Gabriela Mistral, escritora y maestra

La poeta que entendió a la educación como un arte      

Fue Premio Nobel de Literatura, pero sobre todo fue maestra y una destacada pedagoga que hizo época con sus iniciativas. Este año se cumplió el 60 aniversario de su fallecimiento.

Lucila Godoy Alcayaga nació el 7 de abril de 1889 en la ciudad de Vicuña, IV Región de Coquimbo, en Chile. Pero no se la conoció mundialmente bajo ese nombre, sino por el seudónimo de Gabriela Mistral, una de las poetas chilenas que, junto con Pablo Neruda y Nicanor Parra, forman parte del santoral de las grandes voces líricas del país transandino.

Precozmente, con tan solo quince años, colaboraba con sus escritos en el periódico Coquimbo, de la ciudad de La Serena, utilizando los seudónimos de “Alguien”, “Soledad” y “Alma”. De manera simultánea al desarrollo de su vena creativa volcada en versos, por lo general desgarrados, empezó a  trabajar como docente.

De la experiencia como maestra en la escuela de La Cantera relató: “Un viejo analfabeto, al que enseñé a leer,  tocaba muy bien la guitarra y ese iba a darme fiesta con todos, en las noches. Alguna vez que le besé la cara y el cuello a un alumno huérfano y sordo que tenía, los demás se sintieron ofendidos. Yo les daba la clase en el cuarto de comer en torno de una mesa”.

Una familia de maestros

Las vicisitudes de la vida la llevaron por un camino que en su familia ya tenía antecedentes, dado que su padre había sido maestro. “Mi hermana se había casado con un hombre que tenía algunos bienes y un tiempo vivimos mi madre y yo cómodamente allegados a su casa. Mi cuñado lo perdió todo. Entonces mi madre supo que yo debía trabajar y decidió ella sola que yo siguiese la profesión de mi padre y de mi hermana, la de una de mis dos tías monjas y la de casi todos nuestros amigos”, contó en un relato autobiográfico. Así, a los 14 años, la madre la llevó ante un visitador de escuelas y le pidió una ayudantía de escuela rural.

Más allá de esa iniciación forzada, la influencia de su hermana Emelina resultó determinante en su decisión de dedicarse a la enseñanza, desde la que promovió un pensamiento pedagógico centrado en el desarrollo y la protección de los niños.

Por aquellos años trabajó como inspectora, como maestra de primaria y como profesora –de Higiene, de Historia y de Castellano- en diversas escuelas de Chile. Su labor docente nunca eclipsó su vocación de poeta: el 12 de diciembre de 1912 obtuvo la más alta distinción en los Juegos Florales celebrados en Santiago, con Los sonetos de la muerte.

Fue entonces cuando dejó de lado su nombre verdadero y comenzó a firmar sus poemas con el de Gabriela Mistral. Entre sus influencias más evidentes, se destacaba su predilección por Montaigne, Amado Nervo, Leopoldo Lugones, León Tolstoi, Máximo Gorki, Fiodor Dostoievski, Rubén Darío y José María Vargas Vila.

GabrielaMistral_02El nacimiento de la poeta

En junio de 1922,  viajó a México invitada por el ministro de Educación, el poeta José Vasconcelos, con el fin de colaborar en la reforma educacional y la creación de bibliotecas populares en ese país. También en ese año se publicó su libro Desolación en Nueva York. A partir de esa edición, Mistral tuvo reconocimiento y prestigio mundial, y se convirtió en una verdadera promesa de la literatura latinoamericana. También, le abrió otras puertas internacionales con Lecturas para mujeres , editado en México en 1923. Al año siguiente, en España, se publicó Ternura.

Su labor docente y pedagógica en México fue fecunda: recorrió gran parte del país procurando que las clases populares, en especial el campesinado  y las comunidades indígenas, pudieran ser integradas a la sociedad mexicana por medio de la educación.

Fue también en México donde Mistral instrumentó las escuelas al aire libre, método en el que ya había trabajado en Chile. Iba a lugares bien apartados de la sociedad y decía “lleven los niños tal día y tal hora” y dictaba clases como lo haría en cualquier escuela tradicional.  En el texto Magisterio y niño expuso: “Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra”.

Ya en el artículo “Ventajoso canje”, de 1910, exhortaba a la instauración de una Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Impulsó las vacaciones de invierno escolares, bregó por las escuelas para todas las clases sociales y se opuso a los bajos salarios docentes.

Mistral estaba interesada en las maneras de aprender a leer, la calidad de los materiales educativos y el papel de las bibliotecas. Defendió la necesidad de una vida docente que no se limitara simplemente a la instrucción de conocimientos en las aulas.

Qué cambios generó

Mistral abogó por el surgimiento de la Escuela Nueva. Se trató de una corriente surgida a comienzos del siglo XX, contrapuesta a las directrices de la escuela tradicional. El objetivo es que toda la infancia pudiera acceder a la educación, con los adultos tratando de garantizar su asistencia.

Investigaciones académicas señalan que en la concepción pedagógica mistraliana pueden rastrearse las influencias de Jean Jacques Rousseau y de Domingo Faustino Sarmiento, además de otros pedagogos.

A finales de la década de 1930, círculos literarios de distintos países comenzaron a promover a Mistral para el Premio Nobel de Literatura. En 1945 la Academia Sueca la honró finalmente con ese galardón.

Años más tarde, en 1951, en Chile se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, en valoración a obras como Tala y Lagar. Murió en enero de 1957, en Nueva York. Su voz, sin embargo, todavía puede escucharse en sus poemas, cancioneros y prosas, recitados en las aulas donde también predicó la educación como un arte.