El deporte social como vehículo de unión e integración

La misión es clara. El desafío se trata de la unión de dos poblaciones alejadas pero con las mismas realidades hundidas en el olvido: los presos y los chicos vulnerables. Y hacia allí se apunta en una tarea sin descanso.

Nació como una iniciativa en la Facultad de Sociología de la UBA, donde el sociólogo Martín Almaraz ligó la problemática de su barrio con su profesión. “Empecé a ver que en la plaza 12 de octubre de Lomas de Zamora las chicas no podían practicar hockey porque los hombres las sacaban a los piedrazos. Decían que la cancha era para jugar al fútbol”, rememoró sobre el origen en 2008 el presidente de la asociación civil El Puente Posible.

La elección de la práctica de esta disciplina fue casualidad porque una novia suya lo practicaba en un club de zona norte.  El profesor secundario en la escuela Nuestra Señora de Luján investigó y concluyó, según su visión académica, que “las chicas estaban subsumidas en una doble situación, por un lado su clase social vulnerable que le impedía la práctica deportiva en su lugar, y por otro, que era relegadas en el deporte por ser mujeres”.

Pese a que se tuvieron que irse de la plaza donde comenzaron a entrenar 60 chicas de diferentes barrios de Lomas de Zamora, decidieron buscar un lugar para practicar. Así lo hicieron, y con la condición de llevar el “hockey colectivo” a los barrios cercanos muchos clubes les abrieron las puertas. Así llegaron a localidades como Calzada, Solano y Burzaco en el sur; al oeste en el partido de Tres de Febrero y hasta a provincias como Santiago del Estero y Formosa. También en Capital los barrios 31 de Retiro y 1-11-14 en el Bajo Flores.

El Puente tiene 20 sedes en las que las chicas divididas en tres categorías (Infantiles, Intermedias y Juveniles) juegan en representación, por ejemplo, del Sindicato de Empleados Municipales de Lomas de Zamora, pero pertenecen a la ONG.

“Crecimos exponencialmente desde 2008 con un club. En 2009 teníamos cuatro, y hoy llegamos a 20 en cinco partidos del conurbano bonaerense”, señaló Martín, quien trabajo de orientador social en la escuela 75 de Lomas.

“Desde el principio siempre tuvimos mucho apoyo por nuestra credibilidad”, afirmó Almaraz quien agradece el constante sostén de la UBA, de empresas y colegios privados de la zona. Reciben donaciones y voluntarios. Desde indumentaria, palos, bochas, hasta botines usados. Armaron la Liga comunitaria para barrios populares con partidos cada 15 días entre todos los clubes y torneos relámpagos por ejemplo para el Día del Niño y amistosos con clubes privados.

Se juegan cinco partidos por fin de semana en cada categoría. Aunque no se olvida su origen: “Al principio los primeros palos los conseguimos por internet a 60 pesos, muy baratos y así empezamos con 60 chicas. Jugaban en tandas de a 10 jugadoras y se prestaban los palos”.

El origen del nombre para Martín tiene un sabor especial. Cree que es el eje del trabajo que realizan desde hace ocho años uniendo dos colectivos que son opuestos pero semejantes en cuanto a su vulnerabilidad social. Se les ocurrió realizando un taller de voluntariado con una compañera socióloga en la Unidad 40 de Santa Catalina. Allí, les enseñaba historia a los presos del pabellón masculino y a las internas les enseñaba hockey, igual que en la ONG.

-¿Cómo surge el nombre El Puente Posible?

-Las chicas internas me vieron preocupado porque no teníamos remeras para las ‘pibas’. Me dijeron que si les llevábamos las telas, ellas les confeccionaban las camisetas. El jefe del penal nos pidió presentar el proyecto y a amiga se le ocurrió esta idea del puente posible entre los presos y nuestras ‘pibas’. Es una retroalimentación muy positiva de dos polos aislados y separados. Les mostramos videos del interior de la cárcel desde otra mirada, vieron como cosían sus camisetas y se emocionaron mucho.

Caso testigo

Almaraz recuerda el primer día de una de las jóvenes que empezó a practicar con ellos en el barrio Lamadrid de Lomas de Zamora. La apodan “Sofi”: “Ella me preguntó si no iba a dejar de venir. Le dijo que no y estuvimos 5 años por esa zona. La íbamos a buscar a su casa, no quería venir, estaba bajoneada, y cuando arrancó a jugar fue espectacular. Pero lo que más me emocionó fue lo que dijo para el video de nuestra web: ‘estoy acá y es como si lo demás no existiera’”.

La joven sufrió mucho en lo que va de su corta vida. Padres adictos, amigos presos y una familia desmembrada.  Hasta se tuvo que hacer cargo de sus hermanos. “Tenía una actitud de madraza. El hockey le hizo muy bien es una joven mujer de 19 años que ya formó su familia”, explicó el sociólogo solidario quien es querido por todas las chicas que pasaron, y pasan por la organización. “El Puente Posible fue parte de todo esto, acompañamos su evolución”, contó emocionado Martín y agregó: “Me gustaría que cada chica que pasó por la ONG diga que hubo un cambio en su vida”.