los orfanatos que había creado en el centro de su vida. Aunque hubiera podido huir antes, se quedó hasta el final en el gueto de Varsovia cuidando de sus 200 niños. Murió en 1942 en el campo de exterminio de Treblinka, al noroeste de la Polonia ocupada por los nazis.

“El hecho de que Korczak renunciara voluntariamente a su vida por sus convicciones da una idea de su grandeza. Pero eso no es nada comparado con la fuerza de su mensaje”, dijo Bruno Bettelheim, reconocido escritor y psicoanalista.

El psicólogo Jean Piaget, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia, también lo destacó a Korczak: “Un hombre maravilloso capaz de confiar en los niños y jóvenes de los que cuidaba, hasta el punto de dejar en sus manos las cuestiones de disciplina y encomendar a algunos de ellos las tareas más difíciles con gran carga de responsabilidad”.

Jean Piaget sobre Korczak: “Un hombre maravilloso capaz de confiar en los niños y jóvenes de los que cuidaba

Treinta años después de su muerte se le concedió, como título póstumo, el Premio de la Paz de los libreros alemanes. En su honor se entrega también el premio Janusz Korczak de literatura.

Hoy se considera a Korczak como un precursor de teorías pedagógicas modernas y su amplia concepción de los derechos del niño constituye un punto de referencia crucial para muchos autores contemporáneos. Sus ideas también encontraron aplicación en la “ideología de la normalización” para la educación de los niños con discapacidad intelectual.

Los libros de Korczak, Cómo hay que amar a un niño (1918) y El rey Matías I (1928), fueron traducidos a 27 idiomas y son aclamados por educadores y padres en todo el mundo. Pero fue en 1928 cuando publicó la que quizás fue su obra más influyente: El derecho del niño al respeto. El reclamo presente en este libro fue el que comenzó a preparar el terreno para la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 y fue la inspiración de la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989.

Fundamentos de sus ideas

El médico acogía niños en los dos orfanatos que creó
El médico acogía niños en los dos orfanatos que creó

– Rechazo a cualquier tipo de violencia, sea física o verbal, basada en la superioridad debida a la edad o a la jerarquía del poder.

-La interacción educativa entre los adultos y los niños amplía el concepto de la pedagogía clásica.

-El niño es un ser humano en la misma medida que un adulto.

-El proceso educativo debe tener en cuenta la individualidad de cada niño.

-El niño es quien mejor conoce sus necesidades, deseos y emociones, y por lo tanto debe tener derecho a que su opinión sea tomada en cuenta por los adultos.

-El niño tiene derecho al respeto de los adultos, el derecho a equivocarse y a fracasar, el derecho a la privacidad, así como a la libertad de opinión y a la propiedad privada.

-Considerar el desarrollo evolutivo del niño como una tarea compleja y difícil.